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sábado, 16 de abril de 2022

Amelia y su Jesús






 

Ella contaba como fue que vio venir el amor al reconocer en ese hombre las facciones del cristo anclado sobre el altar, un hombre hermoso y piadoso como lo había pedido, lo reconoció entendiendo el designio. Él por su parte había llegado a ese lugar casi obligado a terminar el trabajo de las dos antenas repetidoras que habían sido dejadas a medias. Sus vidas a partir de ese momento estarían llenas de un sinnúmero de coincidencias. Jesús estaba descendiendo de la torre en la que se había trepado para corregir la conexión fallida, ella iba con su hermano menor de vuelta para su casa. Se detuvo a descansar, aún les faltaba camino. En la mente de ella estaban presente las labores que le habían encomendado en su casa, tenía dieciocho años, Jesús veintidós. Por su parte Amelia contaba con dos pretendientes, vecinos de su pueblo. Jesús acababa de terminar la relación de cuatro años con una excompañera de estudio. Ninguno de los dos estaba en busca de un nuevo amor. Ella en su convicción religiosa, trabajaba de voluntaria en la iglesia y no había descartado la idea de entregársele de lleno a la vida espiritual y como lo contaría innumerables veces: Ese día mientras se tomaba un descanso, vio descender a su Jesús terrenal, con su barba y su indumentaria de obrero. Los ojos de ambos se encontraron en un firmamento paralelo. Por su parte él sintió que algo en la base de la torre lo atraía, sintió que estaba siendo llamado por una voz reconocida, no había terminado de soltarse los amarres que lo sujetaban a la estructura, cuando sintió que estaba siendo recibido por los brazos de ella en una conexión onírica. Jesús había estado soñando con ese encuentro, se veía continuamente que bajaba de algún lugar, directo al regazo de una figura femenina con el cabello recogido y la cara despejada, con la expresión alegre y expectante como la que en sus sueños el también tenía. Así se reconocieron. Amelia quedó impactada por ese rostro, más joven que el del cristo del altar, con la barba definida exactamente igual a la del hombre de yeso, la mirada naciente desde ese par de ojos claros, inmaculados y serenos. Ella también sintió que lo estaba recibiendo renacido del dolor mientras era zafado de los clavos de una cruz.

 

Ese día hablaron como dos amigos que se acaban de reencontrar, a sabiendas de que lo suyo no se iba a quedar en la mera amistad. Jesús le hizo entender que quería conocer mejor esas tierras y ella se ofreció a servirle de guía. Comieron y bebieron de lo que el llevaba, hablaron mas de la cuenta, para ser dos personas que se acababan de conocer. Quedaron de encontrarse en la misa de siete del día siguiente, un sábado de febrero. Ella tenía la firme intención de presentarlo ante Dios y pedirle su aprobación, aunque sabía que sobraban los motivos porque su corazón ya se había decidido. Jesús había quedado de devolverse para Bogotá apenas terminara el trabajo, por suerte para los dos pudo demorar su labor hasta el siguiente miércoles, lo que prolongo para la dicha mutua las salidas, las visitas y los paseos de charlas extensas. El día de la despedida temporal, él le dejó sus teléfonos y abonado el dinero en la oficina de Telecom para que lo llamara cada vez que lo considerara necesario. Cuatro meses de ir y volver, les llevó concretar completar la unión por la que son reconocidos. – Cuando en este pueblo de habla de amor, a este par de tortolos es a quien hacen referencias las bocas -

 

Amor vigente, constante e inmutable. Placenteramente contagioso para quienes tuvieron el gusto de compartir algún instante con ellos. Es por eso por lo que en el pueblo todo aquel que quiere destacar las virtudes del amor acostumbra a poner de ejemplo a Amelita y su Jesús, empezando por el cura en su sermón.  

 

– Amelita no me compares con nuestro señor, eso es pecado. Yo solo cuento con la gracia de llevar su nombre – le dijo una vez él ante la insistencia de ella de compararlos físicamente.

