miércoles, 24 de agosto de 2022

Primero el DOS y segundo el UNO



 

DOS

- Escúchame, tengo muy poco tiempo Jesica acabo de escapármele al jefe. No te había podido llamar, el teléfono estaba descargado, ¿Anoche usamos condón cierto? –

- Sí, pude darme cuenta. Había estado llamándolo, porque tengo la misma duda. No encontré nada en el suelo del cuarto ni la basura del baño. –

- No me digas eso, la cosa es delicada, al salir te busco y hablamos, no puedo hablar más tengo que colgar -

Anoche conservó dos copas que se llenaron y vaciaron numerosas veces. Dos orgasmos continuos se vivieron, en el primero ella se puso abajo. Luego pasó arriba. Dos sombras recibió la pared, la de rasgos masculinos al inicio y la del perfil femenino y cabello desordenado, al momento de caer el telón que cerraría el día, con su contagioso como regalo.

 

UNO

Varias tardes lleva Gerardo sentándose a la hora propuesta en las notas arrojadas bajo la puerta, a esperar a que por el costado norte de la plaza llegara al fin ella. Le dijo que se llama Tatiana , sus rasgos: Cabello negro rizado, acabado de peinar, ojos achinados marrones con una misteriosa línea que rodea el iris con un violeta oscuro, labios medianos que caen hacía la izquierda cuando preparan una sonrisa. Al hablar destaca mucho la letra ese en sus palabras, parecen un leve silbido. Ese y el día anterior, cuando Gerardo llegó al local ella tenía en su camisa sobre el hombro derecho una mancha de tonalidad verde, que él no logró identificar bien de que se trataba. No pudo lograrlo porque su atención estaba centrada en ese efecto tranquilizante que le causaban las palabras dichas por ella, además había otro efecto particular en el tono de su voz. Cada vez que decía algo, un estallido levemente imperceptible similar al de una bomba de jabón al reventar se quedaba en el aire como una lluvia de escarcha, colores convertidos en sonidos. Su llegada al lugar había sido hacía la hora de cambio de turno. Por esa razón fue que pudieron hablar sin apuros. Gerardo pensó mucho sobre cuánto le gustaría poseer la habilidad de detener el tiempo. Fue fácil sentir que el agrado era reciproco. Hablaron de las cosas buenas que cada uno tenía para contar. Al final de su segunda charla, ella le había dado su dirección, quería que cambiaran de lugar, que se tomaran ese café allí donde el paso del tiempo no importara. Tatiana le había apuntado la dirección en una servilleta. Lo último que se dijeron en la parada de bus, fue que al otro día él la esperaría de nuevo, para concretar la fecha de su cita en el apartamento de ella. Las cosas no se dieron. Tatiana no sabía que a la mañana siguiente sería despedida de su trabajo sin previo aviso, por esa razón no alcanzó a esperarlo. Contaba con que él llegara a donde ella vivía, lo espero mirando a la ventana a diferentes horas. No tenían teléfonos como comunicarse, únicamente el del local, el del trabajo donde nunca la pasaban porque no estaba permitido sino para los casos de emergencia. Ocasionalmente reciben los mensajes que se dejan, solo a veces. Gerardo por su parte hizo la labor de buscarla, apenas supo que se había quedado sin trabajo y hasta había recomendado entre sus conocidos por uno nuevo. Fue a visitarla a la dirección que ella le había anotado en la servilleta. No tuvo suerte de encontrarla. Decidió entonces empezar a dejarle notas, con el numero de su vecino, el zapatero para que le dejara razón de sus horarios. Gerardo había concluido pensar que si no la había encontrado era por que ella había encontrado pronto un nuevo trabajo, y que el horario le había cambiado mucho a comparación con el del local. En sus notas le dejó la ubicación del lugar en la plaza en la que la estaría esperando. Describió la silla, el jardín y las flores que hay al respaldo de esta, los locales que desde ahí se pueden ver. La vida los había puesto a corta distancia, sin que llegaran a saberlo. Ella trabajaba ahora a media calle del punto de encuentro propuesto. El horario era similar al que tenía antes. La razón de su desencuentro, se debía a que en la dirección copiada en la servilleta le faltaba el número UNO, ese dígito había sido borrado por una mancha de café y en su lugar podía distinguirse otro diferente. 

- ¿Qué mala impresión le habré causado para que no me quiera buscar? - Era la duda que lo asaltaría, de día y de noche.

domingo, 31 de julio de 2022

Mirando arriba


 


Teníamos la costumbre de recostarnos en el suelo con Jorge, sobre el pastal al lado de la cancha de futbol los sábados en la noche, apenas salíamos de su casa o la mía luego de haber visto el capítulo de esa noche en la serie La misión del deber. De fondo teníamos ese techo negro que al despejarse algunas luces dejaba ver, casualmente muchas de esas noches las nubes estuvieron ausentes, nos entreteníamos con el destello de aquellas contadas estrellas que lograban verse. Por largos instantes  permanecíamos en silencio cazando estrellas fugaces. Aprovechando el paso de cada una para pedir los ingenuos deseos, que imaginábamos terminarían haciéndose realidad. Cuando el silencio era interrumpido, presumíamos nuestras novias al tiempo que nos planteábamos preguntas acerca cual sería nuestro futuro en esos años por llegar. Hoy años más tarde en otro lugar, pero en la misma cuidad con mi cabeza cana y con algunas historias pendientes por contar. Me he recostado a interpretar el mismo cielo, como el músico que lee después de mucho tiempo la partitura de una canción archivada, olvidada. En ese pastal, el cielo también había envejecido se notaba opaco, era sábado de nuevo, pero esta vez estaba solo sin ese amigo, sin su amistad, distanciados por el tiempo. En esta ocasión no había silencio, un grupo de jóvenes tenían uno de esos aparatos tecnológicos diminutos con sus estrafalarios parlantes en los que sonaba una canción de esas que llaman hip hop, con una letra muy adecuada a los devenires que empezaban a aparecerse por mi memoria.  

 

“De niño tenía fuerza sobrenatural,

saltaba montañas y despejaba cielos como un vendaval,

tenía hermanos, primos y parceros.

Hermanas, amigas y novias amantes de seda de cuerpos electrizados como los aguaceros.

 

Otra vez de noche. El pasto sobre el que permanecíamos recostados estaba húmedo, unas gotas eran de agua otras del sudor emanado. Aliana arriba mío agobiaba mi cara con el meneo de sus senos, el cielo que alcanzaba a ver tenía una similitud al de esta noche. Ese día el frío fue intenso, en la tarde había llovido, por eso la piel del pecho y del abdomen de Aliana lucía brotada por sus poros cerrados. Mis manos huyéndole al frío se refugiaron agarradas de sus nalgas desnudas debajo de su falda, ayudando a intensificar el ritmo en cada subida y bajada. Con sus manos ella se sujetaba a la pared trasera de la capilla, esa que daba justo al respaldo del altar. La fiesta había terminado a las tres. Nosotros a las cuatro. Agotados de baile y pasión, ella luego de cerrar su blusa se recostó sobre mí sin cambiar de posición. Por encima de su hombro mis ojos buscaban aquella luz estelar que al pasar escuchara mi deseo con la intención, de que pausara ese momento eternamente y que lo cumpliera a cabalidad. Por una hora nos quedamos dormidos, despertamos justo antes de que empezaran a llegar los feligreses para la misa dominical de siete.

