domingo, 5 de junio de 2022

A un voto de distancia

 


Arnulfo está dejando morir las flores que Margarita cuidó tan bien, pero, qué puede esperarse de alguien acostumbrado a velar únicamente por sus propios intereses, siguiendo los pasos de esas ideologías en las que se quedó enfrascado. Ahora que vienen las votaciones, se le ha dado por ocultar su preferencia, preciso a estas horas del partido. Acá en mi casa pusimos el cartel de nuestro candidato, que tiene todo para ganar al final y ser el escogido para dirigir en los próximos cuatro años. Eso debe ser que este año si entró en razón y ha entendido a quien hay que apoyar. Solo que no pone ningún tipo de propaganda para seguir llevándonos la contraria a los que tenemos la razón.

Ya era hora que entendiera, que se equivocó al elegir ese camino que optó por seguir desde hace doce años, al dejarse llevar por su terco temperamento, y los malos consejos de toda esa gentuza con la que anda. Si las cosas no hubieran sido de esa manera, seguro que hubiera podido estar a su lado el día del entierro de Margarita. Tengo que reconocer que ese ha sido el día en el que más he extrañado esa grandiosa época en que éramos más que vecinos. Ese corazón que espero la política no haya cambiado mucho, debió haber pasado por momentos muy duros en esos días. Sin que ninguno en su familia se enterara, yo le he pagado varias misas a la memoria de la querida Margarita, con ella continué cruzando palabras, una que otra vez cuando nos encontramos por la calle. Hasta estuve por ir a encararlo y pedirle que se retractara de todo lo que me dijo el día en el que decidió inclinarse por el candidato de la oposición, para saber que a pesar de que ganaron en esa ocasión, nada cambio la mala administración hecha por ese tipo por el que Arnulfo votó, fue la peor de las últimas tres décadas. El siguiente mandato fue el del desquite. Tengo que admitir que la cosa no mejoró mucho con nuestro candidato, ese fue otro que dejó mucho que desear. Yo sé que Arnulfo no me va a reconocer que se equivocó, y no puede esperar que de mi parte haga lo mismo. Nosotros con el voto lo único que hacemos es poner al siguiente sujeto arriba. De cagarla se encargan ellos solos, y uno es el que queda mal con quienes se ha encargado de convencer para que den su voto, por el candidato de turno en el partido.

He notado que este año no ha puesto los debates por la radio, para incomodarnos, debe ser que se dio de cuenta que la cosa ya estaba perdida desde el comienzo. Este año tienen un candidato que se ha quedado de lejos en las encuestas, lo que ya viene dándonos la delantera. Me gustaría ver su cara el día de las votaciones finales. Este año si que me gustaría, quedarme con su imagen de derrota por última vez, ya que decidimos radicarnos con Rosalba, debido a la salud de ella, en nuestra casa de Vergara. Cuando pueda regresar de paso, le echaré una mirada por la ventana, si se deja ver. me imagino que el bajonazo por la derrota le durará varios días.

Instalarnos nos ha tomado toda una semana, cada día hacemos las cosas con más lentitud, en especial mi Rosa, está más quedada día por día. Por mi parte no ha sido fácil adecuarme del todo al cambio. Venir por temporadas a la casa siempre fue agradable. Pero entender y acoplarme a vivir todo el tiempo en este lugar es realmente un esfuerzo que estoy haciendo, si Rosalba se pudiera quedar sola como antes, ya me habría regresado. Bogotá me hace falta, todo ha sido por ella. Cuando terminaron las votaciones, ya llevábamos un mes de estar viviendo en este clima cálido que le ha sentado muy bien a ella. Yo no he tenido problema me he aclimatado siempre fácil cuando me ha tocado, aunque después de la dolorosa noticia ya nada volvió a ser igual. Justo el día de las votaciones, regresé a Bogotá para ir al punto de votación. Todo iba transcurriendo normal, en la mitad del conteo de votos ya éramos ganadores, en el momento en el que me iba enterando de la situación, la llamada de mi nieta Lorena me sorprendió. Ella se encontraba con la familia de Arnulfo. Ese día me tuve que enterar de dos asuntos que me pusieron los pies en la tierra como nunca me había pasado. Lorena llevaba ennoviada con Camilo el nieto de Arnulfo, llevaban casi año y medio. En la casa no me habían dicho nada por temor a que les armara un escándalo. Ya se me había hecho raro que no hubiese pasado antes con otro de nuestros familiares. No había terminado de digerir la noticia, estaba por preguntar si Arnulfo estaba enterado, ese hubiera sido un buen motivo para que por fin bajara la guardia y de pronto nos volviéramos a hablar. Eso a él también le debe estar haciendo mucha falta, y más después de llevar dos años de viudo. La voz de mi nieta me regresó de mis cavilaciones, para soltarme la otra noticia que me aplastó el corazón. Esa mañana Arnulfo había fallecido. Una silenciosa pero voraz leucemia se lo llevó en tres meses. De inmediato me fui en busca de mi nieta, ella me dijo que tenía que mostrarme algo, que tenía que ver con mi antiguo amigo y vecino de media vida.

Nos encontramos justo en el hospital en el que lo habían internado desde hacía una semana. Lo que nuestros nietos me tenían era una carta, escrita por Mónica la hija menor de Arnulfo, sentada a su lado escribió lo que él fue dictando,  la despedida de su amigo que no había olvidado a pesar de las absurdas consecuencias de nuestra separación, la carta decía:

Siempre recordado Vicente,

Por medio de las manos de mi hija te escribo, quiero agradecerte por la amistad que me diste, y de paso te pido me perdones las palabras que te dije el día que discutimos a causa de nuestras diferencias en el tonto favoritismo político. Reconozco que a los dos se nos fue la mano con los insultos. En este momento me hubiera gustado tenerte de frente para que tuviéramos una última charla, quizá una discusión sin tener que llegar a palabras mayores. Yo habría descansado al reconocer mi equivocación, pero más que nada reconocer el enorme error de haberme alejado en un amigo tan sincero, temperamental pero entregado a quienes ha sabido amar. Espero tus sentimientos hacía mí cambien y así poder ir en paz al lado de mi Margarita. Yo me voy recordando todos los momentos que desde el colegio compartimos juntos.

Por último, te cuento un secreto. La única vez que voté por un candidato diferente al de tu preferencia fue esa. Lo hice con rabia, sin criterio, pensando en cada momento en las duras palabras que nos dijimos. En los años siguientes, al darme cuenta por cual ibas a votar, le hice fuerza al oponente de tu preferencia solo por llevarte la contraria y que pensaras que definitivamente yo pensaba de manera diferente a la tuya, pero el día de poner la equis, lo hice por el que tú estabas apoyando. Sin mas por decirte, te cuento que por mi parte te perdoné al poco tiempo. Estuve por buscarte, pero no quise enfrentarme a tu orgullo e indiferencia. Me bastaba con espiarte desde la ventana del segundo piso de mi casa, cuando te veía pasar por el frente, mientras escuchaba las bromas de mi Margarita que me decía que parecíamos exnovios negándonos el amor.

PD, te vi escondido en la iglesia en la misa del entierro de mi Margarita, sabía que no ibas a faltarle, gracias.

Me despido recordando nuestra amistad cariñosamente,

Arnulfo Suaza

La débil firma suya tenía esa letra que recordaba, se notaba que había sido hecha con mucho esfuerzo, quizás esa era la última vez que había escrito su nombre. Hice tres pausas al leerla, un llanto de adolescente me agobió. Al terminarla le pedí a los hijos de mi amigo que me permitieran verlo en la morgue, para poder agrácele, antes de que se lo llevaran los funcionarios de la funeraria. Lo pude hacer, me encontré un cuerpo arrasado por los años. Me transmitió su paz, con dolor le respondí la carta hablándole a su cuerpo sin vida, al tiempo que estrechaba su mano que por una extraña razón no sentí fría, estaba tibia después de varias horas, quizá esa fue manera de esperarme para despedirnos. La sujeté con fuerza y cariño, recordando los viejos tiempos y con el dolor por todas las cosas perdidas a causa de idealismos de otros que no nos llevan a nada y sí nos defraudaron continuamente, más rápido de lo que uno logra entender. Hice un par de oraciones por la memoria de Arnulfo y luego me fui a iniciar mi duelo fraternal en la capilla del Hospital. Odiando mi terquedad por alejarme de la amistad verdadera, fui un completo huevón. Enemistado por la equis en un tarjetón, toda nuestra amistad se quebró a causa de esas diferencias frente a dos candidatos que hoy están y mañana se van. Y lo nuestro llegó al odio, cuando fue muy cierto entender que los de la foto en los tarjetones jamás se enteraron de nuestra existencia.

sábado, 16 de abril de 2022

Amelia y su Jesús






 

Ella contaba como fue que vio venir el amor al reconocer en ese hombre las facciones del cristo anclado sobre el altar, un hombre hermoso y piadoso como lo había pedido, lo reconoció entendiendo el designio. Él por su parte había llegado a ese lugar casi obligado a terminar el trabajo de las dos antenas repetidoras que habían sido dejadas a medias. Sus vidas a partir de ese momento estarían llenas de un sinnúmero de coincidencias. Jesús estaba descendiendo de la torre en la que se había trepado para corregir la conexión fallida, ella iba con su hermano menor de vuelta para su casa. Se detuvo a descansar, aún les faltaba camino. En la mente de ella estaban presente las labores que le habían encomendado en su casa, tenía dieciocho años, Jesús veintidós. Por su parte Amelia contaba con dos pretendientes, vecinos de su pueblo. Jesús acababa de terminar la relación de cuatro años con una excompañera de estudio. Ninguno de los dos estaba en busca de un nuevo amor. Ella en su convicción religiosa, trabajaba de voluntaria en la iglesia y no había descartado la idea de entregársele de lleno a la vida espiritual y como lo contaría innumerables veces: Ese día mientras se tomaba un descanso, vio descender a su Jesús terrenal, con su barba y su indumentaria de obrero. Los ojos de ambos se encontraron en un firmamento paralelo. Por su parte él sintió que algo en la base de la torre lo atraía, sintió que estaba siendo llamado por una voz reconocida, no había terminado de soltarse los amarres que lo sujetaban a la estructura, cuando sintió que estaba siendo recibido por los brazos de ella en una conexión onírica. Jesús había estado soñando con ese encuentro, se veía continuamente que bajaba de algún lugar, directo al regazo de una figura femenina con el cabello recogido y la cara despejada, con la expresión alegre y expectante como la que en sus sueños el también tenía. Así se reconocieron. Amelia quedó impactada por ese rostro, más joven que el del cristo del altar, con la barba definida exactamente igual a la del hombre de yeso, la mirada naciente desde ese par de ojos claros, inmaculados y serenos. Ella también sintió que lo estaba recibiendo renacido del dolor mientras era zafado de los clavos de una cruz.

