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domingo, 23 de abril de 2023

El aprendiz




Hoy me enseñó a mirar

Ella tiene la mirada borrosa, así como se tornan los vidrios de la ventana que dan a la calle al empañarse. Lo que ocurre al otro lado del cristal de su mirada no existe, existe únicamente la verdad por la supervivencia.

– Las ventanas no han dejado de llorar desde que la vida se jodió – Dice ella con su mirada fija en el cristal, tratando de encontrar en las imágenes ilegibles los días que se fueron y jamás volverán.

Me enseñó a meditar

Con el paso de los días he descubierto que detrás de la intensidad con la que ella mira cada objeto, vive el enorme deseo de detener el tiempo: capturar ese momento y quedarse en ese bucle de tiempo aferrándose como un latido único y eterno. Su respiración también se detiene, y he llegado a pensar que el torrente de su sangre dentro de sus venas hace lo mismo. Todo se pausa, a pesar de que las palabras continúen saliendo de su boca, como si tuvieran vida propia, habla casi sin mover los labios cuando su corazón baja el ritmo y todo se convierte en calma.

Nos aventuramos en las noches, aprovechamos para sacar la basura y las bolsas con los restos. Salimos cuando sabemos que no nos vamos a encontrar con nadie. Un seguro portador de la enfermedad, en los casos en los que nos hemos cruzado con alguno, ella es la que les hace frente. Muchos hacen un saludo y siguen su camino. Mamá devuelve el gesto sin pronunciar palabras, lo mismo hago yo siguiendo las advertencias precisas que ella me ha dado.

Ya se cuándo callar

– No hablar ni contestarle a nadie, el aire es el puente de la muerte – La gente cree que soy mudo, aquellos que no nos conocen piensan eso, he escuchado cuando lo afirman. Los raros nos dicen, tenemos la suerte de no escuchar sus calificativos gracias a que son contadas las veces en que nos los hemos cruzado. Son más los que pasan frente a la casa haciendo burlas o advirtiendo que aquí vivimos un par de anormales.

Nos hemos prometimos nunca olvidar a papá

Los quejidos de papá en sus horas de agonía, día por día se han ido aminorando. La casa guarda todo de él. Sus momentos de dolor se quedaron en las grietas como cicatrices. Dejó de alimentarse y las pocas cosas que lográbamos darle las devolvía, su respiración forzada vive en las rendijas de las ventanas, cuando el viento se mete silbando en agudos tonos. Cuando trataba de hablar el sonido de las palabras desaparecía de sus labios, terminando de darles forma con la gesticulación de sus labios. El día de su muerte se resumieron las angustias, se alargaron segundo a segundo, pedía con su mirada que no lo dejáramos ir. Por mi parte no deseaba alargar su sufrimiento. Si en mis manos hubiese estado le habría ayudado con una almohada sobre su rostro. Su dolor era mi dolor, creo que mamá tuvo la intención, pero su rabia y su deseo de hacerse daño ella primero le ganaron. No ha dejado de culparse por haber olvidado limpiar el paquete portador del virus. No debí haberles contado que el mensajero tosió varias veces antes de dejar el paquete. Los últimos días de papa se sucedieron en mi cuarto, mamá y yo pasamos a compartir el de ellos.

Se fue queriendo tener más tiempo para contarme todo lo que había aprendido antes y después de conocerse al enamorarse formando nuestra familia. Aunque ella no quería, lo acompañamos hasta su último momento. Porque ese fue su último deseo. Nos despedimos en familia envueltos en nuestro dolor. Cuando llegaron los funcionarios de la secretaría de salud, nos revisaron a los dos. No presentamos síntomas, ella como siempre ya tenía todo previsto. Usamos nuestros trajes de astronautas en todo momento desde que se supo que papá presentó síntomas, usamos los trajes a riesgo de que no sirvieran de nada todos habíamos tenido contacto con el paquete que contenía irónicamente los elementos de desinfección.

Hoy supe que ser fuerte, es tener carácter.

Mamá siempre ha sido muy fuerte, yo he ido aprendiéndole, especialmente cuando se ha encerrado en su cuarto para ocultar su dolor, su miedo. Descubrí que los tiene, la primera vez que la escuché llorando en su cuarto, sabe disimularlos muy bien, nunca le he dicho que lo sé. Podríamos entrar en discusión y es mejor evitarlo, no me gusta ver su transformación cuando se envuelve en su ira demoledora.

Muchos creen haber regresado a la normalidad, o así lo han querido demostrar. Pero la verdad es que la única normalidad es la que vivimos nosotros. No hemos bajado la guardia, nos quedamos en casa y vivimos cerrándole las puertas al seguro regreso la muerte invisible, Por eso todo lo que nos llega es recibido por la portezuela, no tenemos ni siquiera contacto visual, no debe haberlo ahí puede estar el riesgo.

Ella es mi profe en mis horas de estudio, juntos somos un equipo.

Desocupamos la bodega abajo de la escalera donde permaneció amarrado el cuerpo del hombre desconocido, hasta que dejó de quejarse cuando la bolsa con la que le envolvimos su cabeza ahogó sus incomodos quejidos. Lo ignoramos, según las cuentas de mamá su agonía tardó hasta que se terminó el aire; con la bolsa esperábamos evitar el inminente contagio.