 

Aunque su vida de casados transcurrió en su mayoría en su casa de Bogotá, donde sus cinco hijos crecieron, hasta que la vida se los llevó a migrar buscando lo suyo cada uno. Luego la llegada de los doce nietos con los primeros cuatro bisnietos. Para esa época de los bisnietos, ya se habían regresado al pueblo, para radicarse y continuar con el giro de la vida que los dejaba igual a como salieron la primera vez solos, después de la boda frente al altar que tantas promesas y peticiones le cumplió a ella, desde niña hasta su ultimo embarazo, que la sorprendió un martes de pentecostés orando fervorosamente al tiempo que rompía fuente. De nuevo en su tierra, continuaron con la fuerza de esos novios jóvenes que se esperaban carta en mano para contarse, las vivencias en la ausencia del otro. Las cartas acostumbraban a leerlas uno frente al otro, reviviendo el momento en el que apartados la escribieron, allá en la intimidad de sus habitaciones, una en Bogotá la otra acá en el pueblo. Los tórtolos andaban de la mano para donde quieran que fueran, cenaban en los restaurantes, se daban regalos sorpresas y serenatas. En las fiestas bailaban como adolescentes. Su pasión y contemplación permanecieron intactas. Su iglesia, la favorita, la de los bautizos, las bodas de sus hijos y la de los dolorosos sepelios. Los recibió un mes antes de su ultimo beso, para celebrar lo que serían sus bodas de oro, homenajeados a cargo de la administración del pueblo vigente en ese momento.

 

Por las tardes y algunas mañanas caminaban por el pueblo, tomados de la mano. Muchas veces se les vio sentados recibiendo el nacimiento y las puestas del tibio sol característico de este lugar, sentados de la misma manera sosegados como para una foto. De la misma manera como la que serían encontrados esa mañana de julio al fondo, justo al final de la senda formada por los árboles, sus figuras permanecían inmóviles, sentados, recibiendo el dulce calor de la mañana que le daba forma a lo único en ellos que se conservaba con vida, su sombra. Enmarcando lo que un desprevenido poeta supo plasmar al verlos, así juntos fundidos en un abrazo. El poema que se puede leer labrado en el monumento:

 

Esta mañana,

 

El chocolate del desayuno

en todos hogares se avinagró.

La misa de siete

Su ausencia declaró presente,

 

 

El cristo del altar

soltó lágrimas de felicidad.

Ese hombre de yeso

recibió a bien el suceso.

 

A los embajadores del amor

el idilio los embarcó.

Testificando firmó el alba

en una sombra la mañana.

 

Amelia murió al lado

del hombre que santificó,

lo hizo padre y abuelo

mientras él día a día la enamoró.

 

Espiritual fue el último vuelo

de nuestros amantes por su pueblo.


La procesión que acompañó los cuerpos tuvo un gesto que se les dio a todos sin acuerdo alguno. Todos iban tomados de la mano, con fervor, con amor, y a la manera de nuestros padres indígenas los cuerpos fueron acomodados en un solo ataúd por petición de los amantes: - Juntos el cuerpo y el alma en la tumba como en la cama -. Para recordarlos in memoriam el parque conserva un romántico monumento con dos aves tórtolas fundidas en un beso eterno.

 

“CON AMOR RECORDAMOS A AMELIA Y JESUS QUE FALLECIERON SENTADOS UNO JUNTO AL OTRO EN ESTE PRECISO LUGAR”.

viernes, 20 de noviembre de 2020

Plumas Negras Capiltulo III

 

Este capítulo es la continuación de:

https://rudyantoniosilva.blogspot.com/2020/08/plumas-negras-capitulo-ii.html 

 

Vestigios




La historia que en este espacio les va a ser contada ha sido creada por Leila una habitante de nuestro pueblo, quien además ha comenzado sus prácticas con nosotros, ella es estudiante de locución y seguramente más adelante podrá estar tiempo completo con nuestro  equipo de trabajo. Por ahora escucharemos su primer trabajo narrativo que tiene que ver con el mundo del suspenso. Los dejo con su primera historia. Bienvenidos.

 

“Los ojos que no alcanzas a ver te siguen, si eres joven estás en el punto exacto. Tienes la carne tierna y la edad perfecta.”