 

Ese día hablaron como dos amigos que se acaban de reencontrar, a sabiendas de que lo suyo no se iba a quedar en la mera amistad. Jesús le hizo entender que quería conocer mejor esas tierras y ella se ofreció a servirle de guía. Comieron y bebieron de lo que el llevaba, hablaron mas de la cuenta, para ser dos personas que se acababan de conocer. Quedaron de encontrarse en la misa de siete del día siguiente, un sábado de febrero. Ella tenía la firme intención de presentarlo ante Dios y pedirle su aprobación, aunque sabía que sobraban los motivos porque su corazón ya se había decidido. Jesús había quedado de devolverse para Bogotá apenas terminara el trabajo, por suerte para los dos pudo demorar su labor hasta el siguiente miércoles, lo que prolongo para la dicha mutua las salidas, las visitas y los paseos de charlas extensas. El día de la despedida temporal, él le dejó sus teléfonos y abonado el dinero en la oficina de Telecom para que lo llamara cada vez que lo considerara necesario. Cuatro meses de ir y volver, les llevó concretar completar la unión por la que son reconocidos. – Cuando en este pueblo de habla de amor, a este par de tortolos es a quien hacen referencias las bocas -

 

Amor vigente, constante e inmutable. Placenteramente contagioso para quienes tuvieron el gusto de compartir algún instante con ellos. Es por eso por lo que en el pueblo todo aquel que quiere destacar las virtudes del amor acostumbra a poner de ejemplo a Amelita y su Jesús, empezando por el cura en su sermón.  

 

– Amelita no me compares con nuestro señor, eso es pecado. Yo solo cuento con la gracia de llevar su nombre – le dijo una vez él ante la insistencia de ella de compararlos físicamente.

 

Aunque su vida de casados transcurrió en su mayoría en su casa de Bogotá, donde sus cinco hijos crecieron, hasta que la vida se los llevó a migrar buscando lo suyo cada uno. Luego la llegada de los doce nietos con los primeros cuatro bisnietos. Para esa época de los bisnietos, ya se habían regresado al pueblo, para radicarse y continuar con el giro de la vida que los dejaba igual a como salieron la primera vez solos, después de la boda frente al altar que tantas promesas y peticiones le cumplió a ella, desde niña hasta su ultimo embarazo, que la sorprendió un martes de pentecostés orando fervorosamente al tiempo que rompía fuente. De nuevo en su tierra, continuaron con la fuerza de esos novios jóvenes que se esperaban carta en mano para contarse, las vivencias en la ausencia del otro. Las cartas acostumbraban a leerlas uno frente al otro, reviviendo el momento en el que apartados la escribieron, allá en la intimidad de sus habitaciones, una en Bogotá la otra acá en el pueblo. Los tórtolos andaban de la mano para donde quieran que fueran, cenaban en los restaurantes, se daban regalos sorpresas y serenatas. En las fiestas bailaban como adolescentes. Su pasión y contemplación permanecieron intactas. Su iglesia, la favorita, la de los bautizos, las bodas de sus hijos y la de los dolorosos sepelios. Los recibió un mes antes de su ultimo beso, para celebrar lo que serían sus bodas de oro, homenajeados a cargo de la administración del pueblo vigente en ese momento.

 

Por las tardes y algunas mañanas caminaban por el pueblo, tomados de la mano. Muchas veces se les vio sentados recibiendo el nacimiento y las puestas del tibio sol característico de este lugar, sentados de la misma manera sosegados como para una foto. De la misma manera como la que serían encontrados esa mañana de julio al fondo, justo al final de la senda formada por los árboles, sus figuras permanecían inmóviles, sentados, recibiendo el dulce calor de la mañana que le daba forma a lo único en ellos que se conservaba con vida, su sombra. Enmarcando lo que un desprevenido poeta supo plasmar al verlos, así juntos fundidos en un abrazo. El poema que se puede leer labrado en el monumento:

 

Esta mañana,

 

El chocolate del desayuno

en todos hogares se avinagró.

La misa de siete

Su ausencia declaró presente,

 

 

El cristo del altar

soltó lágrimas de felicidad.

Ese hombre de yeso

recibió a bien el suceso.

 

A los embajadores del amor

el idilio los embarcó.

Testificando firmó el alba

en una sombra la mañana.

 

Amelia murió al lado

del hombre que santificó,

lo hizo padre y abuelo

mientras él día a día la enamoró.

 

Espiritual fue el último vuelo

de nuestros amantes por su pueblo.


La procesión que acompañó los cuerpos tuvo un gesto que se les dio a todos sin acuerdo alguno. Todos iban tomados de la mano, con fervor, con amor, y a la manera de nuestros padres indígenas los cuerpos fueron acomodados en un solo ataúd por petición de los amantes: - Juntos el cuerpo y el alma en la tumba como en la cama -. Para recordarlos in memoriam el parque conserva un romántico monumento con dos aves tórtolas fundidas en un beso eterno.

 

“CON AMOR RECORDAMOS A AMELIA Y JESUS QUE FALLECIERON SENTADOS UNO JUNTO AL OTRO EN ESTE PRECISO LUGAR”.

viernes, 11 de diciembre de 2020

Ciudad Muerta ( Parte 2 - final)

 


Job y Mark resultaron tener un conocido en común, lo que hizo que el hombre nos tratara con mayor confianza. Por esa razón nos invitó a que descansáramos en la casa desde la que se suplía con el agua. La tenía adecuada con corriente, era enorme, la mantenía cerrada con candados ocultos, puertas y ventanas aseguradas con unas rejas gruesas, para con la misma corriente que producía mantenerlas electrificadas, de esa manera evitaba los saqueos, debido a que la descarga era mortal. Podíamos quedarnos por varios días si lo hubiésemos querido, pero como ese no era nuestro plan, aunque la oferta sonó bastante tentadora. Aceptamos porque necesitábamos retomar fuerzas y un descanso que superara las cuatro horas de sueño al que la mayoría estábamos acostumbrados a tomar, sin la zozobra de tener que permanecer alerta y con los relevos de la vigilancia. Pudimos darnos un baño decente. Comer con calma y preparar una sopa con suficientes ingredientes, que nos supo a gloria, incluso de su reserva Job nos compartió café y un aguardiente que el mismo sabía preparar. Nos quedamos por dos días. Negociamos una de las gallinas y una pareja de palomas de la raza de las mensajeras que llevaba Colt, a cambio de uno de los gallos que el señor conservaba y no había sacrificado porque sabía que llegaría la hembra para poder sacarle cría y disfrutar algún día de las delicias que se podían aprovechar con su carne.

Al despedirnos, nos dio las indicaciones con respecto al lugar que realmente estábamos buscando. Su hijo Malcom lo había encontrado, considerando que era el lugar adecuado para instalarse y dejar esa zona de clima helado cuando su padre a fin lo decidiera. Al despedirnos padre e hijo nos regalaron un reproductor de música que Perci llenó incluso con las canciones del CD de Cora. Recargó dos de las baterías de carro que llevábamos. Las demás se las dejamos porque nos dio un panel con el que podíamos recargar linternas y todos los dispositivos que hasta ese momento habían permanecido inútiles, por último nos dejaron un Walkie Talkie para que nos pudiéramos comunicar con ellos o con Malcom si llegábamos a estar cerca de él. Según los cálculos de Mark, el viaje hasta ese lugar nuevo nos tomaría dos días y medio. Iniciamos el viaje con la esperanza recompuesta y el cuerpo descansado.