 

“ Al que me hizo llorar, al otro que mi risa vio brotar,

al que llamé enemigo y al que como yo hoy recuerda lo que fue visto y lo que se dijo.

Hoy pongo al cielo como testigo, que sigo vivo por lo que cuento recuerdo y revivo.

Eres parte de mi paz, de mis rabias y de los designios,

Si en mi vida estuviste, como cicatriz o caricia vuelvo a sentirte.

Cicatrices como días, caricias como noches”

 

Alguna vez de esas, recostados mirando al cielo han sentido que son atraídos a una caída infinita, o que el cielo al mover sus nubes causa esa sensación de que estamos volando. Con las piernas estiradas sujetaba al pequeño Dilan, lanzándolo hacía ese fondo azul y recibiéndolo devuelto al rebotar con los  algodones blancos, recostado sobre el tapete verde en la planicie de una montaña de la sabana. Dilan reía con todo el ímpetu de su niñez haciendo estremecer mi corazón. Su felicidad era inevitable, yo disfrutaba verlo alzarse en vuelo desacomodando el viento que arriba sostenía las cometas icónicas que cada agosto repuntan sobre el cielo bogotano.

 

“Cuando me vaya no cierres tu puerta sin darle el adiós a mi recuerdo,

por mi parte te voy a llevar en esta canción,

que sabe a ti como a mí porque habla de los dos:

por eso no te alejes disgustado y que te gane la rabia,

cuando en nuestros corazones hay amor todavía.

Cuando el tiempo nos aparte,

nómbrame en paz, como lo hago yo ahora que te llamo a mi lado.

sin pausar

singular

sin parar

sin dudar.”

 

La música se acabó, esa canción desconocida en mis recuerdos se implantó. Mientras mis ojos ebrios de firmamento buscaban a esa estrella que tantas veces los sábados pasó a visitarme, en las diferentes épocas en las que me recosté a esperar cuando llegara a presumir su alegría mientras yo aprovechaba la oscuridad para esconder la sombra mía.


domingo, 17 de julio de 2022

Beso aterciopelado


 

Las bocas están hechas de palabras y los besos son su alma.

 

El aire sabía a sus palabras. Llegó a la tienda como acostumbra en las tardes a abastecerse. Unas veces lleva granos, aromáticas, café, galletas, arroz, algunos paquetes y un par de cervezas. Para que no tenga que caminar lejos de aquí, me he abastecido de algunas legumbres, las que le he escuchado decir que le gusta comprar junto con esas sopas instantáneas y mucho queso.

Su boca esta cerrada, es esquiva y delincuente.

Llevaba cuatro días sin pasar a comprar. Por poco me encuentra esperándola por tercer día en la entrada mirando hacia los dos lados de la calle, a pesar de que sé muy bien por donde es que llega habitualmente. Justo antes de entrarme a atender un cliente que estaba entrando en la tienda, como un animal doméstico, sentí su presencia. Eso nunca me había pasado y tampoco me quise ilusionar, sentí que me estaba sugestionando. Solo me faltó echarme en la entrada y empezar a gemir. Estaba muy atractiva, a pesar de que se le notaba cansada. Sobraba preguntárselo, sentí que no debía hacerlo, por eso mejor decidí obsequiarle dos de esos caramelos que de vez en cuando lleva.

– Llévelos para que endulce su semana, y se escape por un momento de la cotidianidad, un obsequio – Le dije mientras le empacaba lo que compró en la bolsa que siempre carga para sus compras. Su boca dispuso una menguada sonrisa sincera y atractiva.

Boca que sabe lo que tiene. Muerde negando su deseo al tiempo que miente.

Yo no soy muy bueno hablando, se puede decir que soy un ser ahorrativo de palabras. Observo, escucho y respondo. Algunos clientes llegan y se ponen a hablar, a contarme sus vidas sin preguntarles. Mi labor consiste en escucharlos contestando apenas lo necesario. Ese martes se pusieron de acuerdo los clientes frecuentes, me enteré de tantas historias como no me había pasado nunca, muchas de las que la verdad no tenía necesidad de enterarme, quería saber de ella, llevaba varios días pasando de afán, su horario había cambiado. Apenas si se dejaba ver, su tiempo era escaso. Cuando estaba llegando la hora de cerrar llegó afanada saludó, sudaba. Compró, pagó y como si en la puerta hubiera un cartel que dijera, además de atender la tienda me gusta escuchar sus historias, ella también traía la suya. Desconociendo de entrada que me sé muchas de las que tantas veces ha ido hablando mientras usa su teléfono. Me contó sobre un asenso en su trabajo, de lo feliz que eso la tenía, que su tiempo debido a eso se había reducido y que llevaba tres días llegando y encontrando cerrado. Que ese día se había podido escapar antes para poder abastecerse. Había tenido que comprar algunas cosas cerca de su trabajo, mas costosas y de menor calidad. Compró más de lo que podía llevar sin pensar en ello, obligándose a comprar bolsas plásticas. Eso me hizo entender que esa era la oportunidad de poderla acompañar, y de paso poder seguir escuchándola. Se lo hice saber, le pedí que me esperara mientras cerraba, la ayudaría a llevar todo, para que no tuviera que dejar nada. Dejé pendientes las cuentas de cierre para el día siguiente. Caminamos hasta su apartamento, ella era la encargada de llevar las riendas de la conversación. Yo la escuchaba como a una canción, esa que te sabes, no completa, pero que gustosamente estas dispuesto a aprendértela. Al terminar de dejarla con sus compras. Allí de pie en la puerta de la entrada, me regaló en agradecimiento un extraño vaso porta esferos para que le diera uso en la caja registradora. Me despidió lanzándome un beso volador que dejó una estela de neón brillante en su recorrido, hasta alcanzarme.

 

Me debes un beso prometido, que me dispongo a cobrar.

En nuestra conversación, mientras ella decía la mayoría de las cosas. Intercambiamos los números de teléfono, en adelante ella, me regalaría una llamada para pedir que le tuviera listas las cosas que estuviera necesitando. Al cierre la esperaba. Hice poner una reja, por seguridad claramente, para poder atender a los que como ella llegaban tarde. Gracias a ella y su nueva hora de llegada, descubrí nuevos clientes, esa gente nocturna, aquellos que constantemente se la pasan huyéndole al día. Apenas llegaba le hacía pasar, tenía las cuentas listas y empezamos a volver cariño el hecho de acompañarnos, ella vive cerca a la tienda. Yo debo ir un poco más lejos. Para eso utilizo la bicicleta. Nos vamos llevando sus compras, ella lleva mi bicicleta, yo sus bolsas de tela, tuvo que comprar dos más, una sola se quedaba corta y no es de su gusto gastar en bolsas plásticas, al inicio eso me parecía mal. La verdad me pasaba con muchos clientes pensando en mi negocio, no en la razón que los motiva a no gastarse el dinero en algo que después de usado se debe desechar. A la semana de andar en esas, en agradecimiento ella me invitó a comer, en un sitio de comidas nuevo. También empezó a despedirse de beso en la mejilla. Ese fue un avance enorme.

El sabor de tu boca.

Era un miércoles, ella se pudo escapar del trabajo mucho antes, mientras la tienda tenía el aviso que puse el día anterior – Mañana atiendo hasta las ocho de la noche -. Muchos advirtieron que tenía una cita, aunque no me lo dijeron directamente. Desde la hora del almuerzo me había puesto la ropa que llevaría a la cita. La noche tenía un dulce olor a flores.