Repasando los hechos: El tipo se metió en la casa justo cuando salimos a dejar la basura que para esos días poníamos en el frente de la casa sin importar las quejas de la gente, evitábamos caminar, exponernos. Ninguno de los dos lo advirtió. Lo fuimos a encontrar en la cocina merodeando las ollas del almuerzo. Se notaba que andaba en la calle por su olor y por la ropa que vestía. Al vernos trató de explicar que solo quería comida, yo quedé petrificado, ambos él y yo nos miramos como dos animales asustados aterrados el uno de otro. Ella de inmediato se transformó, eso me asustó más. Tomó acción de una manera tan rápida que no vi venir nada. Ni el tipo ni yo tuvimos tiempo de cruzar palabras.

– Lo ves hijo, porque no se puede bajar la guardia – Dijo luego de derribar al tipo de un solo golpe en la cabeza con el martillo. Creo que ya lo traía en sus manos cuando entró en la cocina tapándose la boca al tiempo que atacaba. No vi cuando busco el martillo, todo en mi memoria está borroso. Cuando trato de recordar las cosas los hechos pasan demasiado rápido. Tengo escenas cortadas. A pesar de que habíamos hablado y preparado las cosas para una situación como esa muchas veces, llevarlas a cabo en caliente requiere experiencia. Para eso estaba mamá a mi lado para hacérmelo entender con su ejemplo. El tipo por su parte debe estar allá en ese lugar al que van los muertos, preguntándose qué fue lo que pasó.

Lo que mamá te enseña no se olvida

Lo que pasó señor muerto: fue que tuvimos que buscar en línea un congelador que nos pudiese servir para guardar mas mercado y de esa manera reducir las exposiciones y las salidas. Cuando llegó el que escogimos de color gris plata. Pudimos acomodar el mercado sobre el vidrio oscurecido con un plástico, debajo del cual acomodamos las partes de su cuerpo, incompleto para el día de hoy, pues cada tercer día hemos salido muy sigilosamente a dejar parte por parte en diferentes alcantarillas y desagües.  Esa es una de las misiones de cada noche, en uno diferente cada día hemos ido dejándolo. los días en los que ha llovido hemos hecho hasta tres salidas aprovechando la corriente de agua y la poca visibilidad.

Han pasado 20 días señor muerto, nos realizamos la prueba y el resultado fue, por fortuna negativo. Pero como dice ella y como todos sabemos, las mamas son sabias: - Es mejor prevenir no hay que bajar la guardia - Uso las mismas palabras de la mía.

Hoy aprendí que matar por defensa, no es matar


viernes, 20 de noviembre de 2020

Plumas Negras Capiltulo III

 

Este capítulo es la continuación de:

https://rudyantoniosilva.blogspot.com/2020/08/plumas-negras-capitulo-ii.html 

 

Vestigios




La historia que en este espacio les va a ser contada ha sido creada por Leila una habitante de nuestro pueblo, quien además ha comenzado sus prácticas con nosotros, ella es estudiante de locución y seguramente más adelante podrá estar tiempo completo con nuestro  equipo de trabajo. Por ahora escucharemos su primer trabajo narrativo que tiene que ver con el mundo del suspenso. Los dejo con su primera historia. Bienvenidos.

 

“Los ojos que no alcanzas a ver te siguen, si eres joven estás en el punto exacto. Tienes la carne tierna y la edad perfecta.”

 

Edna se encontraba grabando un video cerca de la casa de la abuela para enviárselo a su prima Daniela quien se había ido a vivir a Costa Rica. Antes de terminar el colegio ambas viajaban continuamente a pasar las vacaciones con la abuela que vive con su tío menor Oscar. El lugar donde estaba grabando daba ingreso a un lote que se encontraba abandonado, la vida existente se la daban los árboles frutales de mango y mandarina intactos al paso del tiempo. Había llegado con Oscar para recolectar frutos y llevárselos. Eran alrededor de las once de la mañana. Mientras su tío amarraba a la bicicleta las bolsas en las que habían guardado la fruta, ella se había quedado haciendo la grabación para mostrarle a su prima cómo estaba el lugar al que ella hacía más de año y medio no volvía, en el cual habían jugado muchas veces a treparse en y lanzar las frutas que iban arrancando para que su tío las recibiera en la parte de abajo. Edna se grabó hablando a la pantalla de su teléfono y luego dio vuelta a la cámara para mostrar  que el lugar no había cambiado mucho desde la última vez que juntas habían estado allí. Todo era normal hasta que se encontró numerosas marcas de sangre, junto a otras que parecían ser las huellas de unos zapatos, al lado de estas notó unas más que no tenía forma de algo reconocido porque estaba deformada como un manchón. Continuó grabando hasta donde las marcas se perdían llegando un montón de piedras. Justo en la más grande habían quedado tres plumas de gran tamaño. Acercó el teléfono al lugar en el que se encontraban, las grabo entretenida y apenas estaba dispuesta a decir algo sintió que una mano la tomaba por el hombro, soltó el teléfono y se giró gritando a su tío por asustarla pero su grito se agudizó al darse cuenta que en el lugar no había nadie. Levantó su teléfono y emprendió carrera hasta donde se encontraba Oscar, no había avanzado mucho cuando escucho el ruido de lago que había sido golpeado, avanzó a mayor velocidad llegó hasta los arbustos que formaban la salida de lote, apenas salió se encontró de frente con Oscar emitiendo otro grito, él la tomo de los hombros para revisarla.

 

– ¿Qué pasó? – Dijo mirándola de arriba abajo.

 

– Allá   atrás hay algo feo – Respondió con unas palabras apenas reconocibles.