Durante el camino recolectamos cuanta cosa nos parecía útil para el asentamiento, avanzamos  a buen ritmo. Habiendo salido de la cuidad la cosa se mostraba gentil, tuvimos muchas horas para hacer actividades que el agobio no nos había dejado. Leímos, gozamos de la música y los resultados de la caza nos dejó especies que le dieron otra vida a las comidas. El café que nos fue regalado lo tomábamos ceremonialmente y rematábamos con la buena reserva de aguardiente, lo único que nos hacía falta a los solteros era una pareja para el regocijo y los ejercicios sexuales. Al llegar al punto en el que nos faltaba un día para llegar, ocurrió el suceso que fragmentó el grupo. Nos encontrábamos descendiendo la ladera de una montaña. Cuando fuimos advertidos por los que iban a la parte delantera para que buscáramos escondite. Adelante por el cruce que llevaba a un valle, se veía venir una cantidad de gente que nos superaba por más del doble. Colt, Mark y los demás hombres vigilamos la situación. Se trataba de la tropa, sobre de la cual nos habían prevenido Job y sus hijos, gracias a los informes que días antes de desconectarse les había hecho Malcom. Esa gente tiene por ley, una dictadura rastrera y demoledora como una plaga. Roban y acaban todo a su paso. Nuestra acción debía ser la de evitarlos, una batalla con todas las de perder se avecinaba. Todo estaba sujeto a tomar la mejor decisión. Huir era lo más sano. Debíamos dividirnos en ese punto, decidir quiénes serían los voluntarios que se encargarían de llamar la atención para obligar a esa gente a desviar de camino. De nuestros mejores peleadores seis se ofrecieron, querían ir mas pero no podían dejar al resto desprotegidos, dos de ellos eran los mejores con las caucheras y el excéntrico Drew, quién además era el mejor cazando. Sacó de su reserva su arma secreta de la cual nadie tenía conocimiento y que él había tenido escondida solo para usar en el momento adecuado. Se trataba de las dos únicas armas existentes entre el clan, una automática con tres cartuchos y diez tacos de dinamita. Con el asombro y el dolor de todos, los seis nos dejaron para ubicarse en el punto más alto, donde se encontraba el descenso al valle y al cual la tropa estaba por llegar. Escondimos todo entre los arbustos y los siguientes peleadores nos ubicamos estratégicamente escogiendo la copa de los árboles, para poder ver el ataque de los seis, que iba a ser a muerte. Asustados como nunca, nos instalamos con caucheras y maleras llenas de piedras como únicas armas de largo alcance. Era el medio día, lamentamos que eso no hubiera sucedido en la noche, quizá así no hubiésemos tenido que darles frente escabulléndonos o dando la vuelta para evitarlos por otro camino. El destino nos tomó de frente como había sabido hacerlo desde que nos tocó vivir esta situación. Seguramente en otros lugares la cosa debía de ser pacífica.

Media hora después de estar listos pude ver a los seis preparando todo para empezar la arremetida. Sin preámbulos el primer taco de dinamita encendido surcó el aire tibio del lugar para destrozar la tropa justo en la mitad. Me dolió ver que no eran solo hombres los que marchaban. Quise pensar que por la cabeza de Drew paso un pensamiento igual al mío, pero sabiendo lo que esa gente venía haciendo, no había otra opción. Tres tacos más fueron lanzados estratégicamente. Lo que no les dio tiempo de recuperarse. Dos incendios se propagaron escandalosamente, los estallidos coincidieron con dos tanques de algún combustible, la mortandad fue fatal. Del montón unos hombres con perros emprendieron camino en busca de los seis, no llegaron muy lejos, el quinto cartucho cayó arriba de ellos provocando un derrumbe de piedras y tierra que los sepultó. Drew y los demás emprendieron la huida. Con el tiempo y la distracción puestas a favor reanudamos camino, el sol había caído lo suficiente llamando así la noche.

Cuando estábamos a pocas horas de llegar al destino. Nos encontramos con un hombre joven, quien iba acompañado de una mujer, una joven de mi generación y una pareja de niños. Nos saludaron pacíficamente, se reunieron con Mark y Colt. Hablaron y al enterarse que nuestro destino era el mismo pidieron unírsenos. Fueron integrándose, eran los únicos que habíamos aceptado en todo el camino de toda la gente que nos cruzamos, por nuestro cuidado habíamos decidido no aceptar personas nuevas hasta no estar instalados y entablar las reglas acordes. Ellos también andaban prevenidos como familia, aunque todos dudamos que lo fueran en verdad. Hablábamos con tacto, solo hasta que uno de nosotros notó que el hombre llevaba un radio igual al que Job nos había dado y precisamente cuando el hombre nos indagaba por como habíamos optenido el panel solar, hacía muchas preguntas. Tuvimos miedo de que fueran sobrevivientes de la tropa, y que el radio que llevaban lo habían robado a su dueño. Para suerte de todos resultó tratarse del mismísimo Malcom, lo supimos apenas nombramos a Job. Malcom nos contó que llevaba días sin poder entablar comunicación con su papá, debido a que se había topado de frente con la tropa y había sido tomado rehén, le habían quitado todas sus pertenencias, dejándolo incomunicado y sin poder dar aviso a su hermano. Pensando que no podría llegar a escapar trabajó en disuadir a sus cuidadores, sin lograr conseguirlo, se resignó. Hasta que la mujer que iba con él, usó su influencia sobre otros que se encontraban en las mismas condiciones, decidieron ayudarlo a escapar para que con su radio pudiera prevenir a quienes en adelante llegarían a encontrarse a la despiadada tropa. Macolm llevaba el mismo destino que nosotros para allí poder volver a comunicarse y retransmitir, salvando a otros como nos había ocurrido gracias a sus informes dados a su padre. Allí, en ese lugar al que íbamos, había dejado un panel con el que volvería a conectar la radio. Le urgía hablar con su padre. Con el nuestro pudo hacerlo y advertir sobre la llegada de la tropa para que estuvieran prevenidos. No habíamos alcanzado a contarle lo sucedido en nuestro encuentro con la tropa, apenas los pusimos al tanto, todos ellos celebraron. Las mujeres con lágrimas en sus ojos, porque habían sido abusadas por miembros de esa gente durante su secuestro también.

Al fin llegamos al lugar, la ayuda de Malcom fue crucial, conocía el camino a la perfección. Nos instalamos cerca de un río. Malcom arreglo su panel con las herramientas que llevábamos, volvió a organizar su maleta y apenas estaba recibiendo la despedida, la cual incluyó una celebración, yo aproveché para decirle que me le quería unir. Sentí el despertar de mi alma aventurera y sabía que a su lado iba a aprender muchas cosas que en ese bello lugar no, además sentía que mi servicio para el clan hasta ese momento había terminado. La chica que llegó con Malcom y yo habíamos empezado a entendernos bien. Ella se llama Melissa y tampoco quiso establecerse con el clan. Al día siguiente luego de comer y abastecernos, nos despedimos, en mi caso no fue posible evitar las lágrimas, finalmente todos se habían convertido en esa familia que ni siquiera había estado buscando. Estuvieron por convencerme de que mi lugar era con ellos, pero pudo más mi deseo de ayudar a otros que seguramente la estaban pasando mal, en lugares menos agraciados.

Fue así que el viaje del peregrino de la radio ambulante y sus dos aprendices daba  comienzo a una nueva parte de la historia.

sábado, 5 de diciembre de 2020

Ciudad Muerta (Parte 1)

 







La ciudad ausente de fuego, apremiaba por quienes pudieran fabricarlo. Nosotros teníamos un experto en exorcizar el demonio flameante de cualquier madero.

Nuestros huesos urgían por un poco de calor. Existía el rumor de que la única planta eléctrica que todavía funcionaba estaba cerca. Nadie estaba seguro de su ubicación precisa, en el fondo perseguíamos un mito. Pero las fuentes eran confiables. Cora la mujer de ojos ocultos tras un tatuaje a manera de antifaz  y dos de sus acompañantes amenizaban el camino cantando los etéreos temas de Confort y Música para volar, tenían el CD pero no había como reproducirlo, ese era para mí el afán apremiante, mi cuerpo extrañaba el sonido de la música por encima del frío desgarrador. “Come de mí come de mi carne, tomate el tiempo en desmenuzarme” desafiábamos la inclemencia del clima, cantando. La ropa de todos parecía ser oscura. Sin luz en la penumbra todos los colores se ven iguales. Debido a que la ciudad con sus constantes y densas nubes, tenía el único atractivo en sus bajas temperaturas, encontrarse a otras personas con nuestras intenciones pacíficas era una lotería, la noche le daba a todo el aspecto de un enorme cementerio, en el que los seres intangibles se movían a sus anchas y las edificaciones usaban sus ventanas como ojos para velar nuestra marcha. Si escuchamos algún ruido, nos dirigíamos al lugar en busca de la razón, que casi siempre se trataba de algún animal, y con ello la posibilidad de poder encontrar carne, con la ayuda de Franco, un perro marrón que se había convertido en nuestro guía y amo de los hallazgos fortuitos. Debíamos tener gran cuidado sobre todo al ingresar a las casas viejas, porque el deterioro nos había jugado unas pasadas truculentas en las que hasta Franco había caído y por esa razón llevaba una de sus patas traseras lastimada. Nuestro recorrido se debía hacerse en las noches, debido a que los contados habitantes se resguardaban juntos para compartirse el poco calor. Estaban en agrupados al igual que nosotros , eso había hecho que tuviésemos encuentros con enfrentamientos para no dejarnos robar las cosas útiles que teníamos recolectadas, pocos eran los momentos de poder hacer intercambios amistosos.

Entre nosotros estaba Kurt un pelao de unos dieciséis que tenía un talento especial para contabilizar el tiempo, ya que los pocos relojes que había en el inventario funcionaban con enormes diferencias horarias. Él se encaraba de tenernos al tanto y de advertirnos cada que pasaban dos horas  para detenernos a descansar un poco. Para guiarnos estaba un hombre que superaba los cuarenta, Mark, él se conocía la cuidad tan bien que aprovechaba cada atajo para que ganáramos el tiempo necesario, que le restaba metros alentadores al recorrido. También había sido quien había podido ubicar con precisión donde se encontraba el lugar al que nos dirigíamos, que a punta de señas nos había sido dado. Por esa razón era que nos habíamos embarcado en ese peregrinaje. Esa noche logramos encontrar un lugar adecuado para preparar alimentos usando fuego, de las manos de Yulls, talentoso a la hora de hacerle brotar fuego a la madera friccionando de la manera adecuada, y como lo decía Mark, a la manera de la vieja escuela. De lo único que debíamos cuidarnos era que el destello de la llama no pudiera verse, para eso teníamos una campana metálica que además de ocultar las llamas, funcionaba como un calentador y el humo lo desviábamos mediante un tubo para que no nos delatara acomodándolo a nuestra conveniencia, para que pudiéramos acercarnos lo suficiente a apaciguar el insoportable viento gélido por turnos. Los más vulnerables podían aprovechar para dormir. Mientras el resto trabajábamos en la preparación de la comida de acuerdo a como nos correspondiera el turno. En nuestro clan existía una ley que no podía sabotearse, cada uno debía enseñar a los otros sus conocimientos y destrezas, de tal manera que si esa persona cambiaba de rumbo o le pasaba algo grave, los que mejor le hubieran aprendido lo sucedían. Eso también sería útil si llegado el caso nos tuviéramos que separar, cada uno tendría los conocimientos suficientes para afrontar el peregrinaje solo, o por si el grupo debía reducirse. Además todo lo que pudiera aprenderse, iba a ser un recurso formidable para la segunda parte de nuestro plan, encontrar un lugar, para radicarnos. Un lugar con mejores condiciones ambientales, con tierra para sembrar, agua potable, la poca que quedaba, el lugar en donde armar nuestro propio hogar, para dejar de ser nómadas buscadores y además liberarnos de nuestra carga que aumentaba a medida que nos encontrábamos cosas todavía útiles. Muchas de estas no serían usadas en nuestro recorrido inmediato. Pero de acuerdo a lo planeado serían primordiales para cuando arribáramos. Todos estábamos enterados de cada paso del plan por el bien común, lo cual mantenía nuestras mentes enfocadas en lograr coronar completos.