Al lado de la parada del bus, un local de comidas rápidas tenía la visita de un cliente infrecuente, de mirada atenta a cada bus que se detenía. Pidió solo una bebida, en su mano izquierda una bolsa de papel portaba lo que parecía ser un regalo. Era joven, aunque su semblante se asemejaba al de un hombre mayor.

Desde la parara del bus no tuvimos que caminar mucho hasta el lugar al que ella me había invitado, la especialidad era comida latina y las bebidas también. La música era agradable, ella parecía más ligera, sus movimientos eran sencillos y despreocupados. Estaba diáfana y alegre, esa noche me sentí confiado y hablé tanto como ella, lo que no pude dejar de hacer continuamente fue mirar su boca, a la espera de una señal, de un gesto que le diera la pauta del acercamiento a la mía. De regreso a su casa el tiempo se desprendió de las cosas, todo hacía referencia a ella. Cuando estuvimos en la entrada de su apartamento me agradeció por el regalo, yo por enésima vez lo hice por la invitación. Nos despedimos sin que me lo esperara, ella empezaba a cerrar la puerta sonriendo y fue allí cuando su boca hizo el gesto que la mía entendió de inmediato como la inercia similar que emanan los eclipses formaron una luz y su sola sombra.

Con el ímpetu de cada labio y la necesidad de ese beso extraviado, nos rendimos al tributo inevitable de la atracción.


domingo, 5 de junio de 2022

A un voto de distancia

 


Arnulfo está dejando morir las flores que Margarita cuidó tan bien, pero, qué puede esperarse de alguien acostumbrado a velar únicamente por sus propios intereses, siguiendo los pasos de esas ideologías en las que se quedó enfrascado. Ahora que vienen las votaciones, se le ha dado por ocultar su preferencia, preciso a estas horas del partido. Acá en mi casa pusimos el cartel de nuestro candidato, que tiene todo para ganar al final y ser el escogido para dirigir en los próximos cuatro años. Eso debe ser que este año si entró en razón y ha entendido a quien hay que apoyar. Solo que no pone ningún tipo de propaganda para seguir llevándonos la contraria a los que tenemos la razón.

Ya era hora que entendiera, que se equivocó al elegir ese camino que optó por seguir desde hace doce años, al dejarse llevar por su terco temperamento, y los malos consejos de toda esa gentuza con la que anda. Si las cosas no hubieran sido de esa manera, seguro que hubiera podido estar a su lado el día del entierro de Margarita. Tengo que reconocer que ese ha sido el día en el que más he extrañado esa grandiosa época en que éramos más que vecinos. Ese corazón que espero la política no haya cambiado mucho, debió haber pasado por momentos muy duros en esos días. Sin que ninguno en su familia se enterara, yo le he pagado varias misas a la memoria de la querida Margarita, con ella continué cruzando palabras, una que otra vez cuando nos encontramos por la calle. Hasta estuve por ir a encararlo y pedirle que se retractara de todo lo que me dijo el día en el que decidió inclinarse por el candidato de la oposición, para saber que a pesar de que ganaron en esa ocasión, nada cambio la mala administración hecha por ese tipo por el que Arnulfo votó, fue la peor de las últimas tres décadas. El siguiente mandato fue el del desquite. Tengo que admitir que la cosa no mejoró mucho con nuestro candidato, ese fue otro que dejó mucho que desear. Yo sé que Arnulfo no me va a reconocer que se equivocó, y no puede esperar que de mi parte haga lo mismo. Nosotros con el voto lo único que hacemos es poner al siguiente sujeto arriba. De cagarla se encargan ellos solos, y uno es el que queda mal con quienes se ha encargado de convencer para que den su voto, por el candidato de turno en el partido.

He notado que este año no ha puesto los debates por la radio, para incomodarnos, debe ser que se dio de cuenta que la cosa ya estaba perdida desde el comienzo. Este año tienen un candidato que se ha quedado de lejos en las encuestas, lo que ya viene dándonos la delantera. Me gustaría ver su cara el día de las votaciones finales. Este año si que me gustaría, quedarme con su imagen de derrota por última vez, ya que decidimos radicarnos con Rosalba, debido a la salud de ella, en nuestra casa de Vergara. Cuando pueda regresar de paso, le echaré una mirada por la ventana, si se deja ver. me imagino que el bajonazo por la derrota le durará varios días.

Instalarnos nos ha tomado toda una semana, cada día hacemos las cosas con más lentitud, en especial mi Rosa, está más quedada día por día. Por mi parte no ha sido fácil adecuarme del todo al cambio. Venir por temporadas a la casa siempre fue agradable. Pero entender y acoplarme a vivir todo el tiempo en este lugar es realmente un esfuerzo que estoy haciendo, si Rosalba se pudiera quedar sola como antes, ya me habría regresado. Bogotá me hace falta, todo ha sido por ella. Cuando terminaron las votaciones, ya llevábamos un mes de estar viviendo en este clima cálido que le ha sentado muy bien a ella. Yo no he tenido problema me he aclimatado siempre fácil cuando me ha tocado, aunque después de la dolorosa noticia ya nada volvió a ser igual. Justo el día de las votaciones, regresé a Bogotá para ir al punto de votación. Todo iba transcurriendo normal, en la mitad del conteo de votos ya éramos ganadores, en el momento en el que me iba enterando de la situación, la llamada de mi nieta Lorena me sorprendió. Ella se encontraba con la familia de Arnulfo. Ese día me tuve que enterar de dos asuntos que me pusieron los pies en la tierra como nunca me había pasado. Lorena llevaba ennoviada con Camilo el nieto de Arnulfo, llevaban casi año y medio. En la casa no me habían dicho nada por temor a que les armara un escándalo. Ya se me había hecho raro que no hubiese pasado antes con otro de nuestros familiares. No había terminado de digerir la noticia, estaba por preguntar si Arnulfo estaba enterado, ese hubiera sido un buen motivo para que por fin bajara la guardia y de pronto nos volviéramos a hablar. Eso a él también le debe estar haciendo mucha falta, y más después de llevar dos años de viudo. La voz de mi nieta me regresó de mis cavilaciones, para soltarme la otra noticia que me aplastó el corazón. Esa mañana Arnulfo había fallecido. Una silenciosa pero voraz leucemia se lo llevó en tres meses. De inmediato me fui en busca de mi nieta, ella me dijo que tenía que mostrarme algo, que tenía que ver con mi antiguo amigo y vecino de media vida.

Nos encontramos justo en el hospital en el que lo habían internado desde hacía una semana. Lo que nuestros nietos me tenían era una carta, escrita por Mónica la hija menor de Arnulfo, sentada a su lado escribió lo que él fue dictando,  la despedida de su amigo que no había olvidado a pesar de las absurdas consecuencias de nuestra separación, la carta decía:

Siempre recordado Vicente,

Por medio de las manos de mi hija te escribo, quiero agradecerte por la amistad que me diste, y de paso te pido me perdones las palabras que te dije el día que discutimos a causa de nuestras diferencias en el tonto favoritismo político. Reconozco que a los dos se nos fue la mano con los insultos. En este momento me hubiera gustado tenerte de frente para que tuviéramos una última charla, quizá una discusión sin tener que llegar a palabras mayores. Yo habría descansado al reconocer mi equivocación, pero más que nada reconocer el enorme error de haberme alejado en un amigo tan sincero, temperamental pero entregado a quienes ha sabido amar. Espero tus sentimientos hacía mí cambien y así poder ir en paz al lado de mi Margarita. Yo me voy recordando todos los momentos que desde el colegio compartimos juntos.