 

Oscar la calmó mientras la fue llevando hasta donde estaban las bicicletas, junto a estas había un tronco donde hizo que ella se sentara para que se pudiera calmar. Esperó un tiempo y luego quiso ir a ver el asunto por su cuenta. Ella le pidió que no la dejara sola, pero le pudo más la curiosidad. La muchacha se quedó inmóvil en pose de oración. En el lugar Oscar revisó las cosas sin demorarse y se regresó hasta donde su sobrina argumentando que no se trataba de nada extraño, que esas eran marcas características dejadas por un animal herido que había sido cazado por un ave y que las marcas quedaban así porque la presa era llevada por los aires hasta el lugar en donde con calma lo podría ser devorado. 

 

– Sí, pero las huellas que llegaban hasta ahí no eran de un animal, eran de una persona, y que me dice del susto, alguien me puso su mano sobre mí hombro – le respondió ella con los ojos aguados.

 

– Deja la paranoia, seguramente las huellas son de  alguien que como tú y yo llegó a ver la sangre, y el susto es una reacción sugestiva no te hagas ideas y mejor vamos que tengo cosas por hacer en la casa – Le contestó mientras la tomaba del brazo alcanzándole la bicicleta para que la montara.

 

– No, al llegar al lugar no estaba asustada, quedé impactada por la forma en que se encuentran esas cosas, eso es prueba de que ahí pasó algo. No pretendo encontrar una lógica es solo que ese lugar baldío se presta para muchas cosas y por el susto que me dieron, seguramente dejaron algo suelto, algo que no podemos ver y que se molestó porque encontré las huellas de lo que había hecho y por eso decidió asustarme –

 

- Ustedes las mujeres cuando encuentran tema, nadie las calla, especialmente  tú Edna, ¡Qué cosa!. Si lo que dices que te asustó te escuchara se espantaría con la cantaleta, tal vez fue eso, advirtió quien eres y quiso que se te enredara la voz para que no lo agobiaras con tus argumentos – Le contestó dejando escapar sus risas.

 

- Como no le pasó a usted no le ve la importancia cierto y si nos hubiera pasado a los dos, ¿Le habría dado igual? – Refunfuñó ella.

 

- Ves ya te hice pensar en otras cosas, espero que eso que haga sentir mejor. Susto o paranoia lo mejor es que si vas a volver no ingreses sola al lugar para evitar sucesos como ese ¿Te parece? -

 

Ella no le contesto pero se notó calmada. Decidieron que no iban a tocar el tema en la casa. Para dejar las cosas así y que ella no se llevara ideas intranquilas a su cabeza. Oscar con su costumbre de manejar las cosas con calma se dedicó a hacer lo que habían acordado, incluso se guardaría los comentarios jocosos que se le llegaran a ocurrir acerca de la situación. En la tarde Edna acompañó a su abuela a la casa de una de sus amigas a hacerle la visita, Oscar por su parte se salió a rondar por las calles del pueblo con sus amigos. Llegada la noche cenaron temprano mientras escuchaban a la abuela contar historias de su niñez. Ese día se habían levantado antes del amanecer así que el cuerpo empezó a pedir descanso temprano. A las nueve todos ya estaban en sus cuartos. El descanso de todos transcurría con normalidad  hasta que a la madrugada un mensaje en el teléfono de Edna la sacó de sus sueños, era de Daniela que le había contestado el mensaje sobre el video que le había sido enviado al medio día. Edna había quedado consternada con lo sucedido en ese lugar, así que había decidido ocupar su mente en otras cosas, dejando para después la revisión de los chats para cuando estuviese de mejor ánimo, por eso también había olvidado bloquear su teléfono para que no la despertara algún sonido. Lo tomó ya que no paraba de sonar con las alertas de todos los mensajes le estaban llegando. Somnolienta lo acercó para empezar a revisarlo, al darse cuenta de que todos los mensajes estaban llegando al tiempo se percató de que la señal había estado defectuosa y apenas se restablecía. Iba a desactivar todo pero por error activó uno de los audios que su prima le había enviado.

<< ¡Edna estas bien¡ ¿Qué fue lo que pasó? He estado preguntándole a Oscar pero tampoco me da respuesta, parece que están sin señal todos allá. Repórtate me tienes preocupada, ¿Te hizo algo esa cosa que te siguió? >>

 

La solicitud urgente de su prima la dejó sentada en un solo acto. Tomo el teléfono para revisar a que se refería ella. El mensaje que se activó era el último que ella la había enviado, antes de ese tenía toda una fila esperando ser leídos. El primero era otro audio.

 

<< ¿Qué cosa es esa donde estas metida? ¿Qué sucedió? ¿Qué son todos esos rastros? ¿Lo del final es cierto? Se trata de un animal o una persona eso, no lo enfocaste bien cuando saliste corriendo, es un bicho horrible >>

 