A la mañana siguiente antes de que amaneciera por completo, habíamos ubicado un lugar en el que nos quedaríamos a descansar, para dormir por turnos y recobrar las fuerzas necesarias, que la noche nos exigía para seguir. Todos nos encontrábamos descansando cuando los vigías dieron la alarma. Estábamos siendo asediados por unos saqueadores que al ver la cantidad que éramos y las cosas que llevábamos, preparaban el ataque para robarnos. El primer paso defensivo que debemos llevar a cabo, apenas se presenta un ataque es empezar a armar el caracol. Este consiste en ubicar el centro de la situación y allí poner a los más vulnerables, junto con las cosas de importantes,  en ese orden ir enroscándonos hasta que en las dos últimas vueltas de la espiral queden los peleadores mejor dotados que le hacen frente directo al rival. Contando con la suerte de que los mejores tiradores de las caucheras estén lo mejor ubicados para que a punta de pedradas den de baja al mayor número atacantes. Lograr que los tiradores  se ubiquen es elemental y nos ha funcionado tanto que el ataque no logra hacer daños importantes. Pero como nuestra estrategia no depende linealmente de nuestro rígido orden, porque de acuerdo a la distribución de las cosas que nos rodeaban varían los flancos desprotegidos y las veces que el enemigo los encuentra o dan con la suerte de topárselos, es por ahí que podemos tener bajas importantes. Así nos ocurrió esa mañana, por dos flancos recibimos ataques que si no hubiera sido por la reacción oportuna uno había sido roto permitiéndoles llegar al centro. En resumen las perdidas jugaron a favor, la suerte además nos favoreció, el grupo de saqueadores fue ínfimo a comparación de nuestros números. Por esa razón pudimos esperar hasta que todos nos alimentáramos. La comida consistió en un caldo hecho con dos enclenques buitres que habían sido  cazados, gracias a la carnada de dos ratas muertas que se les habían dejado. Durante ese corto lapso de tiempo pensé, de nuevo, en mi rabia sobre esa época en la que me había tocado vivir. Ese ambiente hostil constante en el que debíamos estar alerta de todo y cada persona ajena al clan significaba un enemigo potencial. Me hubiera gustado haber vivido en aquella en la que la gente tenía otro tipo de experiencias, existían familias completas y se compartían otras cosas que nada tenían que ver con lo que a diario nos enfrentábamos. Odiaba además a todos los que provocaron el colapso de la sociedad y sus recursos, definitivamente no pensaron en el futuro, por lo menos eso decía constantemente el viejo Colt quien nos contaba historias de esos tiempos en especial, él pudo vivir esa última epata de la sociedad decadente, lloraba recordándolo. Por mi parte me hubiese gustado vivirlo y haberme quedado allí, sus historias eran fantásticas y fantaseaba siendo el protagonista de muchas de ellas. Las dos últimas peleas dejaron por nuestro lado muerto a Chess el cuentero que con sus narraciones inventadas amenizaba las pausas, además quedó destrozada la carroza donde llevábamos las tres gallinas que hasta ahora habíamos capturado. Así que la mayoría de las veces que hemos logrado encender el fuego por menos de una hora. Para evitar asedios. Aprovechamos para poder azar los animales cazados y guardar su carne tostada, que en el camino nos podemos repartir y de esa manera descansar de la que se lleva salada, que es la mayoría ya que la azada es una suerte por el tiempo y el riesgo que nos lleva.

Todos tenían una función definida, yo hacía de todo, pero al final sentía que no encajaba, que mi vida no era esa. Sentía que estaba viviendo un sueño forzado, recurrente, odioso. La única cosa que tenía definida era acompañarlos a todos hasta encontrar el lugar para que los demás se radicaran. No me veía del todo con ellos y mi primera intención era devolverme a buscar a aquellas personas que habíamos marcado para rescatar. Gente sola radicada en ciertos lugares pero que no duraría mucho, también algunas familias con uno que otro niño sano. estas personas merecían ser llevadas a ese lugar para que no afrontaran la desdicha solos.

El día se pasó muy rápido. Cuando todavía no estábamos preparados para reiniciar la marcha. Mark nos reunió a todos. Pidió que comiéramos antes de lo acostumbrado. Había estado revisando la zona detenidamente, sacó los cálculos necesarios y llegó a la conclusión de que si esa noche caminábamos haciendo una parada de una hora apenas, podíamos llegar al lugar en el que debía estar la planta, antes o un poco después del amanecer. Esa noticia nos dio el entusiasmo que necesitábamos para dejar el cansancio de un lado. Por mi parte había podido dormir únicamente hora y media, no podía quejarme, Mark solo había dormitado por veinte minutos. Nos encaminamos a media marcha, no era necesario apresurarse, con los cálculos a ese ritmo el pronóstico de Mark daba tal cual nos lo había dicho. La noche avanzó a grandes pasos, no se presentaron inconvenientes y hasta logramos inspeccionar una fábrica de telas. Nos hacía falta algo así, sobre todo para cubrirnos del frío en los momentos en que el clima nos obligaba a hacer paradas no planeadas. Por su parte la temperatura fue agradable, así lo sentimos casi todos. Pero la verdad yo percibí que la ansiedad por logar llegar al fin, nos envolvía, así que el clima paso a un segundo plano. El cálculo de Mark falló una hora diez minutos luego del amanecer según las cuentas de Kurt. El lugar al que llegamos nos dejó desinflados. La planta eléctrica estaba destrozada completamente, con las torres caídas y un silencio sepulcral. Algunas de las mujeres lloraron desconsoladas. Lo que más nos impactó fue ver la cara de Mark, se notaba vencido y desorientado. Buscamos donde detenernos a recobrar fuerzas, los que más cansados se encontraban se tumbaron en el suelo para dormir, en realidad éramos todos pero alguien tenía que montar guardia. Dejaron la decisión de ese trabajo a quienes nos ofrecimos a cuidar. Mark pidió perdón por lo sucedido, pero nadie se lo reprochó. Finalmente ese era un riesgo posible, así que todos aceptamos entendiendo la mala suerte.

De vigilar nos encargamos diez personas, dominados por la desilusión. Pasada una hora, a nuestro lado llegó Mark. No advertimos cuando se había alejado de todos, al verlo pensamos que se había apartado para dejar salir la rabia y la culpa que él mismo se estaba poniendo a cuestas. Llegó afanado, nos puso en alerta su llegada abrupta, pensamos que se aproximaba un ataque por su expresión afanosa. Pero la sonrisa que le llenaba el rostro, nos tranquilizó justo cuando íbamos a dar la alerta. Había logado encontrar la ubicación de la planta. Estaba oculta. La que teníamos ante nuestros ojos al parecer era una fachada para despistar a los mal intencionados. Logró encontrar una puerta, en el papel que llevaba las indicaciones del lugar, tenía apuntada una dirección con una letra diferente a la suya, no la había revisado antes porque creyó que era un apunte por aparte que ya había estado en el papel desde antes de poner las indicaciones con su puño. Al momento de preparar el ingreso, organizó un grupo pequeño para que le ayudaran a llevar diferentes cosas que usaría para proponer intercambio, cosas que consideraba serían útiles para ser usadas en el lugar. comida, elementos electrónicos, dos baterías, música y una que otra curiosidad. La comitiva estaba formada por cinco personas incluido yo. Mark en el momento de hablar con quién le dio las indicaciones, fue informado de los gustos el hombre que mantenía el lugar, eso consideraba él, era crucial poder ingresar y recargar las baterías que mucho nos podían servir. Entre las cosas que llevamos también habían dos linternas recargables que habíamos estado necesitando con urgencia, una de esas estaba golpeada y algo le sonaba por dentro, la levamos para averiguar si tenía solución o si estaba dañada, guardábamos la esperanza de que no. Antes de dirigirnos a la entrada, Mark pidió que otra persona nos acompañara para que se quedara en la puerta, esperando por si se necesitaba algo más. Con la aprobación de todos él tenía permiso para ofrecer hasta comida de acuerdo a las cosas útiles que encontráramos en ese lugar. La carne seca, una de las gallinas y las legumbres que el viejo Colt con Sheila la pareja de Mark cultivaban en una de las carrozas provistas para ello. Al inicio del recorrido, todos teníamos una carroza propia con nuestras cosas, pero cuando el clan se fue armando y decidimos empezar a hacer el recorrido, con el rumor de la existencia del lugar en el que nos encontrábamos, los más experimentados y los mayores decidieron que solo nos llevaríamos cuatro. Muchas de las que teníamos las usábamos para dormir en las noches, y eran muy útiles. Hechas de madera y partes plásticas de muebles o construcciones abandonadas. Eran nuestros techos ambulantes que durante el recorrido habíamos tenido que cambiar por retazos grandes de carpas y plásticos que enrollábamos a las carrosas para que se pudieran cargar mejor. Desde donde inició el viaje, todos dejamos cosas importantes para hacer más cómodo el recorrido.