Por último, te cuento un secreto. La única vez que voté por un candidato diferente al de tu preferencia fue esa. Lo hice con rabia, sin criterio, pensando en cada momento en las duras palabras que nos dijimos. En los años siguientes, al darme cuenta por cual ibas a votar, le hice fuerza al oponente de tu preferencia solo por llevarte la contraria y que pensaras que definitivamente yo pensaba de manera diferente a la tuya, pero el día de poner la equis, lo hice por el que tú estabas apoyando. Sin mas por decirte, te cuento que por mi parte te perdoné al poco tiempo. Estuve por buscarte, pero no quise enfrentarme a tu orgullo e indiferencia. Me bastaba con espiarte desde la ventana del segundo piso de mi casa, cuando te veía pasar por el frente, mientras escuchaba las bromas de mi Margarita que me decía que parecíamos exnovios negándonos el amor.

PD, te vi escondido en la iglesia en la misa del entierro de mi Margarita, sabía que no ibas a faltarle, gracias.

Me despido recordando nuestra amistad cariñosamente,

Arnulfo Suaza

La débil firma suya tenía esa letra que recordaba, se notaba que había sido hecha con mucho esfuerzo, quizás esa era la última vez que había escrito su nombre. Hice tres pausas al leerla, un llanto de adolescente me agobió. Al terminarla le pedí a los hijos de mi amigo que me permitieran verlo en la morgue, para poder agrácele, antes de que se lo llevaran los funcionarios de la funeraria. Lo pude hacer, me encontré un cuerpo arrasado por los años. Me transmitió su paz, con dolor le respondí la carta hablándole a su cuerpo sin vida, al tiempo que estrechaba su mano que por una extraña razón no sentí fría, estaba tibia después de varias horas, quizá esa fue manera de esperarme para despedirnos. La sujeté con fuerza y cariño, recordando los viejos tiempos y con el dolor por todas las cosas perdidas a causa de idealismos de otros que no nos llevan a nada y sí nos defraudaron continuamente, más rápido de lo que uno logra entender. Hice un par de oraciones por la memoria de Arnulfo y luego me fui a iniciar mi duelo fraternal en la capilla del Hospital. Odiando mi terquedad por alejarme de la amistad verdadera, fui un completo huevón. Enemistado por la equis en un tarjetón, toda nuestra amistad se quebró a causa de esas diferencias frente a dos candidatos que hoy están y mañana se van. Y lo nuestro llegó al odio, cuando fue muy cierto entender que los de la foto en los tarjetones jamás se enteraron de nuestra existencia.

sábado, 16 de abril de 2022

Amelia y su Jesús






 

Ella contaba como fue que vio venir el amor al reconocer en ese hombre las facciones del cristo anclado sobre el altar, un hombre hermoso y piadoso como lo había pedido, lo reconoció entendiendo el designio. Él por su parte había llegado a ese lugar casi obligado a terminar el trabajo de las dos antenas repetidoras que habían sido dejadas a medias. Sus vidas a partir de ese momento estarían llenas de un sinnúmero de coincidencias. Jesús estaba descendiendo de la torre en la que se había trepado para corregir la conexión fallida, ella iba con su hermano menor de vuelta para su casa. Se detuvo a descansar, aún les faltaba camino. En la mente de ella estaban presente las labores que le habían encomendado en su casa, tenía dieciocho años, Jesús veintidós. Por su parte Amelia contaba con dos pretendientes, vecinos de su pueblo. Jesús acababa de terminar la relación de cuatro años con una excompañera de estudio. Ninguno de los dos estaba en busca de un nuevo amor. Ella en su convicción religiosa, trabajaba de voluntaria en la iglesia y no había descartado la idea de entregársele de lleno a la vida espiritual y como lo contaría innumerables veces: Ese día mientras se tomaba un descanso, vio descender a su Jesús terrenal, con su barba y su indumentaria de obrero. Los ojos de ambos se encontraron en un firmamento paralelo. Por su parte él sintió que algo en la base de la torre lo atraía, sintió que estaba siendo llamado por una voz reconocida, no había terminado de soltarse los amarres que lo sujetaban a la estructura, cuando sintió que estaba siendo recibido por los brazos de ella en una conexión onírica. Jesús había estado soñando con ese encuentro, se veía continuamente que bajaba de algún lugar, directo al regazo de una figura femenina con el cabello recogido y la cara despejada, con la expresión alegre y expectante como la que en sus sueños el también tenía. Así se reconocieron. Amelia quedó impactada por ese rostro, más joven que el del cristo del altar, con la barba definida exactamente igual a la del hombre de yeso, la mirada naciente desde ese par de ojos claros, inmaculados y serenos. Ella también sintió que lo estaba recibiendo renacido del dolor mientras era zafado de los clavos de una cruz.

 

Ese día hablaron como dos amigos que se acaban de reencontrar, a sabiendas de que lo suyo no se iba a quedar en la mera amistad. Jesús le hizo entender que quería conocer mejor esas tierras y ella se ofreció a servirle de guía. Comieron y bebieron de lo que el llevaba, hablaron mas de la cuenta, para ser dos personas que se acababan de conocer. Quedaron de encontrarse en la misa de siete del día siguiente, un sábado de febrero. Ella tenía la firme intención de presentarlo ante Dios y pedirle su aprobación, aunque sabía que sobraban los motivos porque su corazón ya se había decidido. Jesús había quedado de devolverse para Bogotá apenas terminara el trabajo, por suerte para los dos pudo demorar su labor hasta el siguiente miércoles, lo que prolongo para la dicha mutua las salidas, las visitas y los paseos de charlas extensas. El día de la despedida temporal, él le dejó sus teléfonos y abonado el dinero en la oficina de Telecom para que lo llamara cada vez que lo considerara necesario. Cuatro meses de ir y volver, les llevó concretar completar la unión por la que son reconocidos. – Cuando en este pueblo de habla de amor, a este par de tortolos es a quien hacen referencias las bocas -

 

Amor vigente, constante e inmutable. Placenteramente contagioso para quienes tuvieron el gusto de compartir algún instante con ellos. Es por eso por lo que en el pueblo todo aquel que quiere destacar las virtudes del amor acostumbra a poner de ejemplo a Amelita y su Jesús, empezando por el cura en su sermón.  

 

– Amelita no me compares con nuestro señor, eso es pecado. Yo solo cuento con la gracia de llevar su nombre – le dijo una vez él ante la insistencia de ella de compararlos físicamente.

 

Aunque su vida de casados transcurrió en su mayoría en su casa de Bogotá, donde sus cinco hijos crecieron, hasta que la vida se los llevó a migrar buscando lo suyo cada uno. Luego la llegada de los doce nietos con los primeros cuatro bisnietos. Para esa época de los bisnietos, ya se habían regresado al pueblo, para radicarse y continuar con el giro de la vida que los dejaba igual a como salieron la primera vez solos, después de la boda frente al altar que tantas promesas y peticiones le cumplió a ella, desde niña hasta su ultimo embarazo, que la sorprendió un martes de pentecostés orando fervorosamente al tiempo que rompía fuente. De nuevo en su tierra, continuaron con la fuerza de esos novios jóvenes que se esperaban carta en mano para contarse, las vivencias en la ausencia del otro. Las cartas acostumbraban a leerlas uno frente al otro, reviviendo el momento en el que apartados la escribieron, allá en la intimidad de sus habitaciones, una en Bogotá la otra acá en el pueblo. Los tórtolos andaban de la mano para donde quieran que fueran, cenaban en los restaurantes, se daban regalos sorpresas y serenatas. En las fiestas bailaban como adolescentes. Su pasión y contemplación permanecieron intactas. Su iglesia, la favorita, la de los bautizos, las bodas de sus hijos y la de los dolorosos sepelios. Los recibió un mes antes de su ultimo beso, para celebrar lo que serían sus bodas de oro, homenajeados a cargo de la administración del pueblo vigente en ese momento.

