Arnulfo está dejando morir las flores que Margarita cuidó tan bien, pero, qué puede esperarse de alguien acostumbrado a velar únicamente por sus propios intereses, siguiendo los pasos de esas ideologías en las que se quedó enfrascado. Ahora que vienen las votaciones, se le ha dado por ocultar su preferencia, preciso a estas horas del partido. Acá en mi casa pusimos el cartel de nuestro candidato, que tiene todo para ganar al final y ser el escogido para dirigir en los próximos cuatro años. Eso debe ser que este año si entró en razón y ha entendido a quien hay que apoyar. Solo que no pone ningún tipo de propaganda para seguir llevándonos la contraria a los que tenemos la razón.
Ya era hora que entendiera,
que se equivocó al elegir ese camino que optó por seguir desde hace doce años, al
dejarse llevar por su terco temperamento, y los malos consejos de toda esa gentuza
con la que anda. Si las cosas no hubieran sido de esa manera, seguro que hubiera
podido estar a su lado el día del entierro de Margarita. Tengo que reconocer que ese ha
sido el día en el que más he extrañado esa grandiosa época en que éramos más que
vecinos. Ese corazón que espero la política no haya cambiado mucho, debió haber pasado
por momentos muy duros en esos días. Sin que ninguno en su familia se enterara,
yo le he pagado varias misas a la memoria de la querida Margarita, con ella continué
cruzando palabras, una que otra vez cuando nos encontramos por la calle. Hasta estuve
por ir a encararlo y pedirle que se retractara de todo lo que me dijo el día en
el que decidió inclinarse por el candidato de la oposición, para saber que a pesar
de que ganaron en esa ocasión, nada cambio la mala administración hecha por ese
tipo por el que Arnulfo votó, fue la peor de las últimas tres décadas. El siguiente
mandato fue el del desquite. Tengo que admitir que la cosa no mejoró mucho con
nuestro candidato, ese fue otro que dejó mucho que desear. Yo sé que Arnulfo no
me va a reconocer que se equivocó, y no puede esperar que de mi parte haga lo
mismo. Nosotros con el voto lo único que hacemos es poner al siguiente sujeto arriba. De cagarla se encargan ellos solos, y uno es el que queda mal con
quienes se ha encargado de convencer para que den su voto, por el candidato de turno
en el partido.
He notado que este año no ha
puesto los debates por la radio, para incomodarnos, debe ser que se dio de cuenta
que la cosa ya estaba perdida desde el comienzo. Este año tienen un candidato
que se ha quedado de lejos en las encuestas, lo que ya viene dándonos la
delantera. Me gustaría ver su cara el día de las votaciones finales. Este año
si que me gustaría, quedarme con su imagen de derrota por última vez, ya que
decidimos radicarnos con Rosalba, debido a la salud de ella, en nuestra casa de
Vergara. Cuando pueda regresar de paso, le echaré una mirada por la ventana, si
se deja ver. me imagino que el bajonazo por la derrota le durará varios días.
Instalarnos nos ha tomado toda
una semana, cada día hacemos las cosas con más lentitud, en especial mi Rosa,
está más quedada día por día. Por mi parte no ha sido fácil adecuarme del todo
al cambio. Venir por temporadas a la casa siempre fue agradable. Pero entender
y acoplarme a vivir todo el tiempo en este lugar es realmente un esfuerzo que
estoy haciendo, si Rosalba se pudiera quedar sola como antes, ya me habría regresado.
Bogotá me hace falta, todo ha sido por ella. Cuando terminaron las votaciones,
ya llevábamos un mes de estar viviendo en este clima cálido que le ha
sentado muy bien a ella. Yo no he tenido problema me he aclimatado siempre fácil cuando me ha tocado, aunque después de la dolorosa noticia ya nada volvió a ser igual. Justo
el día de las votaciones, regresé a Bogotá para ir al punto de votación. Todo iba
transcurriendo normal, en la mitad del conteo de votos ya éramos ganadores,
en el momento en el que me iba enterando de la situación, la llamada de mi nieta Lorena me
sorprendió. Ella se encontraba con la familia de Arnulfo. Ese día me tuve que
enterar de dos asuntos que me pusieron los pies en la tierra como nunca me había
pasado. Lorena llevaba ennoviada con Camilo el nieto de Arnulfo, llevaban casi año y medio.
En la casa no me habían dicho nada por temor a que les armara un escándalo. Ya se
me había hecho raro que no hubiese pasado antes con otro de nuestros familiares.