El lugar estaba habitado por un hombre de mayor edad que Mark junto con su hijo adolescente, nos recibió en una bodega subterránea, que mantenía y cuidaba con sus propias medidas de seguridad, contaba con un equipo de transmisión radial, el lugar pasaba inadvertido gracias a su hermetismo. El hombre cuenta con un sinnúmero de dispositivos y aparatos eléctricos muy parecidos a los que se encontraban deteriorándose en las casas abandonadas. Todo allí funcionaba. La planta tenía armados en su interior unos molinos que eran los encargados de generar la electricidad para todo lo que necesitaban. Lo más impactante era el techo corredizo que dejaba ver el cielo en muy buena parte, antes de encontrarlo creíamos que lo mejor del lugar eran las cámaras como la que tenía oculta en la entrada por donde ingresamos, por la cual nos identificó, aunque realmente ya nos había visto por la del techo. El techo daba justo sobre la huerta que el señor llamado Job junto con el joven Perci, mantenían cultivada. Propusimos el trueque y contrario a nuestros pensamientos sobre lo que nos iba a pedir. Job quiso saber si llevábamos agua, puesto que la que el logaba reunir venía de un sistema canalizado desde un tubo que llegaba a una casa aledaña, con esta tenía un problema, solo podía usarla para regar sus plantas y de vez en cuando para bañarse. La otra opción que tenía era la que filtraba por el techo decantada por la humedad y las lluvias. Por nuestra parte teníamos la que usábamos para comer cargada en la cantidad de recipientes plásticos que llevaban las carrosas atados alrededor. Debido al clima no podíamos bañarnos continuamente, las mujeres eran la que si aprovechaban cada fuente de agua para asearse cuando se podía, aprovechando los mismos lugares en los que nos deteníamos a abastecernos. El agua nuestra no era transparente como nos contó Colt que debía ser, siempre tenía un color amarillento, pero aun así tenía mejor aspecto que  la del señor Job. Nos contó que tenía otro hijo, el mayor quien los había dejado para dedicarse a explorar. Y cuando regresaba le llevaba semillas y aquellas cosas útiles que no tenía, de a poco habían ido dándole a ese lugar el aspecto y la vida que le permitían vivir cómodamente. Su hijo mayor conocía muchos lugares y personas que se habían instalado, como ellos, donde subsistían supliéndose  y aprovechando los medios que el lugar les daba.  

El hijo mayor de Job se llama Malcom, quién llevaba un transmisor de radio con el que reproducía música y animaba a quien lo escuchaba a conservar las cosas aprovechables en los diferentes lugares que iba pasando. Cuando deja de transmitir, su hermano toma el control desde la planta programando la música del gran repertorio que han logrado reunir. Con Perci estuve hablando y a pesar de que somos de la misma generación tiene el comportamiento de una persona adulta, pero agradable. Él me contó que su hermano lleva una batería de panel solar consigo, mediante la cual les es posible estar constantemente comunicados. Además de un walkie  talkie potente para cuando necesitan hablar directamente.


¿El clan habrá caído en una trampa al llegar a ese lugar tan equipado?

¿Es verdad lo del segundo hijo?

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 https://rudyantoniosilva.blogspot.com/2020/12/ciudad-muerta-parte-2-final.html





sábado, 28 de noviembre de 2020

Espejo Retrovisor






La música tenía el volumen en un punto en el que apenas si podíamos entendernos al hablar. Neida llevaba la ventana abierta lo que hacía que su cabellera luciera alborotada. Cantábamos sin darnos cuenta de la velocidad que llevábamos,  Neida no medía la fuerza de su pie y la aguja subía sin control. El viento que ingresaba refrescaba el hervor que envolvía por completo el interior del carro. En ese momento yo iba a su lado. Por una hora continuamos a ese ritmo, la carretera tenía un tráfico denso pero se movía a buen ritmo. Al llegar a nuestra primera parada, un restaurante, aprovechamos para comer algo, no habíamos desayunado por salir de afán para evitar la aglomeración que se forma en la salida de la cuidad. Durante el trayecto hasta ese lugar todo había transcurrido sin contratiempos, comimos con calma. Al momento de pagar la cuenta ella me dio el dinero para que me acercara a la caja, mientras salió a fumarse un cigarrillo. En ese momento recibió una llamada. Durante la conversación su semblante cambio bruscamente. Hablaba con su amigo Carlos quien nos esperaba en nuestro destino, le había estado contando en que parte del camino nos encontrábamos. De cómo la estábamos pasando, se expresaba con gran alegría mientras le describía las cosas, pero, al momento de confesar que había soñado de nuevo con ese suceso incomodo por el que había pasado dos años atrás, su rostro se ensombreció. Sobre ese tema yo tenía un leve conocimiento. Se trababa del asedio que había sufrido por parte de un tipo que tenía vínculos sospechosos con el bajo mundo. El tipo la había estado pretendiendo y había llegado a seguirla a muchas partes. Ella tuvo que cambiar su residencia y su número telefónico, porque la intención del tipo pasó del cortejo al acoso. Pude notar que Carlos le dijo cosas agradables para sacarla de los pensamientos que la estaban agobiando, sonrío y terminó la llamada. Me uní a la causa y le empecé a hablar de la ropa que quería comprarme para asistir al matrimonio de mi primo Braulio, para el que faltaban todavía dos meses. Entre Neida y yo había una diferencia en edad de diez años. Ella tenía veintitrés. A pesar de ello nuestros gustos encajaban muy bien. Así que cuando alguna de las dos pasaba por un mal momento, la otra sabía bien por donde llevar la conversación o qué tipo de comida era perfecta para levantar el ánimo. Lo único malo de mi parte era que en los viajes que tomaban más de una hora, yo como acompañante siempre fui pésima. Debido a que la noche anterior nos habíamos ido a dormir muy tarde. Luego de haber desayunado no pude mantenerme por mucho tiempo con la misma energía de la madrugada. abandoné a mi piloto cuando apenas iban a ser las diez.

Cuando desperté de nuevo el carro se había detenido. Los vidrios de la parte delantera se estaban completamente abajo, la música apagada. Noté que me encontraba sola, un espasmo helado heló mi brazo derecho, alrededor una espesa vegetación le daba un tono sombrío a todo. El motor se encontraba en marcha, noté para mi desdicha que la puerta del conductor se encontraba abierta. Al dormirme estaba en la silla del copiloto, pero en ese instante en el que volvía a la realidad me encontraba en la silla de atrás. Neida no estaba, un viento caliente entro con violencia desordenado mi cabello mientas me iba levantando, lanzándolo sobre mi cara. Llamé a Neida dos veces, sin notar ningún cambio en los pocos sonidos que podían percibirse. Salí sin hacer mayor ruido, el carro había sido dejado en lo que parecía ser una entrada, debajo de un inmenso árbol que cortaba por completo la entrada de la luz. Eso me hizo pensar que había dormido demasiado y que ya estaba entrando el atardecer. Abrí la puerta del costado derecho descendí, aturdida y somnolienta todavía. Sin haberme alejado empecé a escuchar agua correr. La vegetación dejaba ver un sendero a muy poca distancia, en un transito imperceptible, quedé como si acabara de salir de un escondite. Ante mis ojos se desplegó un paisaje que parecía el truco de un ilusionista, un verde primaveral lució ante mis ojos. Un valle que se desbordaba desde un par de montañas, una a cada lado, lucia como una revelación. Absorta ante lo que me estaba encontrando, por un instante olvidé la situación en la que me encontraba, la somnolencia se evaporó por efecto del aire que refrescaba el lugar. Del trance me sacó la voz tenue de Neida que me llamaba, en un tono apenas perceptible.  

- Evelin date la vuelta sin hacer mucho ruido - Susurró

Como si estuviese pisando cascaras de huevo hice el giro, al tiempo que mis ojos trataban de encontrar donde se encontraba mi amiga. Apenas pude ver su cara que sobresalía de unos pequeños arbustos, me detuve y me le fui acercando siguiendo la señal que me hacía de caminar lo más lento posible. Apenas estuve a su lado quise preguntarle de que se trataba la cosa. Ella sin volver a pronunciar palabra, estiró su brazo izquierdo para con su dedo índice mostrarme aquello que la obligó a mantenerse agazapada como un predador al acecho. El espectáculo del paisaje lo cerraba lo que parecía ser un venado de un naranja casi brillante que pastaba a pocos metros de la orilla del riachuelo que atravesaba el lugar. Neida volvió a hablar para empezar a ponerme al tanto de lo sucedido. – Te perdiste de un suceso deslumbrante. Luego de detenerme para acomodarte en la silla de atrás. Para que tu figura de espagueti recién preparado no se deslizara por la silla dejándote como un bulto mal acomodado. Continué el camino que los policías de carretera me indicaron, debido a que la autopista principal está cerrada por un choque. Seguí a los demás carros para no perder el sendero que nos sacaría  adelante del percance. Todo iba bien hasta que un grupo de venados salidos de la nada me obligó a desviar. Cuando estaba haciendo el giro para retornar, se apareció ese exótico ejemplar que estas viendo, y que tal como si hubiese sido puesto para mí. Hizo que me dedicara a seguirlo maravillada. Neida no recordaba cómo había quedado en esa posición incómoda en la que se encontraba admirando al majestuoso animal, ni tampoco era consiente que había dejado el carro con el motor en marcha y a mí dormida en la silla trasera.