 

Por las tardes y algunas mañanas caminaban por el pueblo, tomados de la mano. Muchas veces se les vio sentados recibiendo el nacimiento y las puestas del tibio sol característico de este lugar, sentados de la misma manera sosegados como para una foto. De la misma manera como la que serían encontrados esa mañana de julio al fondo, justo al final de la senda formada por los árboles, sus figuras permanecían inmóviles, sentados, recibiendo el dulce calor de la mañana que le daba forma a lo único en ellos que se conservaba con vida, su sombra. Enmarcando lo que un desprevenido poeta supo plasmar al verlos, así juntos fundidos en un abrazo. El poema que se puede leer labrado en el monumento:

 

Esta mañana,

 

El chocolate del desayuno

en todos hogares se avinagró.

La misa de siete

Su ausencia declaró presente,

 

 

El cristo del altar

soltó lágrimas de felicidad.

Ese hombre de yeso

recibió a bien el suceso.

 

A los embajadores del amor

el idilio los embarcó.

Testificando firmó el alba

en una sombra la mañana.

 

Amelia murió al lado

del hombre que santificó,

lo hizo padre y abuelo

mientras él día a día la enamoró.

 

Espiritual fue el último vuelo

de nuestros amantes por su pueblo.


La procesión que acompañó los cuerpos tuvo un gesto que se les dio a todos sin acuerdo alguno. Todos iban tomados de la mano, con fervor, con amor, y a la manera de nuestros padres indígenas los cuerpos fueron acomodados en un solo ataúd por petición de los amantes: - Juntos el cuerpo y el alma en la tumba como en la cama -. Para recordarlos in memoriam el parque conserva un romántico monumento con dos aves tórtolas fundidas en un beso eterno.

 

“CON AMOR RECORDAMOS A AMELIA Y JESUS QUE FALLECIERON SENTADOS UNO JUNTO AL OTRO EN ESTE PRECISO LUGAR”.

viernes, 11 de diciembre de 2020

Ciudad Muerta ( Parte 2 - final)

 


Job y Mark resultaron tener un conocido en común, lo que hizo que el hombre nos tratara con mayor confianza. Por esa razón nos invitó a que descansáramos en la casa desde la que se suplía con el agua. La tenía adecuada con corriente, era enorme, la mantenía cerrada con candados ocultos, puertas y ventanas aseguradas con unas rejas gruesas, para con la misma corriente que producía mantenerlas electrificadas, de esa manera evitaba los saqueos, debido a que la descarga era mortal. Podíamos quedarnos por varios días si lo hubiésemos querido, pero como ese no era nuestro plan, aunque la oferta sonó bastante tentadora. Aceptamos porque necesitábamos retomar fuerzas y un descanso que superara las cuatro horas de sueño al que la mayoría estábamos acostumbrados a tomar, sin la zozobra de tener que permanecer alerta y con los relevos de la vigilancia. Pudimos darnos un baño decente. Comer con calma y preparar una sopa con suficientes ingredientes, que nos supo a gloria, incluso de su reserva Job nos compartió café y un aguardiente que el mismo sabía preparar. Nos quedamos por dos días. Negociamos una de las gallinas y una pareja de palomas de la raza de las mensajeras que llevaba Colt, a cambio de uno de los gallos que el señor conservaba y no había sacrificado porque sabía que llegaría la hembra para poder sacarle cría y disfrutar algún día de las delicias que se podían aprovechar con su carne.

Al despedirnos, nos dio las indicaciones con respecto al lugar que realmente estábamos buscando. Su hijo Malcom lo había encontrado, considerando que era el lugar adecuado para instalarse y dejar esa zona de clima helado cuando su padre a fin lo decidiera. Al despedirnos padre e hijo nos regalaron un reproductor de música que Perci llenó incluso con las canciones del CD de Cora. Recargó dos de las baterías de carro que llevábamos. Las demás se las dejamos porque nos dio un panel con el que podíamos recargar linternas y todos los dispositivos que hasta ese momento habían permanecido inútiles, por último nos dejaron un Walkie Talkie para que nos pudiéramos comunicar con ellos o con Malcom si llegábamos a estar cerca de él. Según los cálculos de Mark, el viaje hasta ese lugar nuevo nos tomaría dos días y medio. Iniciamos el viaje con la esperanza recompuesta y el cuerpo descansado.

Durante el camino recolectamos cuanta cosa nos parecía útil para el asentamiento, avanzamos  a buen ritmo. Habiendo salido de la cuidad la cosa se mostraba gentil, tuvimos muchas horas para hacer actividades que el agobio no nos había dejado. Leímos, gozamos de la música y los resultados de la caza nos dejó especies que le dieron otra vida a las comidas. El café que nos fue regalado lo tomábamos ceremonialmente y rematábamos con la buena reserva de aguardiente, lo único que nos hacía falta a los solteros era una pareja para el regocijo y los ejercicios sexuales. Al llegar al punto en el que nos faltaba un día para llegar, ocurrió el suceso que fragmentó el grupo. Nos encontrábamos descendiendo la ladera de una montaña. Cuando fuimos advertidos por los que iban a la parte delantera para que buscáramos escondite. Adelante por el cruce que llevaba a un valle, se veía venir una cantidad de gente que nos superaba por más del doble. Colt, Mark y los demás hombres vigilamos la situación. Se trataba de la tropa, sobre de la cual nos habían prevenido Job y sus hijos, gracias a los informes que días antes de desconectarse les había hecho Malcom. Esa gente tiene por ley, una dictadura rastrera y demoledora como una plaga. Roban y acaban todo a su paso. Nuestra acción debía ser la de evitarlos, una batalla con todas las de perder se avecinaba. Todo estaba sujeto a tomar la mejor decisión. Huir era lo más sano. Debíamos dividirnos en ese punto, decidir quiénes serían los voluntarios que se encargarían de llamar la atención para obligar a esa gente a desviar de camino. De nuestros mejores peleadores seis se ofrecieron, querían ir mas pero no podían dejar al resto desprotegidos, dos de ellos eran los mejores con las caucheras y el excéntrico Drew, quién además era el mejor cazando. Sacó de su reserva su arma secreta de la cual nadie tenía conocimiento y que él había tenido escondida solo para usar en el momento adecuado. Se trataba de las dos únicas armas existentes entre el clan, una automática con tres cartuchos y diez tacos de dinamita. Con el asombro y el dolor de todos, los seis nos dejaron para ubicarse en el punto más alto, donde se encontraba el descenso al valle y al cual la tropa estaba por llegar. Escondimos todo entre los arbustos y los siguientes peleadores nos ubicamos estratégicamente escogiendo la copa de los árboles, para poder ver el ataque de los seis, que iba a ser a muerte. Asustados como nunca, nos instalamos con caucheras y maleras llenas de piedras como únicas armas de largo alcance. Era el medio día, lamentamos que eso no hubiera sucedido en la noche, quizá así no hubiésemos tenido que darles frente escabulléndonos o dando la vuelta para evitarlos por otro camino. El destino nos tomó de frente como había sabido hacerlo desde que nos tocó vivir esta situación. Seguramente en otros lugares la cosa debía de ser pacífica.