No había terminado de digerir la noticia, estaba por preguntar si Arnulfo estaba
enterado, ese hubiera sido un buen motivo para que por fin bajara la guardia y de
pronto nos volviéramos a hablar. Eso a él también le debe estar haciendo mucha
falta, y más después de llevar dos años de viudo. La voz de mi nieta me regresó
de mis cavilaciones, para soltarme la otra noticia que me aplastó el corazón. Esa
mañana Arnulfo había fallecido. Una silenciosa pero voraz leucemia se lo llevó
en tres meses. De inmediato me fui en busca de mi nieta, ella me dijo que tenía
que mostrarme algo, que tenía que ver con mi antiguo amigo y vecino de media
vida.
Nos encontramos justo en el hospital en el que lo habían internado desde hacía una semana. Lo que nuestros nietos me tenían era una carta, escrita por Mónica la hija menor de Arnulfo, sentada a su lado escribió lo que él fue dictando, la despedida de su amigo que no había olvidado a pesar de las absurdas consecuencias de nuestra separación, la carta decía:
Siempre recordado Vicente,
Por medio de las manos de mi
hija te escribo, quiero agradecerte por la amistad que me diste, y de paso te pido me
perdones las palabras que te dije el día que discutimos a causa de nuestras
diferencias en el tonto favoritismo político. Reconozco que a los dos se nos fue la mano
con los insultos. En este momento me hubiera gustado tenerte de frente para que
tuviéramos una última charla, quizá una discusión sin tener que llegar a palabras
mayores. Yo habría descansado al reconocer mi equivocación, pero más que nada
reconocer el enorme error de haberme alejado en un amigo tan sincero, temperamental
pero entregado a quienes ha sabido amar. Espero tus sentimientos hacía mí
cambien y así poder ir en paz al lado de mi Margarita. Yo me voy recordando
todos los momentos que desde el colegio compartimos juntos.
Por último, te cuento un secreto. La única vez que voté por un candidato diferente al de tu preferencia fue esa. Lo hice con rabia, sin criterio, pensando en cada momento en las duras palabras que nos dijimos. En los años siguientes, al darme cuenta por cual ibas a votar, le hice fuerza al oponente de tu preferencia solo por llevarte la contraria y que pensaras que definitivamente yo pensaba de manera diferente a la tuya, pero el día de poner la equis, lo hice por el que tú estabas apoyando. Sin mas por decirte, te cuento que por mi parte te perdoné al poco tiempo. Estuve por buscarte, pero no quise enfrentarme a tu orgullo e indiferencia. Me bastaba con espiarte desde la ventana del segundo piso de mi casa, cuando te veía pasar por el frente, mientras escuchaba las bromas de mi Margarita que me decía que parecíamos exnovios negándonos el amor.
PD, te vi escondido en la iglesia
en la misa del entierro de mi Margarita, sabía que no ibas a faltarle, gracias.
Me despido recordando nuestra amistad cariñosamente,
Arnulfo Suaza
La débil firma suya tenía esa
letra que recordaba, se notaba que había sido hecha con mucho esfuerzo, quizás esa
era la última vez que había escrito su nombre. Hice tres pausas al leerla, un
llanto de adolescente me agobió. Al terminarla le pedí a los hijos de
mi amigo que me permitieran verlo en la morgue, para poder agrácele, antes de
que se lo llevaran los funcionarios de la funeraria. Lo pude hacer, me encontré
un cuerpo arrasado por los años. Me transmitió su paz, con dolor le respondí la
carta hablándole a su cuerpo sin vida, al tiempo que estrechaba su mano que por
una extraña razón no sentí fría, estaba tibia después de varias horas, quizá esa fue manera de esperarme para despedirnos. La sujeté con fuerza y cariño, recordando los
viejos tiempos y con el dolor por todas las cosas perdidas a causa de idealismos
de otros que no nos llevan a nada y sí nos defraudaron continuamente, más rápido de lo
que uno logra entender. Hice un par de oraciones por la memoria de Arnulfo y
luego me fui a iniciar mi duelo fraternal en la capilla del Hospital. Odiando
mi terquedad por alejarme de la amistad verdadera, fui un completo huevón. Enemistado por la equis en un tarjetón, toda
nuestra amistad se quebró a causa de esas diferencias frente a dos candidatos
que hoy están y mañana se van. Y lo nuestro llegó al odio, cuando fue muy cierto entender que los de la
foto en los tarjetones jamás se enteraron de nuestra existencia.