Alarmada por el tono de voz de su prima en el mensaje quedo sentada en la cama y se puso a revisar cada mensaje para enterarse del motivo de la angustiosa preocupación de ella. Le había enviado el video sin revisarlo, no había querido pensar más en el asunto y no le parecía que Daniela hiciera tanto alboroto como si ella hubiese vivido la situación, ¿Qué le había llamado tanto la atención? Así que se dispuso a revisar el video con calma para ver si era que su grito había sido muy escandaloso como para darle tanta relevancia. Estaba concentrada en su apariencia y constató que definitivamente la cámara no la favorecía. Cuando hizo el cambio de la cámara quiso pausar el video, pensó que no era buen momento para volver a ver esas cosas, pero le pudo más la curiosidad, así que busco algo para morder por si le llegaban las ganas de gritar en caso de asustarse demasiado a pesar de que sabía muy bien que la esperaba,  la escena no era tan impactante. Las marcas parecían haber sido puestas intencionalmente, llegado el momento en el que sintió que la tocaban su grito la hizo brincar y casi soltar la camiseta que se había puesto en la boca para morder, la toma desordenada mostraba una parte de su cuerpo envuelta en una sombra, los movimientos fueron pasaron tan rápido que debió devolver para revisar de nuevo. Su prima se lo había dicho en los mensajes, había algo detrás de ella, no se lo había inventado. El video continuaba, cuando ella levantó el teléfono, la grabación en movimientos alarmados guardó otra toma a medida que ella se está alejando del lugar. En esa parte se logró ver algo más grande con maltrecha forma humana llena de lo que parecen ser plumas, de forma borrosa pero reconocible. Edna empieza pegar unos alaridos de muerte lanzando la camiseta que tenía en su boca, el teléfono salió por los aires para rebotar en el colchón. Abrió los ojos, había estado soñando. En ningún momento le había enviado el video a Daniela. Su miedo no le había permitido mirar el teléfono durante el resto de día. Al momento llegó Oscar amenazante en pose de karate levantando con su skate con una mano y una pequeña linterna en la otra apuntando a todos lados. Edna había soñado que se asustaba pero el grito que pegó la dejó sentada y de paso despertó a sus familiares, lloraba y no podía hablar. Al notar a su sobrina sentada en la cama llorando y temblando dejó todo y se le acercó para abrazarla, la abuela acudió llamándola a agritos, encendió a la luz mientras en la otra mano llevaba una escoba, se sentó a su lado para ayudar a calmarla. Se quedaron en su posición cada uno esperando a que la respiración de la muchacha volviera a la normalidad. Apenas pudo hablar les explico lo que había estado soñando. Oscar quedó extrañado al notar la coincidencia con respecto a la mala señal que realmente había sucedido, solo hasta esa hora se había restablecido.

 

– Ya entiendo porque no estaban saliendo los mensajes, tenía una cita on line que no pude cumplir – Dijo Oscar sin pensarlo.

 

Las dos lo atacaron con la mirada mientras el solo esperaba las reacciones. Le preguntaron a Edna que si podían ver el video, ella lo pensó unos instantes  y luego acepto mientras se recostó para taparse la cabeza con la almohada. La abuela y Oscar miraban atentos la pantalla del aparato, al llegar al momento del susto pegaron un brinco en sus lugares y después juntaron sus miradas buscando una respuesta. La abuela pidió explicaciones ya que no entendía como era que habían hecho ese video, pero lo que más la impactó fue que algo así sucediera a plena luz del día. Ellos le explicaron lo sucedido, manifestándole que no entendían nada y que no habían tocado el asunto durante el día porque, sabían que no era sano darle importancia. Edna se vio obligada a narrar la situación. Terminó diciendo que había decidido dejar el teléfono en el cuarto para no tener la tentación mirar esas cosas de nuevo. Le pidió a Oscar que eliminara ese video por completo. Para no tener algo tan espantoso. Cuando se iban a devolver a sus cuartos, Edna le pidió a su abuela que la dejara quedarse con ella, quería descansar y sabía que en su cuarto sola no lo iba a lograr debido a la zozobra que la había dejado alterada. Así terminaron de pasar la noche. En la mañana siguiente durante el desayuno Edna le hizo saber a su tío que deseaba hablar con el respecto a lo que había sucedido, apenas su abuela les diera el espacio. Él aceptó como si se tratara de un tema irrelevante.

A media mañana fueron enviados a comprar unos vivieres para la preparación del almuerzo y la cena. Aprovecharon para tocar el tema especialmente la relación del sueño que le había mostrado a Edna ese detalle que solo al revisarlo con calma pudo percatarse que su sueño había sido una revelación, las imágenes que no había querido volver a ver eran exactamente cono las había soñado. Antes de salir de la casa revisó su última conversación con su prima para ver si como en el sueño le había escrito algo que fuera de lo común. No encontró nada, diferente a sus charlas de chicas. Lo único que vio fue que llevaban dos días sin contarse nada y en verdad que ella necesitaba hablarle para manifestarle los angustiosos momentos que había vivido durante las últimas horas. La conversación con Oscar no llevó a nada nuevo, concluyeron que todo se resumía a un susto, ella hizo que su primo le prometiera no dejarla sola hasta que se le pasara por completo el impacto que le había dejado esa indeseable experiencia. Se sintió más calmada al regresar a la casa y agradecida con su tío por guardarse las bromas y entenderla. Al llegar a la casa la abuela los esperaba descompuesta en el umbral de la entrada. Ambos la miraron preocupados y llegaron a ella inquietos pensando que había pasado algo en la casa. Ella los recibió sin decir de inmediato que estaba ocurriendo. Buscaron donde ayudarla a que se sentara. Con sus ojos apagados y la mirada perdida les hablo.

– Daniela está desaparecida, desde antier viajó hasta acá no se sabe nada de su paradero -

sábado, 17 de octubre de 2020

Empanadas de carne


 


Come de mí y llévame.