Media hora después de estar listos pude ver a los seis preparando todo para empezar la arremetida. Sin preámbulos el primer taco de dinamita encendido surcó el aire tibio del lugar para destrozar la tropa justo en la mitad. Me dolió ver que no eran solo hombres los que marchaban. Quise pensar que por la cabeza de Drew paso un pensamiento igual al mío, pero sabiendo lo que esa gente venía haciendo, no había otra opción. Tres tacos más fueron lanzados estratégicamente. Lo que no les dio tiempo de recuperarse. Dos incendios se propagaron escandalosamente, los estallidos coincidieron con dos tanques de algún combustible, la mortandad fue fatal. Del montón unos hombres con perros emprendieron camino en busca de los seis, no llegaron muy lejos, el quinto cartucho cayó arriba de ellos provocando un derrumbe de piedras y tierra que los sepultó. Drew y los demás emprendieron la huida. Con el tiempo y la distracción puestas a favor reanudamos camino, el sol había caído lo suficiente llamando así la noche.

Cuando estábamos a pocas horas de llegar al destino. Nos encontramos con un hombre joven, quien iba acompañado de una mujer, una joven de mi generación y una pareja de niños. Nos saludaron pacíficamente, se reunieron con Mark y Colt. Hablaron y al enterarse que nuestro destino era el mismo pidieron unírsenos. Fueron integrándose, eran los únicos que habíamos aceptado en todo el camino de toda la gente que nos cruzamos, por nuestro cuidado habíamos decidido no aceptar personas nuevas hasta no estar instalados y entablar las reglas acordes. Ellos también andaban prevenidos como familia, aunque todos dudamos que lo fueran en verdad. Hablábamos con tacto, solo hasta que uno de nosotros notó que el hombre llevaba un radio igual al que Job nos había dado y precisamente cuando el hombre nos indagaba por como habíamos optenido el panel solar, hacía muchas preguntas. Tuvimos miedo de que fueran sobrevivientes de la tropa, y que el radio que llevaban lo habían robado a su dueño. Para suerte de todos resultó tratarse del mismísimo Malcom, lo supimos apenas nombramos a Job. Malcom nos contó que llevaba días sin poder entablar comunicación con su papá, debido a que se había topado de frente con la tropa y había sido tomado rehén, le habían quitado todas sus pertenencias, dejándolo incomunicado y sin poder dar aviso a su hermano. Pensando que no podría llegar a escapar trabajó en disuadir a sus cuidadores, sin lograr conseguirlo, se resignó. Hasta que la mujer que iba con él, usó su influencia sobre otros que se encontraban en las mismas condiciones, decidieron ayudarlo a escapar para que con su radio pudiera prevenir a quienes en adelante llegarían a encontrarse a la despiadada tropa. Macolm llevaba el mismo destino que nosotros para allí poder volver a comunicarse y retransmitir, salvando a otros como nos había ocurrido gracias a sus informes dados a su padre. Allí, en ese lugar al que íbamos, había dejado un panel con el que volvería a conectar la radio. Le urgía hablar con su padre. Con el nuestro pudo hacerlo y advertir sobre la llegada de la tropa para que estuvieran prevenidos. No habíamos alcanzado a contarle lo sucedido en nuestro encuentro con la tropa, apenas los pusimos al tanto, todos ellos celebraron. Las mujeres con lágrimas en sus ojos, porque habían sido abusadas por miembros de esa gente durante su secuestro también.

Al fin llegamos al lugar, la ayuda de Malcom fue crucial, conocía el camino a la perfección. Nos instalamos cerca de un río. Malcom arreglo su panel con las herramientas que llevábamos, volvió a organizar su maleta y apenas estaba recibiendo la despedida, la cual incluyó una celebración, yo aproveché para decirle que me le quería unir. Sentí el despertar de mi alma aventurera y sabía que a su lado iba a aprender muchas cosas que en ese bello lugar no, además sentía que mi servicio para el clan hasta ese momento había terminado. La chica que llegó con Malcom y yo habíamos empezado a entendernos bien. Ella se llama Melissa y tampoco quiso establecerse con el clan. Al día siguiente luego de comer y abastecernos, nos despedimos, en mi caso no fue posible evitar las lágrimas, finalmente todos se habían convertido en esa familia que ni siquiera había estado buscando. Estuvieron por convencerme de que mi lugar era con ellos, pero pudo más mi deseo de ayudar a otros que seguramente la estaban pasando mal, en lugares menos agraciados.

Fue así que el viaje del peregrino de la radio ambulante y sus dos aprendices daba  comienzo a una nueva parte de la historia.

sábado, 5 de diciembre de 2020

Ciudad Muerta (Parte 1)

 







La ciudad ausente de fuego, apremiaba por quienes pudieran fabricarlo. Nosotros teníamos un experto en exorcizar el demonio flameante de cualquier madero.

Nuestros huesos urgían por un poco de calor. Existía el rumor de que la única planta eléctrica que todavía funcionaba estaba cerca. Nadie estaba seguro de su ubicación precisa, en el fondo perseguíamos un mito. Pero las fuentes eran confiables. Cora la mujer de ojos ocultos tras un tatuaje a manera de antifaz  y dos de sus acompañantes amenizaban el camino cantando los etéreos temas de Confort y Música para volar, tenían el CD pero no había como reproducirlo, ese era para mí el afán apremiante, mi cuerpo extrañaba el sonido de la música por encima del frío desgarrador. “Come de mí come de mi carne, tomate el tiempo en desmenuzarme” desafiábamos la inclemencia del clima, cantando. La ropa de todos parecía ser oscura. Sin luz en la penumbra todos los colores se ven iguales. Debido a que la ciudad con sus constantes y densas nubes, tenía el único atractivo en sus bajas temperaturas, encontrarse a otras personas con nuestras intenciones pacíficas era una lotería, la noche le daba a todo el aspecto de un enorme cementerio, en el que los seres intangibles se movían a sus anchas y las edificaciones usaban sus ventanas como ojos para velar nuestra marcha. Si escuchamos algún ruido, nos dirigíamos al lugar en busca de la razón, que casi siempre se trataba de algún animal, y con ello la posibilidad de poder encontrar carne, con la ayuda de Franco, un perro marrón que se había convertido en nuestro guía y amo de los hallazgos fortuitos. Debíamos tener gran cuidado sobre todo al ingresar a las casas viejas, porque el deterioro nos había jugado unas pasadas truculentas en las que hasta Franco había caído y por esa razón llevaba una de sus patas traseras lastimada. Nuestro recorrido se debía hacerse en las noches, debido a que los contados habitantes se resguardaban juntos para compartirse el poco calor. Estaban en agrupados al igual que nosotros , eso había hecho que tuviésemos encuentros con enfrentamientos para no dejarnos robar las cosas útiles que teníamos recolectadas, pocos eran los momentos de poder hacer intercambios amistosos.