 

Edna se encontraba grabando un video cerca de la casa de la abuela para enviárselo a su prima Daniela quien se había ido a vivir a Costa Rica. Antes de terminar el colegio ambas viajaban continuamente a pasar las vacaciones con la abuela que vive con su tío menor Oscar. El lugar donde estaba grabando daba ingreso a un lote que se encontraba abandonado, la vida existente se la daban los árboles frutales de mango y mandarina intactos al paso del tiempo. Había llegado con Oscar para recolectar frutos y llevárselos. Eran alrededor de las once de la mañana. Mientras su tío amarraba a la bicicleta las bolsas en las que habían guardado la fruta, ella se había quedado haciendo la grabación para mostrarle a su prima cómo estaba el lugar al que ella hacía más de año y medio no volvía, en el cual habían jugado muchas veces a treparse en y lanzar las frutas que iban arrancando para que su tío las recibiera en la parte de abajo. Edna se grabó hablando a la pantalla de su teléfono y luego dio vuelta a la cámara para mostrar  que el lugar no había cambiado mucho desde la última vez que juntas habían estado allí. Todo era normal hasta que se encontró numerosas marcas de sangre, junto a otras que parecían ser las huellas de unos zapatos, al lado de estas notó unas más que no tenía forma de algo reconocido porque estaba deformada como un manchón. Continuó grabando hasta donde las marcas se perdían llegando un montón de piedras. Justo en la más grande habían quedado tres plumas de gran tamaño. Acercó el teléfono al lugar en el que se encontraban, las grabo entretenida y apenas estaba dispuesta a decir algo sintió que una mano la tomaba por el hombro, soltó el teléfono y se giró gritando a su tío por asustarla pero su grito se agudizó al darse cuenta que en el lugar no había nadie. Levantó su teléfono y emprendió carrera hasta donde se encontraba Oscar, no había avanzado mucho cuando escucho el ruido de lago que había sido golpeado, avanzó a mayor velocidad llegó hasta los arbustos que formaban la salida de lote, apenas salió se encontró de frente con Oscar emitiendo otro grito, él la tomo de los hombros para revisarla.

 

– ¿Qué pasó? – Dijo mirándola de arriba abajo.

 

– Allá   atrás hay algo feo – Respondió con unas palabras apenas reconocibles.

 

Oscar la calmó mientras la fue llevando hasta donde estaban las bicicletas, junto a estas había un tronco donde hizo que ella se sentara para que se pudiera calmar. Esperó un tiempo y luego quiso ir a ver el asunto por su cuenta. Ella le pidió que no la dejara sola, pero le pudo más la curiosidad. La muchacha se quedó inmóvil en pose de oración. En el lugar Oscar revisó las cosas sin demorarse y se regresó hasta donde su sobrina argumentando que no se trataba de nada extraño, que esas eran marcas características dejadas por un animal herido que había sido cazado por un ave y que las marcas quedaban así porque la presa era llevada por los aires hasta el lugar en donde con calma lo podría ser devorado. 

 

– Sí, pero las huellas que llegaban hasta ahí no eran de un animal, eran de una persona, y que me dice del susto, alguien me puso su mano sobre mí hombro – le respondió ella con los ojos aguados.

 

– Deja la paranoia, seguramente las huellas son de  alguien que como tú y yo llegó a ver la sangre, y el susto es una reacción sugestiva no te hagas ideas y mejor vamos que tengo cosas por hacer en la casa – Le contestó mientras la tomaba del brazo alcanzándole la bicicleta para que la montara.

 

– No, al llegar al lugar no estaba asustada, quedé impactada por la forma en que se encuentran esas cosas, eso es prueba de que ahí pasó algo. No pretendo encontrar una lógica es solo que ese lugar baldío se presta para muchas cosas y por el susto que me dieron, seguramente dejaron algo suelto, algo que no podemos ver y que se molestó porque encontré las huellas de lo que había hecho y por eso decidió asustarme –

 

- Ustedes las mujeres cuando encuentran tema, nadie las calla, especialmente  tú Edna, ¡Qué cosa!. Si lo que dices que te asustó te escuchara se espantaría con la cantaleta, tal vez fue eso, advirtió quien eres y quiso que se te enredara la voz para que no lo agobiaras con tus argumentos – Le contestó dejando escapar sus risas.

 

- Como no le pasó a usted no le ve la importancia cierto y si nos hubiera pasado a los dos, ¿Le habría dado igual? – Refunfuñó ella.