En cada ocasión que me decía  - olvídate de mí -  la sangre se me hacía espesa, - Me molesta tu amor - puntualizaba mientras mi torrente en una gruesa maza negra se debatía. Sin importar la hora en que me lo dijese, era seguro que esa noche despertaba mi instinto lobezno que no le daba tregua a lo que mi boca quisiera comer o beber. Todas las cosas perdían el sabor, nada valía, mi sombra no se dejaba ver y el odio por todas las cosas especialmente en ese día era insuperable. Solo hasta que mi cuerpo sucumbía al cansancio, le llegaba el turno a la verdad del renacimiento. Despertaba amándola con mayor intensidad, alimentado por el despunte de un nuevo día, no había olvidado lo sucedido en la noche anterior. Se me renovaba el amor y lo mejor de todo era el regreso del gusto por los sabores y una exquisita resiliencia por mis semejantes. Ella decía no sentir nada útil por mi. Le daba poco valor a mi cuerpo desnudo junto al suyo, apagaba toda luz sin importarle que ello incluyera asesinar el sol que se estremecía en mi interior. Una tarde me pidió que matara, y como no fui capaz (en su presencia) me dejó sumido en la profunda oscuridad.

Después de su partida retomé el negocio que mamá me había heredado y que por andar siguiéndole los pasos a aquella mujer había abandonado hasta dejarlo en la miseria. Con esmero mi madre me había enseñado a manejarlo todo, me había puesto a trabajar a su lado para que cada detalle se quedara impregnado. Mientas seguía los pasos de ella mi amada egoísta, olvidé por completo lo que sabía hacer en mi labor, olvidé el sabor, olvidé las recetas, las cuentas y el negocio decayó de tal manera que no me era posible aceptarlo. Tal fue la cosa que un día llegué a pasar por el lugar y mirarlo desconociéndolo mío, hasta llegue a envidiar al dueño, a ese dueño imaginario dentro de mi enredo de la lógica. La verdad era que lo odiaba, porque no quería compartir sus conocimientos conmigo, tenía tantas cosas que su mamá le había enseñado mientras yo buscaba como poder darle una buena vida a ella y su belleza embargadora, siniestra. Me tenía como el esclavo dispuesto para la sobriedad de su carne, me había convertido en su tiempo dejando de contemplarme. Llevaba mis vestigios hasta donde consideraba que le era agradable verme suplicar, verme intentarlo todo para “hacerla feliz” cuando lo que en verdad estaba ocurriendo era que la única felicidad cierta era la mía, me sentía pleno, me sentía complacido, no me importó que se llevara lo mejor que tenía para ofrecer. Agobió todo a su merced, disfruto de mis buenas intenciones. Usó mi esencia para ponerla de cortina escondiendo en su forma de ser las cosas que le hacían engordar su egolatría, su auto cuidado y su contemplación. Era sumamente hermosa. Yo había malgastado todo lo útil que el negocio de mamá tuvo. Me pesa pensar que mi madre debía estar pasándola mal al darse cuenta del desperdicio en que me convertí, por pretender amar donde jamás existió la conmiseración ni la reciprocidad. Me bañe por una semana con agua de mandarina. Desocupe mi casa de todas las cosas que me la llegaran a recordar, lavé con vinagre mis recuerdos, sin odio, quedé sin rencor alguno por ella, gocé todo lo que estuvo a mi alcance los pocos momentos en los que su sonrisa fue orgánica y sensata. Me quedé con los contados momentos en que engañosamente me di a la tarea de creerme el cuento acerca de lo nuestro como pareja. No le deje ver mis debilidades, no deje que se identificara mi dolor y no le di paso al miedo que sentía en ese momento por la soledad. Mis sentimientos por ella eran tan fuertes que me habían hecho adentrar en un imaginario sinuoso. Vivía lo que el espejismo de mi amor me proyectaba. Un lugar hermoso dispuesto a mis placeres mediante la completa autocomplacencia. Estaba sumergido en unos pantanos ajenos a mis ojos, el efecto de sus lodosos fríos y sus rastreras sanguijuelas eran imperceptibles, no sentía olor ni dolor. Toda mi piel tenía marcas que yo lucia como besos impresos sobre la piel, tenía otros nombres para los chupones de su boca traviesa. Me había convertido en un anémico ser que gozaba de sus fetiches. Qué intensa felicidad me envolvía. Cuando la neblina se desvaneció mi bulímico semblante emergió a flote enlodado, putrefacto y paliducho. El filo de la realidad me embargó por completo, revelándome mi funeral. Lo extraño era que aún respiraba, estaba viendo mi cuerpo entero  sin necesidad de un espejo. Destrozado por el horror usé las mínimas fuerzas que me quedaban para huir espantado, no logré llegar muy lejos. Ella me alcanzó y continuó devorándome atragantándose enteramente de lo poco que quedaba, mis fuerzas solo me estaban alcanzando para agonizar, lo único que tenía a mi favor era que mi conciencia conservaba sus funciones plenas, me aferre de esta con lo que me alcanzaba a quedar y en un descuido por fin escapé.