Entre nosotros estaba Kurt un pelao de unos dieciséis que tenía un talento especial para contabilizar el tiempo, ya que los pocos relojes que había en el inventario funcionaban con enormes diferencias horarias. Él se encaraba de tenernos al tanto y de advertirnos cada que pasaban dos horas  para detenernos a descansar un poco. Para guiarnos estaba un hombre que superaba los cuarenta, Mark, él se conocía la cuidad tan bien que aprovechaba cada atajo para que ganáramos el tiempo necesario, que le restaba metros alentadores al recorrido. También había sido quien había podido ubicar con precisión donde se encontraba el lugar al que nos dirigíamos, que a punta de señas nos había sido dado. Por esa razón era que nos habíamos embarcado en ese peregrinaje. Esa noche logramos encontrar un lugar adecuado para preparar alimentos usando fuego, de las manos de Yulls, talentoso a la hora de hacerle brotar fuego a la madera friccionando de la manera adecuada, y como lo decía Mark, a la manera de la vieja escuela. De lo único que debíamos cuidarnos era que el destello de la llama no pudiera verse, para eso teníamos una campana metálica que además de ocultar las llamas, funcionaba como un calentador y el humo lo desviábamos mediante un tubo para que no nos delatara acomodándolo a nuestra conveniencia, para que pudiéramos acercarnos lo suficiente a apaciguar el insoportable viento gélido por turnos. Los más vulnerables podían aprovechar para dormir. Mientras el resto trabajábamos en la preparación de la comida de acuerdo a como nos correspondiera el turno. En nuestro clan existía una ley que no podía sabotearse, cada uno debía enseñar a los otros sus conocimientos y destrezas, de tal manera que si esa persona cambiaba de rumbo o le pasaba algo grave, los que mejor le hubieran aprendido lo sucedían. Eso también sería útil si llegado el caso nos tuviéramos que separar, cada uno tendría los conocimientos suficientes para afrontar el peregrinaje solo, o por si el grupo debía reducirse. Además todo lo que pudiera aprenderse, iba a ser un recurso formidable para la segunda parte de nuestro plan, encontrar un lugar, para radicarnos. Un lugar con mejores condiciones ambientales, con tierra para sembrar, agua potable, la poca que quedaba, el lugar en donde armar nuestro propio hogar, para dejar de ser nómadas buscadores y además liberarnos de nuestra carga que aumentaba a medida que nos encontrábamos cosas todavía útiles. Muchas de estas no serían usadas en nuestro recorrido inmediato. Pero de acuerdo a lo planeado serían primordiales para cuando arribáramos. Todos estábamos enterados de cada paso del plan por el bien común, lo cual mantenía nuestras mentes enfocadas en lograr coronar completos.

A la mañana siguiente antes de que amaneciera por completo, habíamos ubicado un lugar en el que nos quedaríamos a descansar, para dormir por turnos y recobrar las fuerzas necesarias, que la noche nos exigía para seguir. Todos nos encontrábamos descansando cuando los vigías dieron la alarma. Estábamos siendo asediados por unos saqueadores que al ver la cantidad que éramos y las cosas que llevábamos, preparaban el ataque para robarnos. El primer paso defensivo que debemos llevar a cabo, apenas se presenta un ataque es empezar a armar el caracol. Este consiste en ubicar el centro de la situación y allí poner a los más vulnerables, junto con las cosas de importantes,  en ese orden ir enroscándonos hasta que en las dos últimas vueltas de la espiral queden los peleadores mejor dotados que le hacen frente directo al rival. Contando con la suerte de que los mejores tiradores de las caucheras estén lo mejor ubicados para que a punta de pedradas den de baja al mayor número atacantes. Lograr que los tiradores  se ubiquen es elemental y nos ha funcionado tanto que el ataque no logra hacer daños importantes. Pero como nuestra estrategia no depende linealmente de nuestro rígido orden, porque de acuerdo a la distribución de las cosas que nos rodeaban varían los flancos desprotegidos y las veces que el enemigo los encuentra o dan con la suerte de topárselos, es por ahí que podemos tener bajas importantes. Así nos ocurrió esa mañana, por dos flancos recibimos ataques que si no hubiera sido por la reacción oportuna uno había sido roto permitiéndoles llegar al centro. En resumen las perdidas jugaron a favor, la suerte además nos favoreció, el grupo de saqueadores fue ínfimo a comparación de nuestros números. Por esa razón pudimos esperar hasta que todos nos alimentáramos. La comida consistió en un caldo hecho con dos enclenques buitres que habían sido  cazados, gracias a la carnada de dos ratas muertas que se les habían dejado. Durante ese corto lapso de tiempo pensé, de nuevo, en mi rabia sobre esa época en la que me había tocado vivir. Ese ambiente hostil constante en el que debíamos estar alerta de todo y cada persona ajena al clan significaba un enemigo potencial. Me hubiera gustado haber vivido en aquella en la que la gente tenía otro tipo de experiencias, existían familias completas y se compartían otras cosas que nada tenían que ver con lo que a diario nos enfrentábamos. Odiaba además a todos los que provocaron el colapso de la sociedad y sus recursos, definitivamente no pensaron en el futuro, por lo menos eso decía constantemente el viejo Colt quien nos contaba historias de esos tiempos en especial, él pudo vivir esa última epata de la sociedad decadente, lloraba recordándolo. Por mi parte me hubiese gustado vivirlo y haberme quedado allí, sus historias eran fantásticas y fantaseaba siendo el protagonista de muchas de ellas. Las dos últimas peleas dejaron por nuestro lado muerto a Chess el cuentero que con sus narraciones inventadas amenizaba las pausas, además quedó destrozada la carroza donde llevábamos las tres gallinas que hasta ahora habíamos capturado. Así que la mayoría de las veces que hemos logrado encender el fuego por menos de una hora. Para evitar asedios. Aprovechamos para poder azar los animales cazados y guardar su carne tostada, que en el camino nos podemos repartir y de esa manera descansar de la que se lleva salada, que es la mayoría ya que la azada es una suerte por el tiempo y el riesgo que nos lleva.

Todos tenían una función definida, yo hacía de todo, pero al final sentía que no encajaba, que mi vida no era esa. Sentía que estaba viviendo un sueño forzado, recurrente, odioso. La única cosa que tenía definida era acompañarlos a todos hasta encontrar el lugar para que los demás se radicaran. No me veía del todo con ellos y mi primera intención era devolverme a buscar a aquellas personas que habíamos marcado para rescatar. Gente sola radicada en ciertos lugares pero que no duraría mucho, también algunas familias con uno que otro niño sano. estas personas merecían ser llevadas a ese lugar para que no afrontaran la desdicha solos.