De regreso al camino. La música regresó y de esa manera nos encontramos repitiendo el ritual de la mañana. Cantábamos de nuevo, en ese momento lo que ocurría era que el sol se encontraba en contraposición y el día se aproximaba a su fin, mientras a nuestro viaje le quedaba una hora más de carretera. Haber dormido en la mañana me sirvió para no volver a dejarla sola al volante, a medida que avanzábamos pude presté gran atención a camino mientras pensaba en temas para tratar con ella, ayudándola a mantenerse lucida, sobre todo apenas salimos del lugar en el que nos detuvimos a almorzar. Normalmente a los carros que van por nuestro camino no les presto mucha atención, sin decir que no me sé ninguna marca en específico que me ayude a diferenciar uno de otro. Pero eso no evitó que me percatara de uno en especial con el que habíamos coincidido en el lugar del almuerzo, el cual para ese momento, además, llevaba más de media hora siguiéndonos. Algunas veces de cerca y por momentos parecía desaparecer, pero pude entender que dejaba que otros lo adelantaran para desaparecer del espejo. No quise decirle a Neida sobre el asunto, porque consideré que como muchos, simplemente seguía su ruta que coincidía con la nuestra. Un hecho que me empezó a inquietar fue que no aprovechó los espacios que tuvo para adelantarnos, como los demás que no tardaban en hacerlo. Neida no iba a la misma velocidad de la mañana. Se notaba cansada. Continué atenta sin dejar afectarme. Tenía la certeza de que en el momento menos pensado se perdería y no dejaría de ser sino una sospecha. Solo hasta que en nuestra última parada para comprar vivieres donde acostumbraba a hacerlo Neida en esa ruta.  Pude darme cuenta que ese carro retomaba el camino al tiempo que nosotras al reanudar la marcha. Noté que se había estacionado unos metros adelante y solo hasta que nos movimos esté dejó pasar un  carro e inició la marcha. Preocupada le hablé de mi sospecha a Neida, tratando de no alarmarla. 

– ¿Oye son muchos los viajeros que llegan a ese lugar para el que vamos? – le dije al tiempo que volteaba a mirarla. 

– Eso depende de la época ¿Por qué preguntas? – Respondió. 

– Solo por saber -

Entonces se me ocurrió proponer que hiciéramos otra parada, para descartar definitivamente que ese carro si nos estaba persiguiendo. Le argumenté que había empezado a sentir una sed incontrolable, mientras escondía bajo la silla el agua que llevaba para hidratarme. Ella no lo pensó, y apenas encontramos donde se detuvo rápidamente, como si fuera una urgencia buscar la bebida. El carro sospechoso continuó su marcha alejándose por completo. Lo cual me tranquilizó.

Al volver a la vía, continuamos por un buen rato, sin ninguna novedad. No bajé la guardia, me quedé atenta del espejo. Y unos cortos minutos más adelante, note que el carro regresó, acercándose demasiado. Entonces decidí advertirle a Neida sobre el comportamiento extraño que había descubierto. 

– Oye al parecer ese carro que tenemos atrás, lleva la misma ruta nuestra. Hace rato que lo vengo detallando y he notado que no nos rebaza, a pesar de las paradas que hemos hecho -  

- Tienes toda la razón, estaba creyendo que era una suposición mía y por eso no le había dado importancia. Ya me ha pasado antes que me dejo alarmar por aquellos que casualmente van para el mismo lado – me dijo mientras miraba los espejos continuamente. 

– Lo raro es que ha hecho las dos últimas paradas al mismo tiempo que nosotras, ¿Qué piensas? – 

- El color es el que no me convence. No se parece a ninguno que conozca, ¿De qué color es? – 

- Hasta donde pude notar es gris oscuro -

En ese momento, como si nos hubiese estado escuchando, buscó la forma de adelantarnos. Apenas pasó por nuestro lado pudimos notar que las ventanas del lado nuestro iban cubiertas por lo que parecía ser una tela. Se alejó hasta que lo perdimos de vista gracias a que su motor era mucho más potente. Nos miramos mutuamente y dimos un respiro de tranquilidad. Pasados diez minutos exactos, Neida tomó por una vía que se reducía a un solo carril. Continuó a media marcha, había empezado a oscurecer. A pocos metros de ese camino nuevo tuvo que pisar con rudeza el freno. De la nada fuimos recibidas por el destello de unas luces en pleno que otro carro encendió de repente, al instante se escuchó el ruido intenso del motor al ponerse en marcha. Neida puso la reversa y avanzo de inmediato. Maniobró así por unos metros, hasta que encontramos otro carro apunto de golpearnos, ella giró a la derecha. En la primera entrada que logró ver. El otro pasó derecho. Yo sentía retumbar mi corazón, mientras quedé agarrando con una mano la manija de la puerta y con la otra el brazo de Neida. Sin tomar aire ella reanudó la marcha haciendo chillar las ruedas. En ese momento pude notar que por su mejilla rodaba una lagrima, recorríamos ese camino sin tregua, recibiendo cada curva con ambas manos sujetas a la dirección, pronto nos encontramos un tramo empinado, que subimos demasiado rápido, con una imprudencia peligrosa. Neida bajo un la velocidad en el descenso, solo porque venía la siguiente curva y si no lo hubiese hecho, habríamos terminado metidas en una cerca que se vislumbraba en seguida. Una curva más delante fuimos sorprendas de nuevo por las luces en pleno de un nuevo carro también detenido, las dos pegamos un único grito escandaloso. Neida entendió que no alcanzaba a frenar sin chocarnos. Así que terminó metiendo el carro en el siguiente lote que pescamos, con la mala suerte que al pasar la cerca nos esperaba un  árbol. Chocamos recibiendo el estallido de los cristales por completo. Ella quedó inconsciente. Aturdida me fui desmayando. Lo siguiente que pude recordar fueron nuestros cuerpos amarrados uno junto al otro en lo que parecía ser el platón de una camioneta. Ella continuaba sin dar señales de conciencia mientras yo me estremecía con cada movimiento del carro porque me dolía un hombro, como si me hubieran abierto la piel. Quise gritar pero la mordaza que apretaba mi boca me lo impidió.


viernes, 20 de noviembre de 2020

Plumas Negras Capiltulo III

 

Este capítulo es la continuación de:

https://rudyantoniosilva.blogspot.com/2020/08/plumas-negras-capitulo-ii.html 

 

Vestigios




La historia que en este espacio les va a ser contada ha sido creada por Leila una habitante de nuestro pueblo, quien además ha comenzado sus prácticas con nosotros, ella es estudiante de locución y seguramente más adelante podrá estar tiempo completo con nuestro  equipo de trabajo. Por ahora escucharemos su primer trabajo narrativo que tiene que ver con el mundo del suspenso. Los dejo con su primera historia. Bienvenidos.

 

“Los ojos que no alcanzas a ver te siguen, si eres joven estás en el punto exacto. Tienes la carne tierna y la edad perfecta.”

 

Edna se encontraba grabando un video cerca de la casa de la abuela para enviárselo a su prima Daniela quien se había ido a vivir a Costa Rica. Antes de terminar el colegio ambas viajaban continuamente a pasar las vacaciones con la abuela que vive con su tío menor Oscar. El lugar donde estaba grabando daba ingreso a un lote que se encontraba abandonado, la vida existente se la daban los árboles frutales de mango y mandarina intactos al paso del tiempo. Había llegado con Oscar para recolectar frutos y llevárselos. Eran alrededor de las once de la mañana. Mientras su tío amarraba a la bicicleta las bolsas en las que habían guardado la fruta, ella se había quedado haciendo la grabación para mostrarle a su prima cómo estaba el lugar al que ella hacía más de año y medio no volvía, en el cual habían jugado muchas veces a treparse en y lanzar las frutas que iban arrancando para que su tío las recibiera en la parte de abajo. Edna se grabó hablando a la pantalla de su teléfono y luego dio vuelta a la cámara para mostrar  que el lugar no había cambiado mucho desde la última vez que juntas habían estado allí. Todo era normal hasta que se encontró numerosas marcas de sangre, junto a otras que parecían ser las huellas de unos zapatos, al lado de estas notó unas más que no tenía forma de algo reconocido porque estaba deformada como un manchón. Continuó grabando hasta donde las marcas se perdían llegando un montón de piedras. Justo en la más grande habían quedado tres plumas de gran tamaño. Acercó el teléfono al lugar en el que se encontraban, las grabo entretenida y apenas estaba dispuesta a decir algo sintió que una mano la tomaba por el hombro, soltó el teléfono y se giró gritando a su tío por asustarla pero su grito se agudizó al darse cuenta que en el lugar no había nadie. Levantó su teléfono y emprendió carrera hasta donde se encontraba Oscar, no había avanzado mucho cuando escucho el ruido de lago que había sido golpeado, avanzó a mayor velocidad llegó hasta los arbustos que formaban la salida de lote, apenas salió se encontró de frente con Oscar emitiendo otro grito, él la tomo de los hombros para revisarla.

 

– ¿Qué pasó? – Dijo mirándola de arriba abajo.

 

– Allá   atrás hay algo feo – Respondió con unas palabras apenas reconocibles.

 

Oscar la calmó mientras la fue llevando hasta donde estaban las bicicletas, junto a estas había un tronco donde hizo que ella se sentara para que se pudiera calmar. Esperó un tiempo y luego quiso ir a ver el asunto por su cuenta. Ella le pidió que no la dejara sola, pero le pudo más la curiosidad. La muchacha se quedó inmóvil en pose de oración. En el lugar Oscar revisó las cosas sin demorarse y se regresó hasta donde su sobrina argumentando que no se trataba de nada extraño, que esas eran marcas características dejadas por un animal herido que había sido cazado por un ave y que las marcas quedaban así porque la presa era llevada por los aires hasta el lugar en donde con calma lo podría ser devorado. 