Por nueve noches continuas me siguió mediante pesadillas a pesar de que me mantuve despierto la mayor parte del tiempo. Tenía algún vínculo cercano con Freddy Krueger porque apenas el sueño me ganaba ella llegaba sin falta para envolverme con sus más descabellados deseos. Mientras continuaba siendo su presa tuve un solo instante para pensar mi nuevo escape. Debía dejar de pensarla, me llegó ese pensamiento en una maravillosa luz que afloró mostrándome el camino de la libertad. Esa fue la vez en que de verdad pude escabullirme de su recuerdo acusador. Solo quedaba una cosa por hacer, debía también evitar su cuerpo porque su recuerdo era su alma impúdica y acosadora, la que había logrado engañar desde mis pensamientos, pero su cuerpo aún me pertenecía. La busqué y apenas supe que la tenía cerca pude ver que deambulaba  como una ciega, llevé conmigo una venda para cubrir mis ojos en el momento preciso de abordarla, ya que también tenía los dones de medusa y era claro que si me topaba con sus ojos mi futuro sería permanecer eternizado como una estatua. Usé las últimas prendas de ropa que me quedaban para a manera de turbante agobiar su cabeza. La noquee de un solo golpe y la llevé hasta la única cueva que conocía en la montaña más cercana, la dejé bien amarrada sin destapar su rostro para que otro como yo no se enamorara también, llené con mis medias su boca para que no la escucharan quejarse, por ultimo sellé la entrada del lugar y me desaparecí despavorido, desnudo y literalmente cagado del susto me adentré entre la maleza. Esperé a que fuera de noche y me devolví para mi casa abandonada, usando a manera de taparrabo las únicas hojas adecuadas que encontré. Apenas entré cerré todo el lugar y reí saboreando mi libertad, me dolía la cara por la mueca de la risa que tensionaba mis músculos porque hacía mucho que no había vuelto a reírme. La felicidad me embargó al recordar que ese negocio por el que sentía envidia, era mío, yo era el cocinero, el dueño y también el artífice de todas las demás funciones que lo mantuvieron en marcha. Estaba putamente feliz, había regresado el vendedor de las empanadas.

Cuando tuve alientos reorganicé todo, busqué las ropas adecuadas y me aventé a la calle, hermético ante la gente, asustado como un animal recién desenjaulado. Padecí esos días con el ínfimo deseo de buscar la cueva y encerrarme junto a ese ser que había dejado allí, eso que ya no tenía nombre. Afronte sin desearlo a toda la gente que me conocía y me preguntaba por mi prolongada ausencia, inventé un viaje. Conseguí comprar con las pocas cosas de valor que me quedaban un mercado generoso junto con los insumos necesarios para volver al ruedo. Mientras me organizaba me llegó un chisme que me dejó desinflado, en mi ausencia había surgido una competencia. Un antiguo compañero de estudio se había dedicado a atender toda mi clientela. Volver a abrir el negocio fue muy duro, al notar que estaban quedándose la mayoría de las frituras, empecé a medir muy bien las cantidades para no perder todo, y los sobrantes los regalé para de esa manera volver a atraer a los ausentes. Tenía seguros a los fieles que conocían el negocio antes de mi silenciosa partida, pero eso no era suficiente, replantee la receta hasta que la fin me convertí en el competidor que el gremio necesitaba. las ventas regresaron y el esfuerzo por mantenerlas se hizo mas fuerte, la competencia sacaba nuevas fórmulas que parecían agobiarme, no decaí me mantuve. Con la competencia nivelada las cosas volvieron a regularse y volví a comer alimentos apropiados, el regreso me había obligado a darle prioridad a los insumos dejando la comida de un lado, creí que no iba a resistir pero la persistencia ganó la partida y subsistí.

Una tarde un cliente que poco frecuente me mostró lo que parecía ser la falange de un dedo dentro de su empanada. Lo que provocó un escándalo que me llevó a un retroceso paupérrimo por cuatro días seguidos. La gente dejó de regresar, pero tuve la suerte inversa que saben dejar los escándalos, el hombre y todos los que habían estado probando mi receta ese día en particular, por arte de magia atrajeron curiosos y mi fama empezó a crecer. De nuevo estaba en la competencia pero ahora con todos los puntos a mi favor, a pesar de que esa no sería la primera empanada con sorpresa adentro. 

viernes, 21 de agosto de 2020

Plumas Negras Capítulo II

Continuación de primer cuento Plumas Negras publicado en este Blog

https://rudyantoniosilva.blogspot.com/2020/07/plumas-negras.html

Podcast disponible en Youtube

https://www.youtube.com/watch?v=NS499UZu0XY


"Las plumas negras sin tregua siguen apoderándose de cuerpos jóvenes, te vas a enterar de los hechos, pero ten cuidado, ten mucho cuidado si no prestas la atención suficiente el próximo serás tú."



- Cuando vivías podía escuchar tus pasos - 

- Cuando estás sola para no sentir miedo te aferras al sonido de las cosas resguardándote en su eco -  

     

El extraño: Esa noche me uní a las almas errantes en aquel cerro bogotano, bajo la hechizante mirada de aquella figura femenina hermana de las tinieblas. Ahora vago por tierras apartadas de allí, persigo un doloroso rastro, que aquella arpía convertida en coruja me ha marcado y me tiene buscando la sepultura de un amarre. Es un camino tortuoso y extenso para ello debo hacerme a una compañía especial.