 

- Ves ya te hice pensar en otras cosas, espero que eso que haga sentir mejor. Susto o paranoia lo mejor es que si vas a volver no ingreses sola al lugar para evitar sucesos como ese ¿Te parece? -

 

Ella no le contesto pero se notó calmada. Decidieron que no iban a tocar el tema en la casa. Para dejar las cosas así y que ella no se llevara ideas intranquilas a su cabeza. Oscar con su costumbre de manejar las cosas con calma se dedicó a hacer lo que habían acordado, incluso se guardaría los comentarios jocosos que se le llegaran a ocurrir acerca de la situación. En la tarde Edna acompañó a su abuela a la casa de una de sus amigas a hacerle la visita, Oscar por su parte se salió a rondar por las calles del pueblo con sus amigos. Llegada la noche cenaron temprano mientras escuchaban a la abuela contar historias de su niñez. Ese día se habían levantado antes del amanecer así que el cuerpo empezó a pedir descanso temprano. A las nueve todos ya estaban en sus cuartos. El descanso de todos transcurría con normalidad  hasta que a la madrugada un mensaje en el teléfono de Edna la sacó de sus sueños, era de Daniela que le había contestado el mensaje sobre el video que le había sido enviado al medio día. Edna había quedado consternada con lo sucedido en ese lugar, así que había decidido ocupar su mente en otras cosas, dejando para después la revisión de los chats para cuando estuviese de mejor ánimo, por eso también había olvidado bloquear su teléfono para que no la despertara algún sonido. Lo tomó ya que no paraba de sonar con las alertas de todos los mensajes le estaban llegando. Somnolienta lo acercó para empezar a revisarlo, al darse cuenta de que todos los mensajes estaban llegando al tiempo se percató de que la señal había estado defectuosa y apenas se restablecía. Iba a desactivar todo pero por error activó uno de los audios que su prima le había enviado.

<< ¡Edna estas bien¡ ¿Qué fue lo que pasó? He estado preguntándole a Oscar pero tampoco me da respuesta, parece que están sin señal todos allá. Repórtate me tienes preocupada, ¿Te hizo algo esa cosa que te siguió? >>

 

La solicitud urgente de su prima la dejó sentada en un solo acto. Tomo el teléfono para revisar a que se refería ella. El mensaje que se activó era el último que ella la había enviado, antes de ese tenía toda una fila esperando ser leídos. El primero era otro audio.

 

<< ¿Qué cosa es esa donde estas metida? ¿Qué sucedió? ¿Qué son todos esos rastros? ¿Lo del final es cierto? Se trata de un animal o una persona eso, no lo enfocaste bien cuando saliste corriendo, es un bicho horrible >>

 

Alarmada por el tono de voz de su prima en el mensaje quedo sentada en la cama y se puso a revisar cada mensaje para enterarse del motivo de la angustiosa preocupación de ella. Le había enviado el video sin revisarlo, no había querido pensar más en el asunto y no le parecía que Daniela hiciera tanto alboroto como si ella hubiese vivido la situación, ¿Qué le había llamado tanto la atención? Así que se dispuso a revisar el video con calma para ver si era que su grito había sido muy escandaloso como para darle tanta relevancia. Estaba concentrada en su apariencia y constató que definitivamente la cámara no la favorecía. Cuando hizo el cambio de la cámara quiso pausar el video, pensó que no era buen momento para volver a ver esas cosas, pero le pudo más la curiosidad, así que busco algo para morder por si le llegaban las ganas de gritar en caso de asustarse demasiado a pesar de que sabía muy bien que la esperaba,  la escena no era tan impactante. Las marcas parecían haber sido puestas intencionalmente, llegado el momento en el que sintió que la tocaban su grito la hizo brincar y casi soltar la camiseta que se había puesto en la boca para morder, la toma desordenada mostraba una parte de su cuerpo envuelta en una sombra, los movimientos fueron pasaron tan rápido que debió devolver para revisar de nuevo. Su prima se lo había dicho en los mensajes, había algo detrás de ella, no se lo había inventado. El video continuaba, cuando ella levantó el teléfono, la grabación en movimientos alarmados guardó otra toma a medida que ella se está alejando del lugar. En esa parte se logró ver algo más grande con maltrecha forma humana llena de lo que parecen ser plumas, de forma borrosa pero reconocible. Edna empieza pegar unos alaridos de muerte lanzando la camiseta que tenía en su boca, el teléfono salió por los aires para rebotar en el colchón. Abrió los ojos, había estado soñando. En ningún momento le había enviado el video a Daniela. Su miedo no le había permitido mirar el teléfono durante el resto de día. Al momento llegó Oscar amenazante en pose de karate levantando con su skate con una mano y una pequeña linterna en la otra apuntando a todos lados. Edna había soñado que se asustaba pero el grito que pegó la dejó sentada y de paso despertó a sus familiares, lloraba y no podía hablar. Al notar a su sobrina sentada en la cama llorando y temblando dejó todo y se le acercó para abrazarla, la abuela acudió llamándola a agritos, encendió a la luz mientras en la otra mano llevaba una escoba, se sentó a su lado para ayudar a calmarla. Se quedaron en su posición cada uno esperando a que la respiración de la muchacha volviera a la normalidad. Apenas pudo hablar les explico lo que había estado soñando. Oscar quedó extrañado al notar la coincidencia con respecto a la mala señal que realmente había sucedido, solo hasta esa hora se había restablecido.