 

– Sí, pero las huellas que llegaban hasta ahí no eran de un animal, eran de una persona, y que me dice del susto, alguien me puso su mano sobre mí hombro – le respondió ella con los ojos aguados.

 

– Deja la paranoia, seguramente las huellas son de  alguien que como tú y yo llegó a ver la sangre, y el susto es una reacción sugestiva no te hagas ideas y mejor vamos que tengo cosas por hacer en la casa – Le contestó mientras la tomaba del brazo alcanzándole la bicicleta para que la montara.

 

– No, al llegar al lugar no estaba asustada, quedé impactada por la forma en que se encuentran esas cosas, eso es prueba de que ahí pasó algo. No pretendo encontrar una lógica es solo que ese lugar baldío se presta para muchas cosas y por el susto que me dieron, seguramente dejaron algo suelto, algo que no podemos ver y que se molestó porque encontré las huellas de lo que había hecho y por eso decidió asustarme –

 

- Ustedes las mujeres cuando encuentran tema, nadie las calla, especialmente  tú Edna, ¡Qué cosa!. Si lo que dices que te asustó te escuchara se espantaría con la cantaleta, tal vez fue eso, advirtió quien eres y quiso que se te enredara la voz para que no lo agobiaras con tus argumentos – Le contestó dejando escapar sus risas.

 

- Como no le pasó a usted no le ve la importancia cierto y si nos hubiera pasado a los dos, ¿Le habría dado igual? – Refunfuñó ella.

 

- Ves ya te hice pensar en otras cosas, espero que eso que haga sentir mejor. Susto o paranoia lo mejor es que si vas a volver no ingreses sola al lugar para evitar sucesos como ese ¿Te parece? -

 

Ella no le contesto pero se notó calmada. Decidieron que no iban a tocar el tema en la casa. Para dejar las cosas así y que ella no se llevara ideas intranquilas a su cabeza. Oscar con su costumbre de manejar las cosas con calma se dedicó a hacer lo que habían acordado, incluso se guardaría los comentarios jocosos que se le llegaran a ocurrir acerca de la situación. En la tarde Edna acompañó a su abuela a la casa de una de sus amigas a hacerle la visita, Oscar por su parte se salió a rondar por las calles del pueblo con sus amigos. Llegada la noche cenaron temprano mientras escuchaban a la abuela contar historias de su niñez. Ese día se habían levantado antes del amanecer así que el cuerpo empezó a pedir descanso temprano. A las nueve todos ya estaban en sus cuartos. El descanso de todos transcurría con normalidad  hasta que a la madrugada un mensaje en el teléfono de Edna la sacó de sus sueños, era de Daniela que le había contestado el mensaje sobre el video que le había sido enviado al medio día. Edna había quedado consternada con lo sucedido en ese lugar, así que había decidido ocupar su mente en otras cosas, dejando para después la revisión de los chats para cuando estuviese de mejor ánimo, por eso también había olvidado bloquear su teléfono para que no la despertara algún sonido. Lo tomó ya que no paraba de sonar con las alertas de todos los mensajes le estaban llegando. Somnolienta lo acercó para empezar a revisarlo, al darse cuenta de que todos los mensajes estaban llegando al tiempo se percató de que la señal había estado defectuosa y apenas se restablecía. Iba a desactivar todo pero por error activó uno de los audios que su prima le había enviado.

<< ¡Edna estas bien¡ ¿Qué fue lo que pasó? He estado preguntándole a Oscar pero tampoco me da respuesta, parece que están sin señal todos allá. Repórtate me tienes preocupada, ¿Te hizo algo esa cosa que te siguió? >>

 

La solicitud urgente de su prima la dejó sentada en un solo acto. Tomo el teléfono para revisar a que se refería ella. El mensaje que se activó era el último que ella la había enviado, antes de ese tenía toda una fila esperando ser leídos. El primero era otro audio.

 

<< ¿Qué cosa es esa donde estas metida? ¿Qué sucedió? ¿Qué son todos esos rastros? ¿Lo del final es cierto? Se trata de un animal o una persona eso, no lo enfocaste bien cuando saliste corriendo, es un bicho horrible >>

 

Alarmada por el tono de voz de su prima en el mensaje quedo sentada en la cama y se puso a revisar cada mensaje para enterarse del motivo de la angustiosa preocupación de ella. Le había enviado el video sin revisarlo, no había querido pensar más en el asunto y no le parecía que Daniela hiciera tanto alboroto como si ella hubiese vivido la situación, ¿Qué le había llamado tanto la atención? Así que se dispuso a revisar el video con calma para ver si era que su grito había sido muy escandaloso como para darle tanta relevancia. Estaba concentrada en su apariencia y constató que definitivamente la cámara no la favorecía. Cuando hizo el cambio de la cámara quiso pausar el video, pensó que no era buen momento para volver a ver esas cosas, pero le pudo más la curiosidad, así que busco algo para morder por si le llegaban las ganas de gritar en caso de asustarse demasiado a pesar de que sabía muy bien que la esperaba,  la escena no era tan impactante. Las marcas parecían haber sido puestas intencionalmente, llegado el momento en el que sintió que la tocaban su grito la hizo brincar y casi soltar la camiseta que se había puesto en la boca para morder, la toma desordenada mostraba una parte de su cuerpo envuelta en una sombra, los movimientos fueron pasaron tan rápido que debió devolver para revisar de nuevo. Su prima se lo había dicho en los mensajes, había algo detrás de ella, no se lo había inventado. El video continuaba, cuando ella levantó el teléfono, la grabación en movimientos alarmados guardó otra toma a medida que ella se está alejando del lugar. En esa parte se logró ver algo más grande con maltrecha forma humana llena de lo que parecen ser plumas, de forma borrosa pero reconocible. Edna empieza pegar unos alaridos de muerte lanzando la camiseta que tenía en su boca, el teléfono salió por los aires para rebotar en el colchón. Abrió los ojos, había estado soñando. En ningún momento le había enviado el video a Daniela. Su miedo no le había permitido mirar el teléfono durante el resto de día. Al momento llegó Oscar amenazante en pose de karate levantando con su skate con una mano y una pequeña linterna en la otra apuntando a todos lados. Edna había soñado que se asustaba pero el grito que pegó la dejó sentada y de paso despertó a sus familiares, lloraba y no podía hablar. Al notar a su sobrina sentada en la cama llorando y temblando dejó todo y se le acercó para abrazarla, la abuela acudió llamándola a agritos, encendió a la luz mientras en la otra mano llevaba una escoba, se sentó a su lado para ayudar a calmarla. Se quedaron en su posición cada uno esperando a que la respiración de la muchacha volviera a la normalidad. Apenas pudo hablar les explico lo que había estado soñando. Oscar quedó extrañado al notar la coincidencia con respecto a la mala señal que realmente había sucedido, solo hasta esa hora se había restablecido.

 

– Ya entiendo porque no estaban saliendo los mensajes, tenía una cita on line que no pude cumplir – Dijo Oscar sin pensarlo.

 

Las dos lo atacaron con la mirada mientras el solo esperaba las reacciones. Le preguntaron a Edna que si podían ver el video, ella lo pensó unos instantes  y luego acepto mientras se recostó para taparse la cabeza con la almohada. La abuela y Oscar miraban atentos la pantalla del aparato, al llegar al momento del susto pegaron un brinco en sus lugares y después juntaron sus miradas buscando una respuesta. La abuela pidió explicaciones ya que no entendía como era que habían hecho ese video, pero lo que más la impactó fue que algo así sucediera a plena luz del día. Ellos le explicaron lo sucedido, manifestándole que no entendían nada y que no habían tocado el asunto durante el día porque, sabían que no era sano darle importancia. Edna se vio obligada a narrar la situación. Terminó diciendo que había decidido dejar el teléfono en el cuarto para no tener la tentación mirar esas cosas de nuevo. Le pidió a Oscar que eliminara ese video por completo. Para no tener algo tan espantoso. Cuando se iban a devolver a sus cuartos, Edna le pidió a su abuela que la dejara quedarse con ella, quería descansar y sabía que en su cuarto sola no lo iba a lograr debido a la zozobra que la había dejado alterada. Así terminaron de pasar la noche. En la mañana siguiente durante el desayuno Edna le hizo saber a su tío que deseaba hablar con el respecto a lo que había sucedido, apenas su abuela les diera el espacio. Él aceptó como si se tratara de un tema irrelevante.

A media mañana fueron enviados a comprar unos vivieres para la preparación del almuerzo y la cena. Aprovecharon para tocar el tema especialmente la relación del sueño que le había mostrado a Edna ese detalle que solo al revisarlo con calma pudo percatarse que su sueño había sido una revelación, las imágenes que no había querido volver a ver eran exactamente cono las había soñado. Antes de salir de la casa revisó su última conversación con su prima para ver si como en el sueño le había escrito algo que fuera de lo común. No encontró nada, diferente a sus charlas de chicas. Lo único que vio fue que llevaban dos días sin contarse nada y en verdad que ella necesitaba hablarle para manifestarle los angustiosos momentos que había vivido durante las últimas horas. La conversación con Oscar no llevó a nada nuevo, concluyeron que todo se resumía a un susto, ella hizo que su primo le prometiera no dejarla sola hasta que se le pasara por completo el impacto que le había dejado esa indeseable experiencia. Se sintió más calmada al regresar a la casa y agradecida con su tío por guardarse las bromas y entenderla. Al llegar a la casa la abuela los esperaba descompuesta en el umbral de la entrada. Ambos la miraron preocupados y llegaron a ella inquietos pensando que había pasado algo en la casa. Ella los recibió sin decir de inmediato que estaba ocurriendo. Buscaron donde ayudarla a que se sentara. Con sus ojos apagados y la mirada perdida les hablo.