Desde que Deisy se había ennoviado Leila se quedaba en la casa de su tía Narda. Prefería estar acompañada, desde hacía un mes su amiga andaba apegada a su mejor opción. Además terminadas las clases las cosas habían cambiado sustancialmente, las amistades de esos años se habían resumido a algunos encuentros los fines de semana o a la visita esporádica de aquel que no tuviese mayor cosa que hacer, eso sumado a que Leila siempre debía ir acompañada para que la dejaran salir. Esas limitantes la habían hecho tomar la decisión de escoger la casa de la tía e involucrarse con las tareas de los primos luego de acabar sus clases de locución. Tenía una afición, consistente en cargar una grabadora en la que mantenía guardados muchos sonidos y voces que registraba continuamente, para usarlos cuando al fin lograra acceder al espacio para mostrarse en la emisora local, con aquellas historias que inventaba cada vez que se quedaba a solas en su casa. Esa tarde la ayuda a sus primos le había tomado más del tiempo requerido, además el abuelo había avisado tarde que no alcanzaba a pasar por ella, así que debió apresurar su salida para que no le anocheciera por el camino, llegar a su casa le tomaba más de media hora. Narda quiso acompañarla pero la detenían sus quehaceres. Leila le advirtió que no debía preocuparse porque no era la primera vez que se devolvía sola. Quedó en avisarle apenas llegara. Se fue siguiendo los sonidos reconocidos de cada lugar. Mientras recorría el camino pensaba en un personaje nuevo para su historia llamada Desenterrando Secretos. En ese momento se encontró con Pablo Daza. De todos los muchachos él fue quien mejor se comportó con ella. Se saludaron y hablaron de lo que cada uno hacía por esos días, hablaron sin extenderse porque a ella le faltaba camino y Pedro no tenía el tiempo de acompañarla, quedaron en que la visitaría el siguiente sábado sin falta. Con el agrado de habérselo encontrado continuó avanzando.

Llegando a la casona del señor Hurtado, donde el ladrido de los perros que tiene siempre advierten cuando alguien va pasando, supo que no le faltaba mucho. Atravesó la extensa entrada y unos metros más adelante continuaba escuchado el alboroto de los perros, era raro, nunca duraban tanto. Continuo sin prestar atención, le hubiera gustado grabarlos pero ya no alcanzaba, la grabadora estaba en la maleta y no tenía buena carga ¿Qué se podría perder? Tenía buena cantidad de grabaciones hechas con esos ladridos. Pero también tenía muy claro que ese tipo de sonidos estaban dados en un tono especial, que era manifestado por tonalidades que interpretaban algo diferente cada vez, por esa razón no le importaba repetirlos para identificar la diferencia de uno con el otro y por eso sabía que seguían ladrando no porque ella hubiese pasado, ya la conocían, era algo más inquietante, lo pensó por unos instantes pero no se quiso sugestionar.

- La joven de los sonidos – Le habló una voz desconocida que no sabía de donde estaba llegando.

– ¿Quién me habla? – Respondió estremecida mientras buscaba algo característico en quien se le había acercado, y accidentalmente con una de sus manos quedó tomándolo por su hombro demasiado delgado y de una textura extraña, retirándola de inmediato.

- Ya no tengo que decir donde estoy, tu mano sabe la respuesta –

- Es habitual que mis manos encuentren primero las cosas cuando no las escucho y le advierto que allí adelante me esperan –

- Si he notado que le prestas gran atención al sonido de las cosas –

- Y por lo mismo, le digo que no reconozco su voz y menos ahora que sé que me ha estado espiando –

- Pero yo no lo hice con intención,  tú eres quién me buscó primero –

- Me está usted confundiendo, porque aunque lo quisiera no podría –

- Cuando he estado en el río, en la casa de las iguanas y hasta en la cueva del soldado –

- Ninguno de esos lugares existe por acá. Está usted confundiéndome, ni siquiera hemos cruzado palabra, eso no lo olvidaría – Le habló alzando la voz, al tiempo que agilizaba su andar. Buscó en sus recuerdos algo que le ayudara a reconocer esa voz de quien decía supuestamente conocerla, pero no dejaba de ser enteramente nueva -

- ¿Cómo me vas a recordar si nunca antes habíamos hablado? Tú tienes algo que no existe en otro lugar, no reflejas tu miedo ¿A qué le tienes miedo?-

- Claro que ésta es la primera vez que nos encontramos. Mis tenores no tiene por qué saberlos –

- Eres tú quien me  ha hablado cuando juegas con los sonidos de un lugar, los que atrapas en esa maquinita que llevas siempre – Le hablaba mientras la seguía de cerca.

- A ver, para que me deje en paz, como es que pude haberlo espiado y no reconocer nada en usted ahora -

El extraño le recordó una mañana en la que ella estaba sentada en la orilla del río después de un fuerte temporal, Atrapando en su máquina el golpeteo del agua  contra las piedras, luego la acercaba al aire si sentía pasar un ave o si el viento provocaba el choque entre las copas de los árboles. Él estaba al lado de ella observándola, ella lo sintió y le hablo llamándolo guardián de todo lo que allí se movía. Luego se le recostó al lado y ella lo acarició, le volvió a hablar y grabo los sonidos que hacía. Él le manifestó que se había quedado en silencio porque también había llegado hasta ahí para escuchar y que no quería interrumpir lo que ella hacía tan apasionadamente, además le confesó que su forma de escuchar se parecía mucho a la de los animales porque sabe interpretar y entender muchas cosas que otros como ella no.

- Si recuerdo ese día, pero lo que pasó fue que a mi lado llegó un perro que tiritaba de frío, que además estaba mojado y olía a tierra. Quise revisarlo pero apenas sintió la presencia de mi abuelo que volvía por mí se asustó y se fue -

Leila revivió en su mente ese día y notó que la textura de la piel del animal que tocó era igual a la del extraño que ahora la seguía cuando tocó accidentalmente su hombro, tenía la certeza pero no se lo iba a reconocer, el pánico que estaba sintiendo le preocupaba más. No podía correr sabía que eso de nada iba a servir, estaba en desventaja. Así que decidió seguirle la conversación para ver si lograba que la dejara, o ganar tiempo para quedar más cerca de su casa y estando allí gritar para llamar la atención.