El día se pasó muy rápido. Cuando todavía no estábamos preparados para reiniciar la marcha. Mark nos reunió a todos. Pidió que comiéramos antes de lo acostumbrado. Había estado revisando la zona detenidamente, sacó los cálculos necesarios y llegó a la conclusión de que si esa noche caminábamos haciendo una parada de una hora apenas, podíamos llegar al lugar en el que debía estar la planta, antes o un poco después del amanecer. Esa noticia nos dio el entusiasmo que necesitábamos para dejar el cansancio de un lado. Por mi parte había podido dormir únicamente hora y media, no podía quejarme, Mark solo había dormitado por veinte minutos. Nos encaminamos a media marcha, no era necesario apresurarse, con los cálculos a ese ritmo el pronóstico de Mark daba tal cual nos lo había dicho. La noche avanzó a grandes pasos, no se presentaron inconvenientes y hasta logramos inspeccionar una fábrica de telas. Nos hacía falta algo así, sobre todo para cubrirnos del frío en los momentos en que el clima nos obligaba a hacer paradas no planeadas. Por su parte la temperatura fue agradable, así lo sentimos casi todos. Pero la verdad yo percibí que la ansiedad por logar llegar al fin, nos envolvía, así que el clima paso a un segundo plano. El cálculo de Mark falló una hora diez minutos luego del amanecer según las cuentas de Kurt. El lugar al que llegamos nos dejó desinflados. La planta eléctrica estaba destrozada completamente, con las torres caídas y un silencio sepulcral. Algunas de las mujeres lloraron desconsoladas. Lo que más nos impactó fue ver la cara de Mark, se notaba vencido y desorientado. Buscamos donde detenernos a recobrar fuerzas, los que más cansados se encontraban se tumbaron en el suelo para dormir, en realidad éramos todos pero alguien tenía que montar guardia. Dejaron la decisión de ese trabajo a quienes nos ofrecimos a cuidar. Mark pidió perdón por lo sucedido, pero nadie se lo reprochó. Finalmente ese era un riesgo posible, así que todos aceptamos entendiendo la mala suerte.

De vigilar nos encargamos diez personas, dominados por la desilusión. Pasada una hora, a nuestro lado llegó Mark. No advertimos cuando se había alejado de todos, al verlo pensamos que se había apartado para dejar salir la rabia y la culpa que él mismo se estaba poniendo a cuestas. Llegó afanado, nos puso en alerta su llegada abrupta, pensamos que se aproximaba un ataque por su expresión afanosa. Pero la sonrisa que le llenaba el rostro, nos tranquilizó justo cuando íbamos a dar la alerta. Había logado encontrar la ubicación de la planta. Estaba oculta. La que teníamos ante nuestros ojos al parecer era una fachada para despistar a los mal intencionados. Logró encontrar una puerta, en el papel que llevaba las indicaciones del lugar, tenía apuntada una dirección con una letra diferente a la suya, no la había revisado antes porque creyó que era un apunte por aparte que ya había estado en el papel desde antes de poner las indicaciones con su puño. Al momento de preparar el ingreso, organizó un grupo pequeño para que le ayudaran a llevar diferentes cosas que usaría para proponer intercambio, cosas que consideraba serían útiles para ser usadas en el lugar. comida, elementos electrónicos, dos baterías, música y una que otra curiosidad. La comitiva estaba formada por cinco personas incluido yo. Mark en el momento de hablar con quién le dio las indicaciones, fue informado de los gustos el hombre que mantenía el lugar, eso consideraba él, era crucial poder ingresar y recargar las baterías que mucho nos podían servir. Entre las cosas que llevamos también habían dos linternas recargables que habíamos estado necesitando con urgencia, una de esas estaba golpeada y algo le sonaba por dentro, la levamos para averiguar si tenía solución o si estaba dañada, guardábamos la esperanza de que no. Antes de dirigirnos a la entrada, Mark pidió que otra persona nos acompañara para que se quedara en la puerta, esperando por si se necesitaba algo más. Con la aprobación de todos él tenía permiso para ofrecer hasta comida de acuerdo a las cosas útiles que encontráramos en ese lugar. La carne seca, una de las gallinas y las legumbres que el viejo Colt con Sheila la pareja de Mark cultivaban en una de las carrozas provistas para ello. Al inicio del recorrido, todos teníamos una carroza propia con nuestras cosas, pero cuando el clan se fue armando y decidimos empezar a hacer el recorrido, con el rumor de la existencia del lugar en el que nos encontrábamos, los más experimentados y los mayores decidieron que solo nos llevaríamos cuatro. Muchas de las que teníamos las usábamos para dormir en las noches, y eran muy útiles. Hechas de madera y partes plásticas de muebles o construcciones abandonadas. Eran nuestros techos ambulantes que durante el recorrido habíamos tenido que cambiar por retazos grandes de carpas y plásticos que enrollábamos a las carrosas para que se pudieran cargar mejor. Desde donde inició el viaje, todos dejamos cosas importantes para hacer más cómodo el recorrido.

El lugar estaba habitado por un hombre de mayor edad que Mark junto con su hijo adolescente, nos recibió en una bodega subterránea, que mantenía y cuidaba con sus propias medidas de seguridad, contaba con un equipo de transmisión radial, el lugar pasaba inadvertido gracias a su hermetismo. El hombre cuenta con un sinnúmero de dispositivos y aparatos eléctricos muy parecidos a los que se encontraban deteriorándose en las casas abandonadas. Todo allí funcionaba. La planta tenía armados en su interior unos molinos que eran los encargados de generar la electricidad para todo lo que necesitaban. Lo más impactante era el techo corredizo que dejaba ver el cielo en muy buena parte, antes de encontrarlo creíamos que lo mejor del lugar eran las cámaras como la que tenía oculta en la entrada por donde ingresamos, por la cual nos identificó, aunque realmente ya nos había visto por la del techo. El techo daba justo sobre la huerta que el señor llamado Job junto con el joven Perci, mantenían cultivada. Propusimos el trueque y contrario a nuestros pensamientos sobre lo que nos iba a pedir. Job quiso saber si llevábamos agua, puesto que la que el logaba reunir venía de un sistema canalizado desde un tubo que llegaba a una casa aledaña, con esta tenía un problema, solo podía usarla para regar sus plantas y de vez en cuando para bañarse. La otra opción que tenía era la que filtraba por el techo decantada por la humedad y las lluvias. Por nuestra parte teníamos la que usábamos para comer cargada en la cantidad de recipientes plásticos que llevaban las carrosas atados alrededor. Debido al clima no podíamos bañarnos continuamente, las mujeres eran la que si aprovechaban cada fuente de agua para asearse cuando se podía, aprovechando los mismos lugares en los que nos deteníamos a abastecernos. El agua nuestra no era transparente como nos contó Colt que debía ser, siempre tenía un color amarillento, pero aun así tenía mejor aspecto que  la del señor Job. Nos contó que tenía otro hijo, el mayor quien los había dejado para dedicarse a explorar. Y cuando regresaba le llevaba semillas y aquellas cosas útiles que no tenía, de a poco habían ido dándole a ese lugar el aspecto y la vida que le permitían vivir cómodamente. Su hijo mayor conocía muchos lugares y personas que se habían instalado, como ellos, donde subsistían supliéndose  y aprovechando los medios que el lugar les daba.  

El hijo mayor de Job se llama Malcom, quién llevaba un transmisor de radio con el que reproducía música y animaba a quien lo escuchaba a conservar las cosas aprovechables en los diferentes lugares que iba pasando. Cuando deja de transmitir, su hermano toma el control desde la planta programando la música del gran repertorio que han logrado reunir. Con Perci estuve hablando y a pesar de que somos de la misma generación tiene el comportamiento de una persona adulta, pero agradable. Él me contó que su hermano lleva una batería de panel solar consigo, mediante la cual les es posible estar constantemente comunicados. Además de un walkie  talkie potente para cuando necesitan hablar directamente.


¿El clan habrá caído en una trampa al llegar a ese lugar tan equipado?

¿Es verdad lo del segundo hijo?

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 https://rudyantoniosilva.blogspot.com/2020/12/ciudad-muerta-parte-2-final.html





SENTENCIA CANINA (Microrelato)

  Gruñía, sin apartar sus ojos negros del ladrón. A través de sus dientes el veneno brotaba espumoso, por esa razón íbamos de camino al ve...