 

– Ya entiendo porque no estaban saliendo los mensajes, tenía una cita on line que no pude cumplir – Dijo Oscar sin pensarlo.

 

Las dos lo atacaron con la mirada mientras el solo esperaba las reacciones. Le preguntaron a Edna que si podían ver el video, ella lo pensó unos instantes  y luego acepto mientras se recostó para taparse la cabeza con la almohada. La abuela y Oscar miraban atentos la pantalla del aparato, al llegar al momento del susto pegaron un brinco en sus lugares y después juntaron sus miradas buscando una respuesta. La abuela pidió explicaciones ya que no entendía como era que habían hecho ese video, pero lo que más la impactó fue que algo así sucediera a plena luz del día. Ellos le explicaron lo sucedido, manifestándole que no entendían nada y que no habían tocado el asunto durante el día porque, sabían que no era sano darle importancia. Edna se vio obligada a narrar la situación. Terminó diciendo que había decidido dejar el teléfono en el cuarto para no tener la tentación mirar esas cosas de nuevo. Le pidió a Oscar que eliminara ese video por completo. Para no tener algo tan espantoso. Cuando se iban a devolver a sus cuartos, Edna le pidió a su abuela que la dejara quedarse con ella, quería descansar y sabía que en su cuarto sola no lo iba a lograr debido a la zozobra que la había dejado alterada. Así terminaron de pasar la noche. En la mañana siguiente durante el desayuno Edna le hizo saber a su tío que deseaba hablar con el respecto a lo que había sucedido, apenas su abuela les diera el espacio. Él aceptó como si se tratara de un tema irrelevante.

A media mañana fueron enviados a comprar unos vivieres para la preparación del almuerzo y la cena. Aprovecharon para tocar el tema especialmente la relación del sueño que le había mostrado a Edna ese detalle que solo al revisarlo con calma pudo percatarse que su sueño había sido una revelación, las imágenes que no había querido volver a ver eran exactamente cono las había soñado. Antes de salir de la casa revisó su última conversación con su prima para ver si como en el sueño le había escrito algo que fuera de lo común. No encontró nada, diferente a sus charlas de chicas. Lo único que vio fue que llevaban dos días sin contarse nada y en verdad que ella necesitaba hablarle para manifestarle los angustiosos momentos que había vivido durante las últimas horas. La conversación con Oscar no llevó a nada nuevo, concluyeron que todo se resumía a un susto, ella hizo que su primo le prometiera no dejarla sola hasta que se le pasara por completo el impacto que le había dejado esa indeseable experiencia. Se sintió más calmada al regresar a la casa y agradecida con su tío por guardarse las bromas y entenderla. Al llegar a la casa la abuela los esperaba descompuesta en el umbral de la entrada. Ambos la miraron preocupados y llegaron a ella inquietos pensando que había pasado algo en la casa. Ella los recibió sin decir de inmediato que estaba ocurriendo. Buscaron donde ayudarla a que se sentara. Con sus ojos apagados y la mirada perdida les hablo.

– Daniela está desaparecida, desde antier viajó hasta acá no se sabe nada de su paradero -

SENTENCIA CANINA (Microrelato)

  Gruñía, sin apartar sus ojos negros del ladrón. A través de sus dientes el veneno brotaba espumoso, por esa razón íbamos de camino al ve...