- Recuerdo el frío del agua y de las piedras. Los sonidos guardados los he reproducido muchas veces sobre todo cuando trabajo en crear las historias que produzco. Todo eso llega a mi mente, pero no era ese animal mojado el que me espiaba, ese me acompañó mientras usted seguramente se hallaba escondido entre el ruido de las plantas o trepado en algún árbol cercano. Eso de espiar no está bien –

- ¿Dices que te espío? Entonces aquella tarde en la que me encontraba en la casa de las iguanas, cuando llegaste acompañada y te dejaron sola. Encontraste un lugar donde sentarte y esperaste hasta convertirte en un sonido más. Yo me acerqué en silencio para quedarme a tu lado, no miraste hacía donde yo estaba pero si me sentiste llegar y me volviste a tocar. Ese día te llevaste algo mío –

- De nuevo se equivoca, recuerdo ese día, a ese lote donde crían iguanas he ido varias veces y esa tarde de la que usted me habla además de las iguanas me acompañó uno de los pavos que también guardan allí. Lo único extraño de ese animal es que no se  inquietó con mi presencia y se quedó muy tranquilo, como un invitado más al concierto de las señoras iguanas y los otros animales que llegaron en ese momento. Ese día lo único que me llevé fue una pluma de pavo que se quedó entre mis dedos al pasar mi mano sobre su lomo –

- ¿Segura que eso fue todo no notaste algo más? –

- ¡Claro¡ Qué fácil es decirlo, cuando uno está observando las acciones ajenas, ósea espiando, sí noté que el pobre pavo olía a sangre y casi justo de donde se le desprendió la pluma tenía una herida, al tocársela el ave se alejó, eso me llevé una pluma –

- Y mi sangre, por eso desde ese día se dónde estás y cómo estás -

- Esta conversación no está bien, tengo que pedirle que me deje seguir mi camino, se hace tarde y está por anochecer -  

- Señorita no pretendo hacerte daño, permíteme seguirte acompañando, igual aunque no lo hallas notado hace rato anocheció. Estoy aquí por tu compañía como la que con tus propios sonidos das al lugar que llegas, en esos lugares en los que muchos dicen encontrar el silencio tú le das vida a la simpleza. Yo estaba solo por allí y me acompañé de ti, logrando entender que mi soledad se debía a no saber escuchar -

- ¿Tan rápido anocheció? Pero cómo no va a estar solo si se aparece de la nada para asustar a la gente indefensa -

- No ando solo lo que pasa es que a la gente no le gusta verme –

- Nadie mira bien las cosas cuando lo han asustado. Y yo aunque pudiera llegar a verlo no cambiaría en nada el desagrado de conocerlo por la manera en que me abordó –

- Lo físico para mí no significa nada, yo leo miradas. En ti encuentro la paz -

- Sí, pues en mi mirada no puede leerse nada –

- No es necesario leerla, a alguien como tú se le mira completa –

-  (responde con alegría) Bueno, estamos cerca de mi casa, pero eso usted ya lo debe saber porque dice conocer todos mis movimientos –

- No todos ¿Pero cómo sabes que si llegaste a tu casa? –

- Por el olor a la hierba buena del jardín –

- Ves, tus sentidos son los que te hacen diferente, así como me pasa a mí, no veo de las personas lo que llevan por fuera sino lo que los forma por dentro, así como lo haces tú, se te nota –

- Por fin dice algo sensato, pero que puede hacer uno cuando los ojos nunca han reconocido nada, acostumbrarse a depender de sus otros sentidos. Eso me ha hecho saber que usted no hace ningún sonido al caminar y tampoco huele a nada-

- Has demostrado muy bien que no necesitas de tus ojos, eso yo también lo he hecho muchas veces –

- Me imagino, y acabo de entender que ve las cosas de una manera extraña, anda por ahí perdido cualquiera puede confundirlo con un fantasma –

- Señorita no estoy muerto, pero tampoco estoy vivo -

- ¿Qué es usted? ¿Qué lo alimenta entonces? –

- Como carne y bebo sangre como la tuya –

- ¿Qué cosa es algo así como un vampiro? –

- No, y tampoco sé que es eso, soy tu solución y tu mi compañía, déjame acercar y lo sabrás –

- Ya ha estado demasiado cerca, siento demasiado frío y eso no es normal –

- Te estaré esperando, donde estés nombra mi sangre y a ti llegaré, tienes mi recuerdo desde que tu mano me encontró. No me puedo ir y dejarte así lo quisiera porque no es mi decisión, búscame y a tus ojos les daré la claridad -  

Sin decir más se desapareció, alguien salía desde la casa por ella. Leila quedo paralizada con esa respuesta. Al llegar hasta ahí sin que el extraño le hiciera nada, esperaba que se tratara simplemente de un vecino a quien ella no conocía que apareció para incomodarla. ¿Qué era entonces ese ser con esa extraña piel porque andaba detrás de ella? ¿Tanto había escuchado a la naturaleza que había despertado uno de sus seres oscuros e inanimados?


No bajes la guardia la historia continúa en Plumas Negras Capítulo III


SENTENCIA CANINA (Microrelato)

  Gruñía, sin apartar sus ojos negros del ladrón. A través de sus dientes el veneno brotaba espumoso, por esa razón íbamos de camino al ve...