– Daniela está desaparecida, desde antier viajó hasta acá no se sabe nada de su paradero -

sábado, 17 de octubre de 2020

Empanadas de carne


 


Come de mí y llévame.

En cada ocasión que me decía  - olvídate de mí -  la sangre se me hacía espesa, - Me molesta tu amor - puntualizaba mientras mi torrente en una gruesa maza negra se debatía. Sin importar la hora en que me lo dijese, era seguro que esa noche despertaba mi instinto lobezno que no le daba tregua a lo que mi boca quisiera comer o beber. Todas las cosas perdían el sabor, nada valía, mi sombra no se dejaba ver y el odio por todas las cosas especialmente en ese día era insuperable. Solo hasta que mi cuerpo sucumbía al cansancio, le llegaba el turno a la verdad del renacimiento. Despertaba amándola con mayor intensidad, alimentado por el despunte de un nuevo día, no había olvidado lo sucedido en la noche anterior. Se me renovaba el amor y lo mejor de todo era el regreso del gusto por los sabores y una exquisita resiliencia por mis semejantes. Ella decía no sentir nada útil por mi. Le daba poco valor a mi cuerpo desnudo junto al suyo, apagaba toda luz sin importarle que ello incluyera asesinar el sol que se estremecía en mi interior. Una tarde me pidió que matara, y como no fui capaz (en su presencia) me dejó sumido en la profunda oscuridad.

Después de su partida retomé el negocio que mamá me había heredado y que por andar siguiéndole los pasos a aquella mujer había abandonado hasta dejarlo en la miseria. Con esmero mi madre me había enseñado a manejarlo todo, me había puesto a trabajar a su lado para que cada detalle se quedara impregnado. Mientas seguía los pasos de ella mi amada egoísta, olvidé por completo lo que sabía hacer en mi labor, olvidé el sabor, olvidé las recetas, las cuentas y el negocio decayó de tal manera que no me era posible aceptarlo. Tal fue la cosa que un día llegué a pasar por el lugar y mirarlo desconociéndolo mío, hasta llegue a envidiar al dueño, a ese dueño imaginario dentro de mi enredo de la lógica. La verdad era que lo odiaba, porque no quería compartir sus conocimientos conmigo, tenía tantas cosas que su mamá le había enseñado mientras yo buscaba como poder darle una buena vida a ella y su belleza embargadora, siniestra. Me tenía como el esclavo dispuesto para la sobriedad de su carne, me había convertido en su tiempo dejando de contemplarme. Llevaba mis vestigios hasta donde consideraba que le era agradable verme suplicar, verme intentarlo todo para “hacerla feliz” cuando lo que en verdad estaba ocurriendo era que la única felicidad cierta era la mía, me sentía pleno, me sentía complacido, no me importó que se llevara lo mejor que tenía para ofrecer. Agobió todo a su merced, disfruto de mis buenas intenciones. Usó mi esencia para ponerla de cortina escondiendo en su forma de ser las cosas que le hacían engordar su egolatría, su auto cuidado y su contemplación. Era sumamente hermosa. Yo había malgastado todo lo útil que el negocio de mamá tuvo. Me pesa pensar que mi madre debía estar pasándola mal al darse cuenta del desperdicio en que me convertí, por pretender amar donde jamás existió la conmiseración ni la reciprocidad. Me bañe por una semana con agua de mandarina. Desocupe mi casa de todas las cosas que me la llegaran a recordar, lavé con vinagre mis recuerdos, sin odio, quedé sin rencor alguno por ella, gocé todo lo que estuvo a mi alcance los pocos momentos en los que su sonrisa fue orgánica y sensata. Me quedé con los contados momentos en que engañosamente me di a la tarea de creerme el cuento acerca de lo nuestro como pareja. No le deje ver mis debilidades, no deje que se identificara mi dolor y no le di paso al miedo que sentía en ese momento por la soledad. Mis sentimientos por ella eran tan fuertes que me habían hecho adentrar en un imaginario sinuoso. Vivía lo que el espejismo de mi amor me proyectaba. Un lugar hermoso dispuesto a mis placeres mediante la completa autocomplacencia. Estaba sumergido en unos pantanos ajenos a mis ojos, el efecto de sus lodosos fríos y sus rastreras sanguijuelas eran imperceptibles, no sentía olor ni dolor. Toda mi piel tenía marcas que yo lucia como besos impresos sobre la piel, tenía otros nombres para los chupones de su boca traviesa. Me había convertido en un anémico ser que gozaba de sus fetiches. Qué intensa felicidad me envolvía. Cuando la neblina se desvaneció mi bulímico semblante emergió a flote enlodado, putrefacto y paliducho. El filo de la realidad me embargó por completo, revelándome mi funeral. Lo extraño era que aún respiraba, estaba viendo mi cuerpo entero  sin necesidad de un espejo. Destrozado por el horror usé las mínimas fuerzas que me quedaban para huir espantado, no logré llegar muy lejos. Ella me alcanzó y continuó devorándome atragantándose enteramente de lo poco que quedaba, mis fuerzas solo me estaban alcanzando para agonizar, lo único que tenía a mi favor era que mi conciencia conservaba sus funciones plenas, me aferre de esta con lo que me alcanzaba a quedar y en un descuido por fin escapé.

Por nueve noches continuas me siguió mediante pesadillas a pesar de que me mantuve despierto la mayor parte del tiempo. Tenía algún vínculo cercano con Freddy Krueger porque apenas el sueño me ganaba ella llegaba sin falta para envolverme con sus más descabellados deseos. Mientras continuaba siendo su presa tuve un solo instante para pensar mi nuevo escape. Debía dejar de pensarla, me llegó ese pensamiento en una maravillosa luz que afloró mostrándome el camino de la libertad. Esa fue la vez en que de verdad pude escabullirme de su recuerdo acusador. Solo quedaba una cosa por hacer, debía también evitar su cuerpo porque su recuerdo era su alma impúdica y acosadora, la que había logrado engañar desde mis pensamientos, pero su cuerpo aún me pertenecía. La busqué y apenas supe que la tenía cerca pude ver que deambulaba  como una ciega, llevé conmigo una venda para cubrir mis ojos en el momento preciso de abordarla, ya que también tenía los dones de medusa y era claro que si me topaba con sus ojos mi futuro sería permanecer eternizado como una estatua. Usé las últimas prendas de ropa que me quedaban para a manera de turbante agobiar su cabeza. La noquee de un solo golpe y la llevé hasta la única cueva que conocía en la montaña más cercana, la dejé bien amarrada sin destapar su rostro para que otro como yo no se enamorara también, llené con mis medias su boca para que no la escucharan quejarse, por ultimo sellé la entrada del lugar y me desaparecí despavorido, desnudo y literalmente cagado del susto me adentré entre la maleza. Esperé a que fuera de noche y me devolví para mi casa abandonada, usando a manera de taparrabo las únicas hojas adecuadas que encontré. Apenas entré cerré todo el lugar y reí saboreando mi libertad, me dolía la cara por la mueca de la risa que tensionaba mis músculos porque hacía mucho que no había vuelto a reírme. La felicidad me embargó al recordar que ese negocio por el que sentía envidia, era mío, yo era el cocinero, el dueño y también el artífice de todas las demás funciones que lo mantuvieron en marcha. Estaba putamente feliz, había regresado el vendedor de las empanadas.

Cuando tuve alientos reorganicé todo, busqué las ropas adecuadas y me aventé a la calle, hermético ante la gente, asustado como un animal recién desenjaulado. Padecí esos días con el ínfimo deseo de buscar la cueva y encerrarme junto a ese ser que había dejado allí, eso que ya no tenía nombre. Afronte sin desearlo a toda la gente que me conocía y me preguntaba por mi prolongada ausencia, inventé un viaje. Conseguí comprar con las pocas cosas de valor que me quedaban un mercado generoso junto con los insumos necesarios para volver al ruedo. Mientras me organizaba me llegó un chisme que me dejó desinflado, en mi ausencia había surgido una competencia. Un antiguo compañero de estudio se había dedicado a atender toda mi clientela. Volver a abrir el negocio fue muy duro, al notar que estaban quedándose la mayoría de las frituras, empecé a medir muy bien las cantidades para no perder todo, y los sobrantes los regalé para de esa manera volver a atraer a los ausentes. Tenía seguros a los fieles que conocían el negocio antes de mi silenciosa partida, pero eso no era suficiente, replantee la receta hasta que la fin me convertí en el competidor que el gremio necesitaba. las ventas regresaron y el esfuerzo por mantenerlas se hizo mas fuerte, la competencia sacaba nuevas fórmulas que parecían agobiarme, no decaí me mantuve. Con la competencia nivelada las cosas volvieron a regularse y volví a comer alimentos apropiados, el regreso me había obligado a darle prioridad a los insumos dejando la comida de un lado, creí que no iba a resistir pero la persistencia ganó la partida y subsistí.

Una tarde un cliente que poco frecuente me mostró lo que parecía ser la falange de un dedo dentro de su empanada. Lo que provocó un escándalo que me llevó a un retroceso paupérrimo por cuatro días seguidos. La gente dejó de regresar, pero tuve la suerte inversa que saben dejar los escándalos, el hombre y todos los que habían estado probando mi receta ese día en particular, por arte de magia atrajeron curiosos y mi fama empezó a crecer. De nuevo estaba en la competencia pero ahora con todos los puntos a mi favor, a pesar de que esa no sería la primera empanada con sorpresa adentro. 

SENTENCIA CANINA (Microrelato)

  Gruñía, sin apartar sus ojos negros del ladrón. A través de sus dientes el veneno brotaba espumoso, por esa razón íbamos de camino al ve...